El origen de Lusaka es humilde. Antes de la llegada de los europeos, el lugar era una zona de aldeas de los pueblos de habla soli, en una meseta central de clima templado. El nombre de la ciudad deriva del de un jefe local, Lusaaka, cuya aldea se encontraba en los alrededores del actual centro urbano. La región formaba parte del vasto territorio que a finales del siglo XIX quedó bajo el control de la Compañía Británica Sudafricana de Cecil Rhodes.
Lo que transformó el lugar fue, como en tantas ciudades de África austral, el ferrocarril. A comienzos del siglo XX, la línea que subía desde el sur —cruzando el Zambeze por el puente de las cataratas en 1905— llegó a la zona, y hacia 1905 se estableció un pequeño asentamiento junto a las vías. Lusaka nació así como una estación ferroviaria y un punto de aprovisionamiento en medio de la meseta, rodeada de granjas de colonos europeos atraídos por las buenas tierras.
Durante las primeras décadas, Lusaka fue apenas un pueblo pequeño, opacado por la importancia de Livingstone, la capital de Rhodesia del Norte, en el sur del territorio, y por las ciudades mineras del cobre que empezaban a crecer en el norte. Nada hacía prever que aquel modesto empalme ferroviario se convertiría en la capital de un país.
A comienzos de los años treinta, las autoridades británicas de Rhodesia del Norte tomaron una decisión clave: trasladar la capital desde Livingstone, situada en el extremo sur y pegada a la frontera, a un lugar más central y práctico para administrar el vasto territorio. La elegida fue Lusaka, por su posición en el corazón de la meseta, su clima saludable, su altitud y su condición de nudo ferroviario y de carreteras.
En 1935, Lusaka fue proclamada oficialmente capital de Rhodesia del Norte. Se diseñó y construyó una nueva ciudad administrativa, con edificios de gobierno, avenidas amplias y barrios residenciales, siguiendo en parte las ideas urbanísticas de la época (se llegó a hablar de una 'ciudad jardín'). El traslado impulsó el crecimiento de la población y de la actividad económica, aunque la ciudad, como toda la colonia, estaba marcada por la segregación racial entre europeos y africanos.
Durante las décadas siguientes, Lusaka creció como centro del poder colonial. La economía del territorio giraba en torno al cobre del Copperbelt, en el norte, pero era en la capital donde se tomaban las decisiones políticas y administrativas. La ciudad se convirtió también en un foco de la creciente actividad política africana que, tras la Segunda Guerra Mundial, empezaría a reclamar con fuerza el fin del dominio británico.
Tras años de lucha política y de movilización nacionalista, Rhodesia del Norte se independizó del Reino Unido el 24 de octubre de 1964, naciendo así la República de Zambia, con Lusaka como capital. El líder del movimiento independentista, Kenneth Kaunda, se convirtió en el primer presidente del país, cargo que ocuparía durante 27 años. La independencia se logró de forma pacífica, sin la guerra que asoló a otros territorios de la región.
Lusaka pasó a ser el centro político de un país soberano y, bajo el gobierno de Kaunda, sede de un Estado de orientación socialista que nacionalizó buena parte de la economía, sobre todo la minería del cobre. La ciudad creció rápidamente con la llegada de migrantes del campo y de las zonas mineras, y se convirtió en un símbolo de la Zambia moderna e independiente. Kaunda hizo de Lusaka un centro del panafricanismo y de la lucha contra el apartheid y el colonialismo en el sur de África, acogiendo a movimientos de liberación de países vecinos.
Sin embargo, la caída del precio del cobre en los años setenta y ochenta golpeó duramente la economía, y la ciudad sufrió escasez, deuda y estancamiento. El crecimiento urbano acelerado, sin recursos suficientes, generó grandes asentamientos informales (compounds) en la periferia. La Lusaka de fines del siglo XX era una capital de fuertes contrastes, entre los barrios acomodados y los populares.
En 1991, tras años de partido único, Zambia vivió una transición democrática: Kenneth Kaunda aceptó elecciones multipartidistas y fue derrotado por Frederick Chiluba, en un traspaso pacífico del poder que fue celebrado como ejemplo en el continente. El nuevo gobierno abrió la economía, privatizó empresas y reorientó el país hacia el mercado. Lusaka, como capital, fue el escenario de estos cambios políticos y económicos.
En las décadas siguientes, y sobre todo con la recuperación del precio del cobre a partir de los años 2000, la ciudad vivió una nueva etapa de crecimiento y modernización. Surgieron centros comerciales, edificios de oficinas, cadenas hoteleras internacionales, universidades privadas y barrios residenciales nuevos. La clase media urbana creció, y con ella el consumo, los restaurantes, los shoppings y la vida cultural, aunque persistieron —y persisten— la pobreza y la desigualdad en los grandes compounds.
Hoy Lusaka es una metrópolis de varios millones de habitantes, una de las capitales de más rápido crecimiento del sur de África, con los desafíos típicos de ese ritmo: tráfico, expansión desordenada, presión sobre los servicios. Es el corazón político, económico y logístico de Zambia, la puerta de entrada del país y el punto de partida hacia las cataratas y los grandes parques. De aldea junto a las vías a capital de una nación, la historia de Lusaka es, en buena medida, la historia de la Zambia moderna.