La historia de Bulawayo empieza lejos de aquí, en la Zululandia del sur de África, en tiempos del gran rey Shaka Zulú. En la década de 1820, en medio de las guerras y convulsiones del 'Mfecane' —el período de violencia y migraciones que remodeló el sur del continente—, un poderoso jefe militar llamado Mzilikazi Khumalo, que había servido bajo Shaka, rompió con él y huyó hacia el norte con sus seguidores. A lo largo de años de migración y guerra, Mzilikazi fue reuniendo pueblos y formando una nueva nación: los ndebele (o matabele).
Tras cruzar el río Limpopo, Mzilikazi y su pueblo se establecieron hacia 1840 en las tierras altas del suroeste de la actual Zimbabwe, una región de buenos pastos y clima sano que se convertiría en Matabeleland. Allí fundó el reino ndebele, un Estado militar poderoso y bien organizado, con un ejército de temibles regimientos ('amabutho') que dominaba la región y cobraba tributo a los pueblos vecinos, incluidos muchos grupos shona del altiplano.
Mzilikazi gobernó con mano firme hasta su muerte, en 1868. Su reino era una de las grandes potencias africanas de la región, con una capital real, un rey con autoridad absoluta y una cultura marcial y ganadera heredada del mundo zulú. La sucesión, tras la muerte del fundador, recaería en uno de sus hijos, Lobengula, quien llevaría a Bulawayo a su apogeo y también a su trágico final.
Lobengula Khumalo accedió al trono ndebele hacia 1870, tras un período de incertidumbre por la sucesión de su padre Mzilikazi. Estableció su kraal real —su capital— en la zona de Bulawayo, primero en un lugar hoy conocido como Old Bulawayo (la vieja Bulawayo) y luego trasladándola. El nombre 'koBulawayo' suele traducirse como 'el lugar de la matanza' o 'del que es perseguido/asesinado', y se cree que alude a las luchas por el poder en el seno de la casa real ndebele, un eco de la sangre derramada en las disputas sucesorias.
La capital de Lobengula era una gran ciudad real africana: un enorme recinto de viviendas y corrales rodeando la residencia del rey, con miles de habitantes, ganado, guerreros y consejeros. Lobengula era un monarca astuto y poderoso, que gobernaba un reino extenso y recibía a cazadores, comerciantes, misioneros y buscadores de concesiones europeos que empezaban a merodear sus tierras atraídos por el oro y por rumores de riquezas. Bulawayo era el centro político de todo Matabeleland.
Pero sobre el reino se cernía una amenaza creciente: la expansión del imperialismo británico desde el sur, encarnada en Cecil Rhodes y su British South Africa Company (BSAC). En 1888, mediante la famosa (y engañosa) Concesión Rudd, los agentes de Rhodes obtuvieron de Lobengula derechos mineros que este nunca creyó estar cediendo en su totalidad. Era el principio del fin de la independencia ndebele.
Las tensiones entre el reino ndebele y la British South Africa Company estallaron en 1893 en la Primera Guerra Matabele. Las columnas armadas de la BSAC, equipadas con ametralladoras Maxim, avanzaron sobre Matabeleland derrotando a los regimientos ndebele en varias batallas sangrientas. Ante el avance enemigo, en noviembre de 1893, el rey Lobengula ordenó incendiar su propia capital, Bulawayo, para que no cayera intacta en manos de los invasores, y huyó hacia el norte. Murió poco después, en 1894, en circunstancias no del todo claras, marcando el fin del reino ndebele independiente.
Sobre las cenizas de la capital real, los colonos europeos fundaron en 1894 la Bulawayo moderna. Cecil Rhodes en persona quiso que la nueva ciudad se levantara justo donde había estado el kraal de Lobengula, como símbolo de la conquista. La ciudad se trazó con las famosas avenidas anchísimas y creció rápidamente. En 1896, los ndebele y los shona se alzaron juntos en la Primera Chimurenga (o Umvukela) contra el dominio de la Compañía, una rebelión reprimida con dureza tras duros combates, en parte en las colinas de Matobo, donde Rhodes negoció la paz con los jefes ndebele.
Como ciudad colonial, Bulawayo prosperó gracias al ferrocarril, que llegó en 1897 y la convirtió en el gran nudo ferroviario e industrial de Rhodesia del Sur. Talleres, fábricas, comercios y almacenes hicieron de ella el motor económico de la colonia durante décadas, con una elegante arquitectura eduardiana y art déco que aún hoy define su centro. Bulawayo era una ciudad pujante, aunque, como toda la Rhodesia colonial, profundamente segregada y desigual.
Bulawayo y todo Matabeleland fueron protagonistas de la larga lucha por la independencia de Zimbabwe. La región era bastión de la ZAPU de Joshua Nkomo, líder ndebele y una de las grandes figuras del nacionalismo africano, cuya guerrilla (ZIPRA) combatió al régimen de minoría blanca de Ian Smith durante la Guerra del Bush de los años setenta. Con la independencia de 1980, sin embargo, la rivalidad entre la ZAPU de Nkomo y la ZANU de Robert Mugabe —de base mayoritariamente shona— derivó en una tragedia.
Entre 1983 y 1987, el gobierno de Mugabe desató en Matabeleland la campaña conocida como Gukurahundi: una brutal represión llevada a cabo sobre todo por la Quinta Brigada del ejército, entrenada por Corea del Norte, contra supuestos 'disidentes' de la ZAPU. Se estima que fueron asesinadas alrededor de 20.000 personas, en su mayoría civiles ndebele, además de detenciones masivas, torturas y hambrunas forzadas. Bulawayo y su región quedaron marcadas para siempre por aquella masacre, que durante décadas fue silenciada oficialmente y que sigue siendo una herida abierta y un reclamo de justicia.
En 1987, el Acuerdo de Unidad fusionó la ZAPU con la ZANU (formando la ZANU-PF) y puso fin a la violencia, pero no cerró las heridas. Bulawayo, además, sufrió en las décadas siguientes el declive industrial y la crisis económica que golpeó a todo Zimbabwe, con el cierre de muchas fábricas y una fuerte emigración. La ciudad conserva un sentimiento de agravio y de identidad ndebele distinto del de la capital, y una memoria histórica que reivindica tanto su glorioso pasado real como el reconocimiento de la tragedia de Gukurahundi.
Hoy Bulawayo es la segunda ciudad de Zimbabwe y una de las más queridas por quienes la conocen: la 'Ciudad de los Reyes', que conserva la memoria del reino ndebele y el encanto de su arquitectura colonial. Sus avenidas anchas, sus edificios eduardianos y art déco, sus parques arbolados y su ritmo pausado le dan un carácter señorial y apacible que contrasta con el bullicio de Harare. Es también la capital cultural del sur, con una fuerte identidad ndebele, música, artes y una notable tradición de festivales y comedia.
La ciudad alberga instituciones de primer nivel, como el Museo de Historia Natural de Zimbabwe —el mejor del país— y el Museo del Ferrocarril, que celebran respectivamente la riqueza natural del país y su epopeya ferroviaria. Y su ubicación la convierte en la puerta de entrada indispensable a algunas de las mayores joyas del país: el Parque Nacional Matobo, con sus paisajes de granito y su arte rupestre milenario, y las Ruinas de Khami, Patrimonio de la Humanidad, capital del reino que sucedió al Gran Zimbabwe.
A pesar de las dificultades económicas que arrastra —el declive industrial, la falta de agua crónica de la región semiárida, la emigración—, Bulawayo mantiene su dignidad, su belleza y su fuerte sentido de comunidad. Del kraal real de Mzilikazi y Lobengula a la ciudad-jardín de hoy, pasando por el auge industrial y la tragedia de Gukurahundi, Bulawayo condensa como pocas la historia profunda y contradictoria de Zimbabwe, y recibe al viajero con una calidez y un encanto que dejan huella.