Ereván es una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo: nació en el año 782 a.C. como la fortaleza urartiana de Erebuni, fundada por el rey Argishti I sobre una colina que domina el valle del Araxes, con el monte Ararat siempre en el horizonte. Durante siglos fue una plaza secundaria bajo persas, árabes, otomanos y rusos, hasta que en 1918, con la Primera República, se convirtió en capital de una Armenia independiente.
El rostro moderno de la ciudad se lo dio el arquitecto Alexander Tamanián, que en los años 1920 y 1930 la rediseñó según un plan radial en torno a la plaza de la República, empleando la toba volcánica local de tonos rosados y rojizos que le valió el apodo de 'la ciudad rosada'. Hoy Ereván es una capital vibrante de cafés, vino, coñac y vida cultural, coronada por la monumental escalinata de la Cascada.
En Ereván se guarda además la memoria de la nación: el Matenadaran custodia miles de manuscritos antiguos, y sobre la colina de Tsitsernakaberd se alza el memorial del genocidio armenio, donde una llama eterna recuerda a las víctimas de 1915. La ciudad concentra buena parte del patrimonio, la energía y la creatividad del país.
A pocos kilómetros de Ereván, en la ciudad de Vagharshapat, se encuentra Echmiadzín, el corazón espiritual del pueblo armenio y sede del catolicós, máximo jerarca de la Iglesia Apostólica Armenia. Su catedral, cuya fundación se remonta a los años 301-303 y se atribuye a San Gregorio el Iluminador, está considerada una de las catedrales cristianas más antiguas del mundo.
El nombre Echmiadzín significa 'el lugar donde descendió el Unigénito', en alusión a una visión en la que Cristo habría señalado a Gregorio el sitio para levantar el templo. El conjunto de la catedral y las iglesias cercanas de Santa Hripsimé y Santa Gayané fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2000.
Para los armenios de todo el mundo, Echmiadzín es lo que Roma para los católicos o La Meca para los musulmanes: el centro de una fe que ha sido, durante diecisiete siglos, el pilar de la identidad nacional. Sus tesoros incluyen reliquias veneradas y una notable colección de arte sacro.
En la provincia de Kotayk, asomado a un espectacular desfiladero de columnas de basalto, se levanta el templo de Garni, el único edificio de estilo grecorromano con columnas que sobrevive en Armenia y en todo el Cáucaso. Fue construido en el siglo I d.C., probablemente bajo el rey Tiridates I, y dedicado a una divinidad solar del panteón pagano armenio, con una elegante columnata de orden jónico.
Cuando Armenia se cristianizó, el templo se salvó de la destrucción, según la tradición, porque se lo usó como residencia de verano de la realeza. Sobrevivió así durante siglos hasta que un terremoto lo derribó en 1679. El monumento que se ve hoy es fruto de una minuciosa reconstrucción realizada por arqueólogos soviéticos entre 1969 y 1975, que recompusieron la estructura con sus piedras originales.
Garni, con su templo clásico suspendido sobre el cañón del río Azat y las formaciones de basalto conocidas como la 'sinfonía de las piedras', es una de las postales más singulares del país y un testimonio del pasado precristiano de Armenia.
A un paso de Garni, encajado entre acantilados, está el monasterio de Guegard, en parte excavado en la roca viva de la montaña. Su nombre completo, Geghardavank, significa 'monasterio de la lanza', en referencia a la reliquia de la Lanza Sagrada que, según la tradición, se conservó allí. Fundado sobre un manantial sagrado y reconstruido en los siglos XII y XIII, con sus capillas e iglesias horadadas en la piedra, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2000.
Más al sur, en la provincia de Ararat y casi pegado a la frontera con Turquía, el monasterio de Jor Virap ocupa uno de los lugares más sagrados de Armenia. Allí, según la tradición, el rey Tiridates III mantuvo preso durante unos trece años a Gregorio el Iluminador en un pozo profundo, antes de convertirse y hacer del país el primer Estado cristiano del mundo. 'Jor Virap' significa precisamente 'pozo profundo'.
El monasterio, con el majestuoso monte Ararat de fondo —hoy en territorio turco pero símbolo eterno de Armenia—, ofrece una de las vistas más emblemáticas del país y un lugar de peregrinación cargado de simbolismo para todo el pueblo armenio.