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Historia de Moynaq

Un puerto sin mar

Hay una fotografía que resume la historia de Moynaq mejor que cualquier palabra: un barco de pesca, oxidado y roto, apoyado sobre la arena de un desierto que se extiende hasta el horizonte, sin una gota de agua a la vista. Ese barco, hace apenas medio siglo, flotaba. A su alrededor había un mar, el mar de Aral, uno de los lagos más grandes del planeta, y este pueblo del noroeste de Uzbekistán era su puerto más importante, una comunidad que vivía de la pesca y miraba al agua cada mañana.

Hoy el mar está a más de cien kilómetros de distancia, y donde estaba solo queda un desierto de sal llamado Aralkum. Moynaq se convirtió, sin quererlo, en el símbolo mundial de uno de los mayores desastres ambientales causados por el ser humano. Su historia no es la de una guerra ni la de una catástrofe natural: es la de una decisión política que, en pocas décadas, secó un mar entero y arruinó la vida de cientos de miles de personas. Contarla con precisión y sobriedad, sin sensacionalismo, es la mejor forma de honrar lo que aquí ocurrió.

https://en.wikipedia.org/wiki/Mo%CA%BBynoqhttps://en.wikipedia.org/wiki/Aral_Sea

Cuando el Aral estaba vivo

El mar de Aral era, hasta mediados del siglo XX, el cuarto lago del mundo por superficie, con unos 68.000 kilómetros cuadrados, alimentado por dos grandes ríos que bajaban de las montañas de Asia Central: el Amu Daria (el Oxus de los antiguos) por el sur y el Syr Daria por el norte. Sus aguas, ligeramente saladas, albergaban una rica fauna y sostenían una próspera industria pesquera en sus dos orillas, la kazaja y la uzbeka.

Moynaq, en la orilla sur, fue durante la primera mitad del siglo XX el gran centro pesquero de Karakalpakia. Su flota capturaba grandes cantidades de pescado —se habla de decenas de miles de toneladas al año en los mejores tiempos— y su fábrica conservera, una de las mayores de la región, enlataba pescado que se distribuía por toda la Unión Soviética; en los años de la Segunda Guerra Mundial, el pescado del Aral llegó a ser un recurso importante para el país. La ciudad tenía puerto, astilleros, miles de trabajadores y una vida ligada por completo al mar: gaviotas, olas, humedad, playas.

Era una comunidad modesta pero viva y con futuro. Nada hacía prever que, en una sola generación, todo ese mundo iba a desaparecer, no por un cataclismo repentino, sino por un proceso lento, anunciado y evitable.

https://en.wikipedia.org/wiki/Aral_Seahttps://en.wikipedia.org/wiki/Mo%CA%BBynoqhttps://www.un.org/en/chronicle/article/dry-tears-aral

El oro blanco y el desvío de los ríos

El origen del desastre fue una decisión de planificación económica. A partir de los años cincuenta y sesenta, el gobierno soviético se propuso convertir Asia Central en la gran plantación de algodón de la URSS, el 'oro blanco' que necesitaba para su industria textil y sus exportaciones. El algodón, sin embargo, es un cultivo extraordinariamente sediento, y las tierras de Asia Central son áridas. Para regar millones de hectáreas de nuevos campos, la Unión Soviética construyó una gigantesca red de canales que desviaba el agua de los dos ríos que alimentaban el Aral: el Amu Daria y el Syr Daria.

El más famoso de esos canales, el de Karakum, sangraba enormes cantidades de agua del Amu Daria, buena parte de la cual se perdía por filtración y evaporación en canales de tierra mal construidos. El resultado fue que, cada vez, menos agua de los ríos llegaba al mar. Y un lago que no recibe agua, en un clima donde la evaporación es intensa, no puede sino encogerse.

Los técnicos soviéticos conocían el riesgo. De hecho, algunos consideraban la desaparición del Aral como un precio 'aceptable' a cambio de la producción de algodón, e incluso hubo quien sostuvo que el mar era un 'error de la naturaleza'. La producción de algodón se disparó —Asia Central llegó a ser uno de los mayores productores del mundo—, pero a un costo que se empezaría a pagar muy pronto y durante generaciones.

https://earth.org/the-aral-sea-catastrophe-understanding-onehttps://caspianpolicy.org/research/energy-and-economy-prograhttps://en.wikipedia.org/wiki/Aral_Sea

El colapso: un mar que se retira

El mar de Aral empezó a menguar de forma perceptible en los años sesenta, y a partir de entonces el retroceso se aceleró década tras década. La línea de costa se alejó de Moynaq lentamente al principio, luego sin freno: primero unos kilómetros, después decenas, hasta situarse hoy a más de cien kilómetros del antiguo puerto. Los pescadores intentaron seguir al agua, dragando canales para que los barcos pudieran salir, pero fue una batalla perdida. Hacia los años ochenta, la pesca en Moynaq había desaparecido por completo.

Las cifras del desastre son abrumadoras. El Aral perdió más del 90 % de su volumen y una proporción enorme de su superficie; se dividió en varias masas de agua separadas, y lo que quedó se volvió tan salado que la mayoría de las especies de peces murieron. Se calcula que entre 40.000 y 60.000 personas perdieron su medio de vida ligado a la pesca en la región. Moynaq, que había llegado a tener decenas de miles de habitantes, se despobló: muchas familias emigraron, y las que se quedaron enfrentaron el desempleo y la miseria.

Pero el daño fue mucho más allá de la economía. El lecho seco del mar, cubierto de sal y de residuos de los pesticidas y fertilizantes arrastrados por los ríos durante décadas, se convirtió en una fuente de tormentas de polvo tóxico que el viento esparce sobre la región. La desaparición del mar alteró el clima local, haciendo los veranos más calurosos y los inviernos más fríos. Las tasas de enfermedades respiratorias, renales y de otros tipos se dispararon entre la población, y la mortalidad infantil aumentó. El desastre ambiental se convirtió en un desastre de salud pública de dimensiones enormes.

https://earth.org/the-aral-sea-catastrophe-understanding-onehttps://en.wikipedia.org/wiki/Aral_Seahttps://p-crc.org/2019/10/07/the-aral-sea-crisis/

Memoria, esperanza y el Moynaq de hoy

Tras la independencia de Uzbekistán en 1991, el desastre del Aral quedó como una herencia difícil, en gran medida irreversible. Recuperar el mar entero es imposible: haría falta devolverle un caudal de agua que la región, todavía dependiente del algodón y con una población creciente, no puede permitirse. Aun así, se han hecho esfuerzos importantes. En la parte kazaja del norte, la construcción de la presa de Kokaral, con apoyo del Banco Mundial, logró estabilizar y recuperar parcialmente el llamado Aral del Norte (o Pequeño Aral): el agua volvió a subir, la salinidad bajó y la pesca reapareció en algunos pueblos, un caso de éxito real aunque limitado.

En la parte uzbeka, mucho más afectada, la situación es más sombría. Allí el trabajo se concentra en mitigar los daños: sobre todo, plantar arbustos resistentes como el saxaul sobre millones de hectáreas del lecho seco para fijar el suelo y frenar las tormentas de polvo salino que perjudican la salud de la población. También se exploran el turismo y nuevos usos económicos de la zona.

Moynaq, mientras tanto, intenta reinventarse. Su cementerio de barcos, lejos de ser demolido, se ha convertido en un lugar de memoria y en un atractivo turístico que trae visitantes de todo el mundo; el museo local preserva la memoria del mar perdido; y desde 2018 el pueblo acoge Stihia, un festival de música electrónica que reúne a miles de personas junto a los barcos varados, buscando dar visibilidad y algo de vida a la zona. Son gestos pequeños frente a la magnitud de la catástrofe, pero importantes. Visitar Moynaq es asomarse a una advertencia grabada en la tierra: la de lo que ocurre cuando se trata a la naturaleza como un recurso ilimitado. Y es también un homenaje silencioso a una comunidad que perdió su mar y sigue, tercamente, en pie.

https://www.nationalgeographic.com/environment/article/aral-https://uz.kursiv.media/en/2025-08-29/the-aral-sea-in-2025-fhttps://en.wikipedia.org/wiki/Mo%CA%BBynoq

📚 Bibliografía

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