El parque nace de un río. El Kafue, uno de los mayores afluentes del Zambeze, recorre el centro-oeste de Zambia y da nombre, forma y vida al parque que lleva su nombre. A lo largo de milenios, el río y sus crecidas modelaron un mosaico de ambientes: llanuras inundables que se cubren de agua en la estación húmeda y se secan en la seca, bosques de miombo y mopane, humedales, riberas y lagunas. Esa diversidad de hábitats es la base de la extraordinaria riqueza de fauna del Kafue.
En el norte, el río alimenta las llanuras de Busanga, un vasto humedal estacional; en el centro, serpentea entre bosques; y en el sur, antes de la construcción de la represa, atravesaba las llanuras de Nanzhila rumbo a los famosos 'Kafue Flats', más al este. Toda esta región fue durante siglos hogar de pueblos como los ila, los tonga, los nkoya y los kaonde, que vivían de la pesca, la caza y el pastoreo, y cuyos nombres y tradiciones siguen presentes en la zona.
La combinación de un gran río, llanuras abiertas y bosques hizo de esta región uno de los territorios con más vida silvestre del sur de África, con enormes manadas de antílopes y sus depredadores. Fue precisamente esa riqueza la que, a mediados del siglo XX, llevó a proteger el área como parque nacional.
El Parque Nacional Kafue fue proclamado oficialmente en 1950, lo que lo convierte en el más antiguo de Zambia (entonces la colonia británica de Rhodesia del Norte). Su enorme extensión —unos 22.400 km²— buscaba proteger un territorio salvaje que ya entonces era reconocido por su fauna. La figura clave de esos primeros años fue Norman Carr, uno de los grandes conservacionistas de la historia de África.
Carr, que había trabajado como control de caza, fue nombrado uno de los primeros guardaparques del Kafue y se dedicó a organizar su protección desde cero, en un tiempo en que la idea misma de parque nacional era nueva en la región. Más tarde, Carr se haría célebre en South Luangwa como pionero del safari a pie, la modalidad que hizo famosa a Zambia, pero sus comienzos estuvieron ligados a este parque. Su nombre quedó asociado a la conservación zambiana.
En sus primeras décadas, el Kafue gozó de cierta protección y fama entre los cazadores y viajeros que se aventuraban a la entonces remota Rhodesia del Norte. Se abrieron los primeros caminos y campamentos rudimentarios, y el parque empezó a ser conocido por su diversidad de antílopes y sus grandes felinos. Pero los tiempos difíciles estaban por llegar.
Tras la independencia de Zambia en 1964, y sobre todo desde los años setenta y ochenta, el Kafue —como muchos parques africanos— entró en un largo período de dificultades. La falta de recursos del Estado, la escasa presencia de guardaparques en un territorio tan inmenso y el auge de la caza furtiva golpearon duramente a su fauna. Los elefantes fueron diezmados por los cazadores de marfil, los rinocerontes desaparecieron por completo y muchas otras especies vieron caer sus números.
La construcción de la represa de Itezhi-Tezhi entre 1974 y 1977, en el sur del parque, transformó además el régimen del río Kafue: al regular sus crecidas, alteró las llanuras inundables aguas abajo (los Kafue Flats), afectando a especies dependientes de las inundaciones naturales, como el lechwe de Kafue. El parque, enorme y remoto, se volvió difícil de proteger y quedó relegado frente al ascenso turístico de South Luangwa y el Lower Zambezi.
Durante años, el Kafue fue una especie de gigante dormido: un territorio de un potencial extraordinario pero subvalorado, con infraestructura deteriorada, pocos visitantes y una fauna empobrecida respecto de su antigua abundancia. Muchos temían que su riqueza natural se perdiera para siempre. Sin embargo, la historia daría un giro.
En las últimas décadas, y de forma decidida en los años recientes, el Kafue comenzó a renacer. El gobierno zambiano, a través de su Departamento de Parques Nacionales y Vida Silvestre (DNPW), y diversas organizaciones de conservación pusieron el foco en recuperar el parque. El paso más importante llegó cuando la ONG African Parks —reconocida por rescatar áreas protegidas en crisis en todo el continente— asumió la gestión del Kafue en asociación con el DNPW.
El nuevo manejo trajo inversión en lucha contra la caza furtiva, mejora de caminos y pistas de aterrizaje, monitoreo de fauna y reintroducción de especies. Las poblaciones de animales empezaron a recuperarse, la seguridad mejoró y el parque comenzó a atraer de nuevo a operadores turísticos y viajeros. Las llanuras de Busanga, en particular, se consolidaron como uno de los destinos de safari más deseados de Zambia, con sus leones y su paisaje inigualable.
Este renacer sitúa al Kafue en un momento esperanzador: el parque más grande y antiguo del país recupera poco a poco la abundancia de fauna que tuvo, apostando a un turismo de bajo impacto que financie su conservación y beneficie a las comunidades vecinas. Es un ejemplo de cómo, con voluntad y recursos, un gigante dormido puede volver a la vida.
Hoy el Parque Nacional Kafue es uno de los grandes atractivos emergentes de Zambia y una de las últimas fronteras del safari en África: enorme, diverso y todavía poco visitado para su tamaño. Sus tres grandes sectores —Busanga en el norte, el río Kafue en el centro y el lago de Itezhi-Tezhi con las llanuras de Nanzhila en el sur— ofrecen paisajes y experiencias muy variadas, del mar de hierba dorada a los bosques ribereños y los atardeceres sobre el embalse.
El parque destaca por su fauna: leones, leopardos, una de las mejores poblaciones de guepardo de Zambia, perros salvajes africanos, elefantes y búfalos en recuperación, y una diversidad de antílopes difícil de igualar, con especies buscadas como el sable, el roan y el sitatunga. Sus más de 500 especies de aves lo convierten además en un paraíso para los observadores. Todo ello con muy pocos visitantes, lo que da a cada safari una sensación de exploración auténtica.
De la conservación pionera de Norman Carr en 1950 al abandono de fin de siglo y al renacimiento actual, la historia del Kafue resume el destino de tantos parques africanos: la lucha permanente entre la riqueza natural y las amenazas que la acechan. Para el viajero que se anima a recorrerlo, el Kafue ofrece hoy la oportunidad de conocer un territorio salvaje inmenso justo en el momento en que vuelve a florecer.