La isla de Anjouan (Ndzuani) tiene una historia urbana antigua y muy rica, marcada por la sucesión de sus capitales. Según la tradición, la primera fue Sima, que ejerció ese papel desde el siglo VIII hasta el XIII; después le siguió Domoni, en la costa este, entre los siglos XIII y XVIII; y finalmente Mutsamudu, en la costa norte, que se convirtió en capital a partir del siglo XVIII y lo sigue siendo hasta hoy. Esta sucesión refleja el desarrollo de la civilización suajili en la isla.
Mutsamudu fue fundada, según la tradición oral, en 1482 por el sultán Mohamed bin Sultan Hassan. Como el resto de las ciudades del archipiélago, nació y creció al calor del comercio del océano Índico: era un puerto suajili donde recalaban los dhows que unían las Comoras con Zanzíbar, la costa de África oriental, Madagascar, Arabia y la India, comerciando especias, esclavos, marfil, telas y otros productos.
Anjouan, la isla más montañosa y verde del archipiélago, resultó especialmente fértil y productiva, y sus sultanes llegaron a tener notable prestigio e influencia. En los siglos XVII y XVIII, Mutsamudu se consolidó como un puerto importante en las rutas del Índico, frecuentado incluso por barcos europeos —británicos, franceses, portugueses— que hacían escala en la isla camino de la India, lo que dejó huella en su historia y su arquitectura.
El monumento más imponente de Mutsamudu es su ciudadela, una fortaleza construida en el siglo XVIII sobre la colina de Sinéjou, que domina la ciudad y el puerto. Se levantó entre 1782 y 1789 con un objetivo muy concreto: defender Mutsamudu de los ataques de los piratas malgaches —sobre todo sakalava y betsimisaraka— que en aquella época asolaban las costas comorenses en busca de botín y, especialmente, de cautivos para venderlos como esclavos en los mercados del Índico.
La ciudad se rodeó además de murallas y puertas defensivas, y la ciudadela se conectó con el casco urbano mediante callejones y escaleras. En sus fortificaciones se conservan cañones tanto franceses como ingleses, reflejo de las alianzas y contactos de los sultanes de Anjouan con las potencias europeas que se disputaban el océano Índico. Aquellas defensas convirtieron a Mutsamudu en una de las plazas fuertes del archipiélago.
En el interior de la medina se levantaron también notables casas-palacio de piedra, símbolo del poder y el refinamiento de la élite anjuanesa. La más célebre es el Ujumbe, una casa señorial suajili del siglo XVIII bien conservada. Se han identificado una docena de grandes casas de piedra en la medina —con nombres como Singani, Mpangahari, Barakani o Stambul—, además de mezquitas y mausoleos, que hacen de Mutsamudu un conjunto excepcional de arquitectura urbana suajili.
Como el resto del archipiélago, Anjouan cayó bajo dominio francés a finales del siglo XIX: Francia estableció su protectorado y luego integró la isla en la colonia de las Comoras. Mutsamudu siguió siendo la principal ciudad y el puerto de referencia de la isla durante el período colonial y tras la independencia de las Comoras en 1975.
Anjouan protagonizó, sin embargo, uno de los episodios más graves de la historia reciente del país. En 1997, en medio de la crónica inestabilidad política y del malestar por el reparto de recursos dentro de la Unión, la isla —junto con Mohéli— declaró unilateralmente su separación de las Comoras e incluso pidió, sin éxito, volver a la administración francesa. La crisis separatista de Anjouan se prolongó durante años y solo se resolvió a comienzos de los años 2000, con una nueva Constitución que dio amplia autonomía a cada isla y estableció una presidencia rotativa de la Unión.
En 2008, una intervención militar de la Unión Africana y del gobierno comorense puso fin a un régimen que se había atrincherado en Anjouan. Estos episodios muestran las tensiones entre las islas y el difícil equilibrio de un país pequeño y disperso. Pese a todo, Mutsamudu mantuvo su papel de capital de la isla y de segunda ciudad del país, conservando su medina y su rico patrimonio histórico.
La Mutsamudu actual es una ciudad de unos 30.000 habitantes, capital de Anjouan y puerto principal de la isla, que conserva intacto el encanto de su medina histórica. Es también la puerta de entrada al interior más verde y montañoso del archipiélago: desde aquí se accede al Mont Ntringui y su parque nacional, a la cascada de Tatinga, a las plantaciones de ylang-ylang de la región de Bambao —base de perfumes legendarios— y a la histórica ciudad amurallada de Domoni.
Anjouan vive de la agricultura de exportación, con el ylang-ylang, el clavo de olor y la vainilla como productos estrella que perfuman literalmente la isla, y de la pesca y las remesas de la diáspora. El turismo es todavía muy incipiente, lo que hace de Mutsamudu un destino auténtico, sin masificación, donde el viajero encuentra hospitalidad y una inmersión genuina en la cultura suajili y musulmana del Índico.
El gran reconocimiento llegó el 25 de julio de 2026, cuando la medina de Mutsamudu fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, junto con las de Domoni, Moroni, Iconi y otras, como parte de los 'Sultanatos Históricos de las Comoras' —cuatro medinas en Gran Comora y dos en Anjouan—. La distinción, aprobada en la 48.ª sesión del Comité del Patrimonio Mundial en Busan (Corea del Sur), reconoce el valor de estas ciudades como testimonio de la arquitectura suajili y de las redes comerciales del océano Índico, y abre la puerta a una mejor preservación de su frágil patrimonio.