La historia natural de Conkouati-Douli empieza con su geografía excepcional. En el extremo suroeste del Congo, junto a la frontera con Gabón, se da un fenómeno raro en África: la gran selva de la cuenca del Congo, que se extiende por millones de kilómetros cuadrados tierra adentro, desciende aquí hasta el mismísimo océano Atlántico. En pocos kilómetros se suceden playas, lagunas costeras, manglares, sabanas, la montaña de selva del macizo del Mayombe y el mar.
Esta variedad de ambientes convirtió a la región en un refugio de biodiversidad único. Los mismos bosques que albergan gorilas, chimpancés y elefantes de bosque limitan con humedales donde viven manatíes e hipopótamos, y con playas donde anidan tortugas marinas gigantes y frente a las que pasan las ballenas jorobadas. Más de 700 especies de vertebrados conviven en este mosaico, algo casi sin igual en el continente.
Durante siglos, esta costa estuvo habitada por pueblos como los vili, ligados al mar y a la pesca, y fue parte del ámbito del antiguo reino de Loango, que dominó el comercio de la costa. La riqueza natural de la zona, sin embargo, tardaría en traducirse en protección formal.
Uno de los capítulos más singulares de la historia de Conkouati comenzó a finales de los años 80 y comienzos de los 90, antes incluso de que existiera el parque nacional. En las islas y zonas protegidas de la laguna de Conkouati, la ONG HELP Congo (Habitat Écologique et Liberté des Primates) puso en marcha un proyecto pionero: rehabilitar chimpancés huérfanos, rescatados del tráfico ilegal de mascotas y de carne de monte, para intentar devolverlos a la vida salvaje.
La reintroducción de chimpancés es un proceso larguísimo y delicado: hay que criarlos, socializarlos en grupos, enseñarles a alimentarse en el bosque y liberarlos poco a poco en un entorno seguro, vigilando su adaptación durante años. HELP Congo se convirtió en uno de los proyectos de referencia mundial en este campo, y las islas de la laguna, con su aislamiento natural, resultaron ideales para las etapas de semilibertad.
Este trabajo dio a Conkouati una dimensión especial: la de un lugar donde no solo se protege la fauna existente, sino que se repara activamente el daño del tráfico ilegal, reintroduciendo simios en la naturaleza. El proyecto sigue siendo hoy uno de los grandes atractivos y símbolos del parque.
La protección formal de la región culminó el 14 de agosto de 1999, cuando un decreto presidencial creó el Parque Nacional de Conkouati-Douli, elevando y ampliando la protección de una antigua reserva de fauna que ya existía en la costa del Kouilou. El nuevo parque abarcaba más de 5.000 km² e integraba en un solo espacio protegido los distintos ambientes: el mar y las playas, las lagunas y manglares, la sabana costera y la selva de montaña.
La gestión inicial se llevó a cabo en colaboración con la Wildlife Conservation Society (WCS) y el Estado congoleño, con el objetivo de frenar la caza furtiva, la pesca ilegal y el saqueo de nidos de tortuga, y de proteger a las especies emblemáticas del parque. Conkouati fue reconocido además como sitio Ramsar de importancia internacional por el valor de sus humedales, y sus playas se identificaron como uno de los lugares más importantes del mundo para la anidación de la tortuga laúd, la mayor tortuga del planeta.
La creación del parque puso a Conkouati en el mapa de la conservación africana, aunque los desafíos —la lejanía, la falta de medios, las presiones sobre los recursos— seguían siendo enormes en una de las zonas más ricas pero también más frágiles del país.
En abril de 2021, la conservación de Conkouati-Douli entró en una nueva etapa. La ONG francesa Noé firmó con el Gobierno de la República del Congo un acuerdo de colaboración de veinte años para gestionar el parque, tomando el relevo en la administración de esta 'joya de la costa de África central', como la define la propia organización. El objetivo: reforzar la vigilancia, restaurar la fauna y desarrollar un ecoturismo responsable que dé valor al parque vivo.
Bajo la gestión de Noé se intensificaron la lucha antifurtivos, la protección de las tortugas marinas y de los manatíes, el trabajo con las comunidades locales y los primeros pasos de una oferta turística todavía incipiente: observación de tortugas, recorridos por las lagunas, visitas al santuario de chimpancés. Todo ello en un contexto difícil, marcado por la lejanía y por amenazas nuevas.
Entre esas amenazas destaca la presión de la exploración petrolera y de otros usos del suelo sobre un parque tan valioso: la posibilidad de explotar hidrocarburos en zonas del área protegida ha generado alarma entre los conservacionistas, que advierten del riesgo para uno de los ecosistemas costeros más importantes de África. La historia reciente de Conkouati es, en buena medida, la de este pulso entre conservación y explotación.
Hoy Conkouati-Douli es a la vez uno de los parques más ricos y menos conocidos del Congo. Su combinación de selva y mar, su fauna extraordinaria, sus playas de tortugas y su santuario de chimpancés lo convierten en un destino de un potencial enorme para el ecoturismo de naturaleza, todavía por desarrollar plenamente. Para el viajero aventurero que llega hasta aquí, ofrece experiencias que no se encuentran en ningún otro lugar del país.
Los desafíos de futuro son grandes: consolidar la protección frente a la caza furtiva y la pesca ilegal, conjurar la amenaza de la explotación petrolera, garantizar que las comunidades locales se beneficien del parque y construir una oferta turística sostenible que financie la conservación. El trabajo de la ONG Noé, junto al Estado y las comunidades, apunta en esa dirección.
De la costa del reino de Loango a los chimpancés de HELP Congo, del decreto de 1999 a la gestión de Noé, la historia de Conkouati-Douli es la de un tesoro natural único —el lugar donde la selva del Congo se asoma al Atlántico— que el mundo apenas empieza a conocer y que merece toda la protección posible.