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Historia de Margilan

La ciudad donde nace la seda de la Ruta

Hay ciudades que se recuerdan por sus palacios y otras por lo que hacen sus manos. Margilán pertenece a las segundas. En este rincón del valle de Fergana, en el extremo oriental de Uzbekistán, no hay una plaza monumental que quite el aliento como el Registán de Samarcanda; hay algo más silencioso y más antiguo: telares de madera que crujen, madejas de hilo colgando al sol, cubas humeantes de tinte natural y el rumor de un oficio que se transmite de padres a hijos desde hace dos mil años. Margilán es la capital histórica de la seda uzbeka, y su historia es, en el fondo, la historia de un hilo.

La leyenda local, como suele pasar en Asia Central, vincula la fundación de la ciudad al paso de Alejandro Magno en el siglo IV a.C., a quien habrían ofrecido pollo (murgh) y pan (nan), de donde saldría el nombre 'Margilán'. Es una etimología pintoresca y probablemente falsa, pero revela la antigüedad que la ciudad se atribuye a sí misma. Lo que la arqueología y las fuentes sí confirman es que Margilán existía ya en los primeros siglos de nuestra era como un nudo de caravanas en la red de rutas que unía China con Persia y el Mediterráneo: la que mucho después llamaríamos la Ruta de la Seda.

https://en.wikipedia.org/wiki/Margilanhttps://central-asia.guide/uzbekistan/destinations-uz/margil

El valle de Fergana: caballos celestiales y caravanas

Para entender Margilán hay que mirar el valle que la rodea. El valle de Fergana es una gran hondonada fértil, regada por el río Syr Daria y sus afluentes y cercada de montañas (el Tian Shan y el Pamir-Alai), un oasis agrícola en medio de las estepas y los desiertos de Asia Central. Esa fertilidad lo convirtió, desde la antigüedad, en un lugar codiciado y en un cruce de caminos.

En el siglo II a.C., cuando el enviado chino Zhang Qian llegó a la región, quedó deslumbrado por los caballos del valle, animales altos y poderosos que sudaban 'sangre' (por un parásito) y que los chinos llamaron 'caballos celestiales'. El deseo de la corte Han por esos caballos fue uno de los motores que abrió las rutas comerciales hacia Occidente: a cambio de caballos, el valle recibía seda china. Así, Fergana estuvo desde el principio en el corazón del intercambio que dio nombre a la Ruta de la Seda.

Por el valle pasaron sucesivamente los reinos grecobactrianos, el imperio kushán, los sasánidas, los conquistadores árabes que en el siglo VIII trajeron el islam, los samánidas de Bujará, los ejércitos de Gengis Kan en el siglo XIII y el imperio de Tamerlán en el XIV. Cada oleada dejó su huella, pero la vocación del valle, agrícola y artesanal, permaneció. Margilán, en el centro de esa tierra rica, prosperó como ciudad de tejedores y comerciantes, y su seda se hizo famosa en todo el mundo islámico.

https://en.wikipedia.org/wiki/Fergana_Valleyhttps://en.wikipedia.org/wiki/Margilan

El arte del ikat: teñir antes de tejer

La fama de Margilán se sostiene sobre una técnica precisa y difícil: el ikat, que en Uzbekistán da lugar a las telas llamadas adras (mezcla de seda y algodón) y khan-atlas (seda pura), esas telas de colores estallados —rojos, amarillos, verdes, índigos— con dibujos de contornos borrosos, como si se hubieran corrido. Ese efecto no es un defecto ni un capricho estético: es la consecuencia directa de cómo se fabrican.

En el ikat, a diferencia de casi cualquier otra tela estampada, el dibujo se tiñe en los hilos antes de tejer. Los artesanos atan con fuerza secciones de los hilos de la urdimbre para reservarlas, sumergen la madeja en un tinte, desatan y vuelven a atar otras partes, tiñen con otro color, y así sucesivamente. Cuando por fin montan los hilos en el telar y empiezan a tejer, el dibujo va apareciendo poco a poco, y como es imposible alinear con exactitud milimétrica miles de hilos teñidos por separado, los bordes quedan ligeramente difuminados. Ese temblor es la firma del ikat verdadero.

Los tintes tradicionales eran todos naturales: índigo para el azul, granada y cáscara de nuez para los amarillos y marrones, cochinilla y raíz de rubia para los rojos. Todo el proceso —criar el gusano de seda entre moreras, hervir los capullos, hilar, atar, teñir y tejer— podía involucrar a familias enteras y a varios oficios especializados. En 2022 la Unesco inscribió las tecnologías artesanales del atlas y el adras en su lista de Patrimonio Cultural Inmaterial, un reconocimiento que reconoce, precisamente, que en lugares como Margilán ese saber sigue vivo y no se ha convertido en pieza de museo.

https://en.wikipedia.org/wiki/Ikathttps://ich.unesco.org/en/RL/atlas-and-adras-making-traditiohttps://craftnculture.uz/blog/margilan-silk-ikat-weaving-uzb

Del kanato de Kokand a la conquista rusa

Durante buena parte de su historia moderna, Margilán formó parte de los grandes estados del valle. En el siglo XVIII y XIX quedó integrada en el kanato de Kokand, el poder que dominó el valle de Fergana desde su capital homónima. Bajo los kanes, las ciudades del valle vivieron un florecimiento del comercio y la artesanía, y la seda de Margilán viajaba por toda la región y más allá.

Ese mundo se quebró con la expansión del Imperio ruso. A lo largo del siglo XIX, Rusia fue avanzando sobre Asia Central en la rivalidad con Gran Bretaña que los historiadores llamaron el 'Gran Juego'. En 1876, tras años de guerras, revueltas internas y tratados desiguales, el zar abolió el kanato de Kokand y anexó todo el valle, que pasó a ser la provincia de Fergana del Turkestán ruso. Los rusos fundaron una ciudad nueva y administrativa a pocos kilómetros —la actual Fergana, entonces llamada Skobelev y luego Nuevo Margilán— mientras la vieja Margilán seguía siendo el centro artesanal y tradicional.

La llegada rusa trajo el ferrocarril, la industrialización incipiente y una demanda creciente de algodón, que empezó a competir con la seda por la tierra y el agua del valle. Aun así, el tejido de la seda no desapareció: los talleres de Margilán siguieron produciendo adras y atlas para el mercado local y regional, adaptándose a los nuevos tiempos sin perder la técnica.

https://www.britannica.com/place/khanate-of-Kokandhttps://en.wikipedia.org/wiki/Margilanhttps://en.wikipedia.org/wiki/Fergana

La era soviética y el renacer artesanal

El siglo XX transformó otra vez el valle. Bajo el poder soviético, tras la revolución de 1917 y la dura represión del movimiento anticomunista de los basmachí en Fergana durante los años veinte, la economía se colectivizó y se orientó masivamente al cultivo del algodón, el 'oro blanco' que Moscú exigía a Asia Central a costa de un enorme consumo de agua. La producción de seda también se industrializó: en Margilán se levantaron grandes fábricas mecanizadas que producían kilómetros de tela en serie.

En ese contexto de producción masiva, la seda hecha a mano corría el riesgo de desaparecer, arrasada por lo industrial. Que sobreviviera se debe en buena parte a talleres como Yodgorlik, fundado en 1972, que mantuvo vivas las técnicas manuales tradicionales —el hilado, el atado, el teñido con tintes naturales, el telar de madera— en un momento en que casi todo lo demás se hacía a máquina. Fue una decisión que, vista con el tiempo, resultó visionaria.

Con la independencia de Uzbekistán en 1991 y, sobre todo, con el auge del turismo cultural en las últimas décadas, ese saber artesanal se revalorizó. Hoy Margilán se presenta con orgullo como la capital de la seda uzbeka: recibe visitantes de todo el mundo en Yodgorlik y en decenas de talleres familiares, celebra festivales internacionales del atlas y el adras, y ve cómo su ikat vuelve a estar de moda, presente en pasarelas y tiendas de diseño. La ciudad que durante milenios vivió de un hilo sigue viviendo de él, y su vieja habilidad —convertir capullos en telas que parecen cuadros— es hoy, más que nunca, motivo de identidad y de sustento.

https://en.wikipedia.org/wiki/Margilanhttps://www.advantour.com/uzbekistan/margilan/silk-factory.hhttps://ich.unesco.org/en/RL/atlas-and-adras-making-traditio

📚 Bibliografía

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