La historia de Dolisie es inseparable de la del ferrocarril Congo-Océano (CFCO). A comienzos del siglo XX, la administración colonial francesa del África Ecuatorial Francesa decidió construir una gran línea férrea que uniera Brazzaville, sobre el río Congo, con un nuevo puerto en el Atlántico —el futuro Pointe-Noire—, para dar salida al comercio del interior sin depender del difícil curso bajo del río Congo, lleno de rápidos.
La obra, emprendida en los años 1920 y 1930, fue una de las más duras y trágicas de la época colonial en África. El trazado tenía que cruzar las mesetas Batéké y, sobre todo, el macizo del Mayombe, un tramo de selva y montaña infernal. Decenas de miles de trabajadores africanos, reclutados a menudo por la fuerza en todo el territorio, murieron por las enfermedades, el agotamiento y los accidentes. El CFCO quedó grabado en la memoria como un símbolo del enorme costo humano del colonialismo.
En el valle del Niari, a mitad de camino de la línea, surgió un campamento y una estación que se convertirían en el germen de una ciudad. Así, en torno a los rieles, nació Dolisie.
Dolisie fue fundada oficialmente en 1934 como un pueblo del ferrocarril, en el punto donde la línea del CFCO atravesaba el fértil valle del Niari. Recibió su nombre en honor a Albert Dolisie, un lugarteniente y colaborador del célebre explorador Pierre Savorgnan de Brazza, la figura que dio nombre a Brazzaville y que fue clave en la penetración francesa en la región. Bautizar la ciudad con su nombre reflejaba el momento colonial en que nació.
Su posición era estratégica: a mitad de camino entre las dos grandes ciudades del país y en el corazón de una región agrícola rica, Dolisie se desarrolló rápidamente como nudo de comunicaciones y centro de comercio. La estación de tren era el corazón de la vida local, por donde pasaban las mercancías —madera, productos agrícolas— y los viajeros que recorrían el eje Brazzaville–Pointe-Noire.
La ciudad creció con una población diversa, mezcla de gentes de la región del Niari, trabajadores del ferrocarril y comerciantes, adquiriendo desde temprano ese carácter de encrucijada tranquila y de ciudad de servicios que conserva hasta hoy.
Tras la independencia de la República del Congo en 1960, el país vivió décadas de intensos cambios políticos, con un giro hacia el socialismo y una política de 'autenticidad' que buscaba borrar los nombres coloniales del mapa. En ese contexto, en 1975 la ciudad de Dolisie fue rebautizada como Loubomo, un topónimo local, en un gesto de afirmación nacional que rechazaba el nombre del lugarteniente colonial francés.
Durante unos quince años la ciudad se llamó oficialmente Loubomo. Pero los nombres de las ciudades tienen raíces profundas en la memoria de la gente, y con el cambio de rumbo político del país a comienzos de los años 90 —el fin del periodo marxista y la apertura democrática— se recuperaron muchos nombres antiguos. En 1991, la ciudad volvió a llamarse Dolisie, su nombre original y el que sigue usando hoy.
Este vaivén de nombres —Dolisie, Loubomo, Dolisie— es un pequeño espejo de la historia política del Congo en la segunda mitad del siglo XX: de la colonia a la independencia, del socialismo revolucionario a la apertura, con la identidad de la ciudad como testigo de cada etapa.
A lo largo de las décadas, Dolisie se consolidó como la tercera ciudad de la República del Congo, por detrás de Brazzaville y Pointe-Noire, y como capital del departamento del Niari. Su economía se apoyó en su papel de nudo ferroviario y de carretera, en el comercio, y en los recursos de su región: la agricultura del fértil valle del Niari y la explotación forestal del sur y del cercano Mayombe.
Como tantas ciudades del Congo, Dolisie sufrió los efectos de las guerras civiles que golpearon al país a finales de los años 90, que dañaron infraestructuras y desplazaron a población. La propia línea del CFCO, vital para la ciudad, se vio afectada por los conflictos y por el deterioro, con un servicio de trenes que se volvió irregular. La recuperación posterior fue lenta.
Aun así, Dolisie mantuvo su condición de centro regional importante y su ambiente característico de ciudad de provincia, tranquila y comercial. En años recientes, las inversiones en carreteras —como la modernización del eje que une las grandes ciudades— han buscado reforzar su papel de encrucijada en el sur del país.
La Dolisie actual es una ciudad de alrededor de 130.000 habitantes, tranquila y acogedora, que conserva su carácter de capital ferroviaria y agrícola del Niari. Su estación de tren, su mercado, sus avenidas arboladas y su ritmo pausado le dan un encanto de ciudad de provincia auténtica, alejada del bullicio de Brazzaville y Pointe-Noire.
Para el viajero, Dolisie es sobre todo una base y una parada valiosa: la puerta natural para explorar el suroeste del país —el bosque del Mayombe, la Reserva de la Biosfera de Dimonika, el valle del Niari— y una escala en el histórico trayecto ferroviario entre la capital y el mar. Es también una ventana al Congo real, el de las ciudades medianas y la vida de provincias, lejos de los circuitos turísticos.
Del campamento del ferrocarril de 1934 a la tercera ciudad del país, pasando por su etapa como Loubomo, la historia de Dolisie es la de una ciudad nacida de los rieles que supo convertirse en un centro regional con vida propia. Conocer su historia ayuda a apreciar mejor esta encrucijada tranquila del sur del Congo, tan ligada a la epopeya del Congo-Océano.