Hacia mediados del siglo XVIII, los Utub —una confederación de familias árabes venidas del interior de Arabia, entre ellas los Al Khalifa que hoy reinan en Baréin— fundaron Al Zubarah en la costa noroeste de Catar. Bien situada respecto de los bancos de perlas y de las rutas comerciales del golfo, y declarada puerto libre, la ciudad creció con notable rapidez hasta convertirse en uno de los emporios perleros más ricos de la región, con palacios, mezquitas, un zoco, una doble muralla y el fuerte interior de Murair para proteger los pozos de agua dulce.
Su riqueza también la volvió peligrosa a ojos de sus vecinos. Desde Al Zubarah, los Al Khalifa conquistaron Baréin en 1783, pero las rivalidades del golfo se acumularon hasta que, en 1811, fuerzas del sultanato de Omán atacaron y destruyeron la ciudad. En lugar de ser saqueada o reconstruida encima, Al Zubarah fue cubierta lentamente por la arena del desierto, que la preservó casi intacta durante casi dos siglos.
En 1938, el jeque Abdullah bin Jassim Al Thani mandó construir sobre el sitio un fuerte de arena de aspecto clásico —planta cuadrada, torres redondas— para vigilar la costa noroeste. Ese fuerte, que parece medieval pero es del siglo XX, se convirtió en la imagen más reconocible de Al Zubarah y hoy funciona como centro de visitantes. A partir de fines del siglo XX, arqueólogos cataríes e internacionales excavaron la ciudad enterrada y sacaron a la luz un urbanismo entero: barrios, mercados, defensas.
Ese trabajo culminó en 2013, cuando la UNESCO inscribió el sitio arqueológico de Al Zubarah en la lista del Patrimonio Mundial: es el único bien de Catar reconocido por sí mismo con esa distinción. Para el visitante, caminar entre los cimientos de la ciudad, con el mar cerca y el desierto alrededor, es asomarse al Catar de las perlas, los dhows y los mercaderes, una cápsula del tiempo de la era anterior al petróleo.
En la costa oeste, la península de Zekreet ofrece un paisaje surrealista modelado por millones de años. Sus mesetas de roca caliza y sus célebres 'rocas hongo' se formaron cuando la región era fondo marino, y luego el viento cargado de arena las esculpió; el entorno es hoy, en buena parte, la Reserva Natural de Brouq, hogar del oryx de Arabia. La zona conserva también restos de un fuerte del siglo XVIII, testimonio de la vida costera y perlera anterior al petróleo, y quedó ligada a la industria cuando en la cercana Dukhan se halló crudo en 1939.
En tiempos recientes, Zekreet sumó dos capas insólitas: la Film City, un decorado de aldea árabe tradicional construido para el cine y hoy abandonado como un pueblo fantasma, y, sobre todo, 'East-West/West-East', la obra monumental que el escultor estadounidense Richard Serra instaló en 2014 por encargo de Qatar Museums. Sus cuatro planchas de acero de más de catorce metros, alineadas a lo largo de un kilómetro entre las mesetas, convirtieron un rincón remoto del desierto en un destino del land art de fama mundial.