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Historia de Luanda

Antes de los portugueses: el Reino del Ndongo y la costa del kimbundu

Mucho antes de que existiera la ciudad de Luanda, la costa y las tierras del interior estaban habitadas por pueblos de lengua bantú, sobre todo los ambundu o kimbundu, organizados en jefaturas y reinos. El más importante de la región era el Reino del Ndongo, gobernado por un soberano llamado 'ngola' —de esa palabra derivaría, más tarde, el nombre 'Angola'—. Al norte se extendía el poderoso Reino del Kongo, y ambos dominaban un mundo de aldeas agrícolas, comercio de sal, cobre y tejidos, y rutas que unían la costa atlántica con el interior.

La pequeña isla frente a la futura Luanda, la Ilha do Cabo, tenía ya un papel económico clave antes de la llegada europea: en sus aguas se recogían unas conchas pequeñas llamadas 'nzimbu', que funcionaban como moneda en toda la región del Kongo y el Ndongo. Quien controlaba la isla controlaba, en buena medida, la producción de dinero de la zona, algo que los portugueses entendieron enseguida.

Los navegantes portugueses llegaron a la desembocadura del río Congo en 1483, con la expedición de Diogo Cão, y pronto entablaron relaciones con el Reino del Kongo, cuyo soberano se convirtió al cristianismo. Durante casi un siglo, el comercio y la evangelización se concentraron en el Kongo, más al norte. Pero el interés portugués por el sur, por el Ndongo y su costa, crecía al ritmo de un negocio cada vez más lucrativo y terrible: la trata de esclavos.

1576: la fundación de São Paulo da Assunção de Loanda

En 1571 la Corona portuguesa encargó a Paulo Dias de Novais —nieto del navegante Bartolomeu Dias— la conquista y colonización del Ndongo. Dias de Novais llegó a la costa y, en 1576, fundó en la bahía protegida por la Ilha do Cabo la ciudad de São Paulo da Assunção de Loanda, la futura Luanda. Era el primer asentamiento europeo permanente de la región y estaba destinado a convertirse en la capital de la colonia portuguesa de Angola.

La elección del sitio no fue casual: la bahía ofrecía un puerto natural excelente, la isla controlaba la producción de la moneda-concha 'nzimbu', y desde allí se podía penetrar hacia el interior siguiendo el valle del río Kwanza. Muy pronto se levantaron fortalezas para defender la posición, entre ellas la Fortaleza de São Miguel, sobre la colina que domina la bahía, que sería durante siglos el corazón militar y administrativo de la colonia.

La relación con el Reino del Ndongo se volvió una larga guerra intermitente. Los portugueses avanzaban hacia el interior levantando 'presídios' (fuertes) a lo largo del Kwanza y sometiendo o aliándose con jefaturas locales. Fue en ese contexto de guerra y diplomacia donde surgió una de las figuras más extraordinarias de la historia africana: la reina Njinga (Nzinga) del Ndongo y Matamba, que durante décadas resistió, negoció y combatió contra los portugueses, convirtiéndose en símbolo de la resistencia anticolonial mucho antes de que existiera esa palabra.

El mayor puerto negrero del Atlántico sur

Durante casi tres siglos, la razón de ser de Luanda fue una sola y atroz: la trata de esclavos. La ciudad se convirtió en el principal puerto de embarque de africanos esclavizados de todo el Atlántico sur, y su destino principal era Brasil, la gran colonia portuguesa de América, cuyas plantaciones de azúcar y luego minas de oro devoraban mano de obra esclava. Se calcula que por Luanda y los puertos angoleños pasaron varios millones de personas arrancadas de sus tierras y embarcadas en condiciones inhumanas.

El vínculo entre Luanda y Brasil fue tan estrecho que la economía de la ciudad dependía por completo del otro lado del océano: los comerciantes brasileños financiaban las expediciones, y Angola llegó a ser, en la práctica, una colonia de Brasil más que de la lejana Lisboa. Prueba de ello es que, entre 1641 y 1648, cuando los holandeses ocuparon Luanda, fue una expedición partida de Río de Janeiro, al mando de Salvador Correia de Sá, la que reconquistó la ciudad para Portugal.

En la ciudad quedan hoy huellas de aquel comercio: el Museo Nacional de la Esclavitud ocupa una antigua capilla del siglo XVII, a las afueras, donde según la tradición se bautizaba a los cautivos antes de embarcarlos, porque la Iglesia exigía que fueran cristianos. La abolición legal de la trata llegó recién en el siglo XIX (Portugal la fue prohibiendo entre 1836 y las décadas siguientes), pero el trabajo forzado y sus secuelas se prolongaron mucho más. Aquel pasado esclavista es la cicatriz fundacional de Luanda y de toda Angola.

Capital colonial, lucha anticolonial e independencia

Terminada la era de la esclavitud, Luanda se consolidó como capital de la colonia de Angola y fue creciendo con la economía del café, los diamantes, el sisal y, sobre todo, del petróleo que se descubriría en el siglo XX. La ciudad colonial portuguesa se llenó de edificios art déco, avenidas arboladas y un centro elegante junto a la bahía, mientras a su alrededor crecían los 'musseques', los barrios populares africanos, en condiciones muy desiguales. El régimen colonial portugués, especialmente bajo la dictadura del Estado Novo de Salazar, mantuvo un dominio racialmente jerarquizado y represivo.

A partir de los años cincuenta y sesenta surgieron los movimientos de liberación. El MPLA (Movimiento Popular de Liberación de Angola), el FNLA y luego UNITA se lanzaron a la lucha armada contra el colonialismo portugués, en una guerra que se prolongó desde 1961. El 4 de febrero de 1961 un asalto a las cárceles de Luanda marcó simbólicamente el inicio de la guerra anticolonial, y esa fecha da nombre a una de las grandes avenidas y al viejo aeropuerto de la ciudad.

La Revolución de los Claveles en Portugal, en 1974, precipitó el fin del imperio. El 11 de noviembre de 1975, en Luanda, Angola proclamó su independencia, con Agostinho Neto —médico, poeta y líder del MPLA— como primer presidente. Pero la alegría duró poco: los tres movimientos de liberación, apoyados por potencias enfrentadas en plena Guerra Fría, se lanzaron a una guerra civil que desangraría al país durante 27 años.

Guerra civil, paz y el 'boom' del petróleo

La guerra civil angoleña (1975-2002) fue uno de los conflictos más largos y devastadores de África. Enfrentó sobre todo al MPLA en el gobierno, apoyado por Cuba y la Unión Soviética, con la guerrilla de UNITA de Jonas Savimbi, respaldada por Sudáfrica y Estados Unidos. Luanda, controlada por el MPLA, se llenó de desplazados que huían del campo y de los combates; su población se multiplicó y los 'musseques' se extendieron sin freno alrededor del centro. La ciudad vivió años de escasez, racionamiento y economía de guerra, aun mientras el petróleo del enclave de Cabinda seguía financiando al Estado.

La guerra terminó en 2002, tras la muerte de Savimbi en combate. Con la paz y los altos precios del petróleo, Luanda vivió un espectacular 'boom' económico durante los años dos mil y principios de los diez. Se levantaron torres de oficinas y apartamentos, se remodeló la Marginal de la bahía con un paseo moderno, y la ciudad llegó a encabezar los rankings mundiales de ciudad más cara para expatriados, por los precios desorbitados que pagaban las petroleras. Se la llegó a apodar, con ironía, la 'Dubái africana'.

Pero aquel esplendor convivía con una desigualdad extrema: mientras una élite ligada al poder y al petróleo se enriquecía, la mayoría seguía viviendo en barrios precarios sin servicios básicos. La caída del precio del petróleo a partir de 2014 golpeó con dureza a la ciudad y al país, devaluó el kwanza y frenó la fiebre constructora. Hoy Luanda es una metrópolis enorme y contradictoria de más de ocho millones de habitantes: capital de un país que busca diversificar su economía y abrirse al turismo, con siglos de historia atlántica escritos en sus fortalezas, sus iglesias, su música y la memoria imborrable del puerto de esclavos que la vio nacer.

📚 Bibliografía

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