El oeste de Costa de Marfil rompe con la imagen de sabana y de costa: aquí el terreno se pliega en montañas verdes, la prolongación de los macizos que se elevan hacia Guinea y Liberia. Es la región más húmeda y accidentada del país, de cascadas, selva de altura y aldeas encaramadas en las laderas.
Estas montañas son el hogar del pueblo dan, también llamado yacouba, uno de los pueblos kru de la floresta. Los dan son mundialmente célebres por su arte: sus máscaras rituales, de rostros lisos y expresivos, están entre las más apreciadas del arte africano y cumplían funciones sociales, judiciales y espirituales. Sus danzas de máscaras, incluido el asombroso acróbata que baila sobre zancos, siguen vivas.
Otra maravilla dan son los puentes colgantes de lianas: pasarelas suspendidas sobre los ríos, tejidas con lianas de la selva según una técnica que la tradición rodea de secreto y de ritual. Montañas, máscaras y puentes de liana hacen del oeste la región más espectacular y culturalmente densa del país.
En el corazón de esta región está Man, capital de la región de Tonkpi y "ciudad de las 18 montañas", así llamada por los picos verdes que la rodean. A unos 570 kilómetros de Abiyán y cerca de las fronteras con Guinea y Liberia, es la gran urbe del oeste y la base para explorar sus paisajes.
Sobre la ciudad se alza su emblema, la Dent de Man ("el diente de Man"), un pico rocoso y afilado de unos 881 metros cuya silueta puntiaguda recuerda un colmillo. Ascenderlo es uno de los treks más emblemáticos del país. No lejos se levanta el monte Tonkoui, el segundo más alto de Costa de Marfil, y por todas partes caen cascadas —como la célebre cascada de Man— entre la selva.
Man es también un centro de la cultura dan: en su entorno se pueden ver las danzas de máscaras y los puentes de lianas, y sus mercados reúnen los productos de las montañas. Ciudad de montañeses y frontera, ofrece la cara más fresca, verde y vertical de un país que se suele imaginar plano y tropical.
Hacia el suroeste, entre las montañas y la frontera con Liberia, se extiende el mayor tesoro natural del país: el Parque Nacional de Taï, unas 536.000 hectáreas que forman el bloque de selva tropical primaria más grande que queda en toda África Occidental. La UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 1982 y reserva de la biosfera.
Taï es un santuario de biodiversidad casi intacto. En su espesura viven chimpancés célebres por usar herramientas —piedras y palos para partir nueces—, un comportamiento estudiado por los científicos durante décadas; el raro y esquivo hipopótamo pigmeo; numerosas especies de monos, cefalofos, y una flora y fauna que en muchos casos no existen en ningún otro sitio. Es una ventana a cómo era la selva de la región antes de las plantaciones.
Justamente ahí está la amenaza. La expansión del cacao y la agricultura devoró casi toda la selva original del sur y el oeste marfileños, y Taï resiste como un island rodeado de presión: caza furtiva, tala y avance de los cultivos. Conservarlo es una prioridad ambiental de primer orden, no solo para Costa de Marfil sino para todo el planeta.
El oeste montañoso es también una tierra de fronteras y de tensiones. Su clima húmedo lo convirtió en la gran frontera de expansión del cacao en las últimas décadas: aquí llegaron oleadas de plantadores y de trabajadores de otras regiones y de países vecinos, lo que multiplicó la riqueza pero también la competencia por la tierra y la deforestación.
Esa mezcla de poblaciones, sumada a la cercanía de la convulsa Liberia, hizo del oeste uno de los focos más violentos de la guerra civil. Durante el conflicto de 2002-2011 operaron aquí grupos rebeldes surgidos del "gran oeste", cruzaron combatientes y refugiados por la frontera liberiana, y se produjeron algunos de los episodios más sangrientos, como la matanza de Duékoué en 2011.
Hoy la región intenta cicatrizar esas heridas y equilibrar el auge del cacao con la conservación de sus montañas y su selva. Belleza natural extraordinaria y memoria de conflicto conviven en el oeste, la Costa de Marfil más verde y, durante años, también la más golpeada.