El nombre de Pointe-Noire nace del mar y de los navegantes portugueses. A finales del siglo XV, cuando las carabelas portuguesas —tras la expedición de Diogo Cão, que alcanzó la desembocadura del río Congo en 1482-1484— exploraban esta costa de África central, avistaron en un promontorio un bloque de rocas negras que destacaba en el litoral. Lo llamaron 'Ponta Negra' (Punta Negra), y ese punto se convirtió en una referencia marítima para los barcos que navegaban la costa atlántica. De ahí derivaría el nombre francés Pointe-Noire.
Estas tierras costeras pertenecían al ámbito del reino de Loango, un Estado costero del pueblo vili que floreció entre los siglos XVI y XVIII al norte de la desembocadura del Congo. Loango era conocido por su comercio de marfil, cobre, tejidos de rafia y, por desgracia, también por su implicación en el comercio atlántico de esclavos, en el que participaron europeos de varias naciones. La costa donde hoy se levanta Pointe-Noire era, pues, un espacio de contacto entre África y el mundo atlántico desde hacía siglos.
Durante mucho tiempo, sin embargo, el lugar fue poco más que un punto de referencia costero y, más tarde, una modesta aldea de pescadores vili. Habría que esperar a finales del siglo XIX y, sobre todo, al XX, para que la 'punta negra' se transformara en una gran ciudad.
El asentamiento propiamente dicho empezó a tomar forma en 1883, cuando los franceses firmaron un tratado con las poblaciones locales de la zona de Loango y se estableció una pequeña aldea de pescadores en la punta. Era el tiempo del 'reparto de África', en el que Francia consolidaba su presencia en la región que se convertiría en el Congo francés. La costa quedó integrada en la esfera colonial francesa, aunque Pointe-Noire seguía siendo un lugar menor frente a otros puntos de la costa y del interior.
Durante las primeras décadas coloniales, la actividad y la administración se concentraban más en el interior y en localidades históricas de la región de Loango. Pointe-Noire era todavía una aldea, sin la importancia que luego alcanzaría. Su destino cambiaría de forma radical con una gran obra de ingeniería que buscaba resolver un viejo problema: cómo sacar al mar las riquezas del inmenso interior del Congo, aislado por los rápidos infranqueables del gran río.
La solución fue construir un ferrocarril desde Brazzaville hasta la costa, y elegir un punto del litoral para instalar su terminal y un gran puerto. Ese punto sería Pointe-Noire, cuya bahía y condiciones se consideraron idóneas. Así, la modesta aldea de pescadores estaba a punto de convertirse en una de las ciudades más importantes de África central.
La Pointe-Noire moderna nació con el ferrocarril Congo-Océano (CFCO). La construcción del ferrocarril comenzó en 1921, y el 22 de mayo de 1922 se considera la fecha de fundación de la ciudad, ligada a la instalación de la terminal ferroviaria. En 1923 Pointe-Noire fue elegida como terminal occidental del CFCO, y en 1934 el gobernador Raphaël Antonetti inauguró oficialmente el ferrocarril, que unía la costa con Brazzaville sorteando los rápidos del río Congo a través de los difíciles montes del Mayombe.
La construcción del CFCO fue una obra titánica y trágica, levantada con trabajo forzado de decenas de miles de africanos reclutados en toda el África Ecuatorial Francesa, con una enorme mortandad por las enfermedades, los accidentes y las durísimas condiciones, sobre todo en el Mayombe. Pero transformó por completo la costa: Pointe-Noire creció a gran velocidad como terminal del ferrocarril y como puerto. En 1942, el puerto recibió su primer barco y se convirtió en la salida marítima del África Ecuatorial Francesa.
El impulso fue imparable. En 1950, Pointe-Noire tenía ya unos 20.000 habitantes y fue nombrada capital del Congo Medio (Moyen-Congo), mientras Brazzaville era la capital de toda la federación. De aldea de pescadores, la 'punta negra' había pasado a ser una ciudad portuaria clave, motor del comercio y las comunicaciones de la región.
Tras la independencia del Congo en 1960, Pointe-Noire consolidó su papel como gran puerto y centro económico del país. Pero el factor que la catapultó definitivamente fue el petróleo. A partir de los años sesenta y setenta se descubrieron y explotaron importantes yacimientos de crudo en el litoral y en el mar frente a la costa congoleña, y Pointe-Noire se convirtió en la capital petrolera del país, sede de compañías internacionales, base logística de la industria y motor de la economía nacional.
El auge del petróleo atrajo a Pointe-Noire a una numerosa comunidad internacional y a trabajadores de todo el país y de la región, y transformó la ciudad en una urbe cosmopolita, comercial y de fuerte crecimiento. El puerto autónomo se amplió y modernizó, y por él pasaron a salir el crudo, la madera y otros productos. La ciudad vivió el contraste típico de las economías petroleras: riqueza y modernidad junto a barrios populares y grandes desigualdades.
A diferencia de Brazzaville, Pointe-Noire quedó relativamente al margen de lo peor de las guerras civiles de los años noventa, lo que reforzó aún más su papel como refugio económico y motor del país. Su población creció hasta superar el millón de habitantes, y en el censo de 2023 rondaba ya el millón y medio, consolidándola como la segunda ciudad del Congo.
Hoy, Pointe-Noire es la capital económica de la República del Congo: una ciudad portuaria, petrolera y cosmopolita de más de 1,4 millones de habitantes, con una energía comercial y una vida cultural que la distinguen de la más pausada Brazzaville. Su puerto sigue siendo uno de los más importantes de la costa de África central, y la industria del petróleo continúa marcando su economía, con los altibajos propios de los precios del crudo.
Más allá de la economía, Pointe-Noire conserva su identidad costera y su herencia cultural vili, ligada al antiguo reino de Loango, que se mantiene viva en la lengua, las tradiciones y el museo Ma-Loango de la vecina Diosso. La Côte Sauvage, con sus playas y atardeceres, es el corazón lúdico de la ciudad, y las gargantas de Diosso, al norte, uno de sus grandes atractivos naturales. La gastronomía marina, la música y la vida nocturna completan el carácter vital de la urbe.
De 'Ponta Negra', el promontorio de rocas negras avistado por los portugueses, a aldea de pescadores, terminal del ferrocarril, gran puerto y capital petrolera, la historia de Pointe-Noire es la de una ciudad hecha por el mar y por el ferrocarril. Abierta al Atlántico y al mundo, es la cara cosmopolita y costera de un país que guarda, entre el río, la sabana y la selva, algunos de los secretos mejor guardados de África.