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Historia de Bujará

El oasis santo: orígenes en la Ruta de la Seda

Hay ciudades que nacen junto a un río o un puerto; Bujará nació de un oasis en el filo del desierto. En el bajo valle del Zeravshan, allí donde el río se pierde antes de llegar al desierto de Kyzylkum, el agua y el regadío permitieron que floreciera, hace más de dos mil años, uno de los asentamientos más antiguos y persistentes de Asia Central. El nombre mismo de Bujará podría derivar, según algunas interpretaciones, de una palabra que significa 'lugar afortunado' o de un término de raíz sánscrita relacionado con los monasterios, porque antes del islam la región conoció el zoroastrismo y también el budismo.

Desde muy pronto, Bujará fue una pieza clave de la Ruta de la Seda, esa red de caminos por los que circulaban la seda china, las especias, los metales, los caballos, las ideas y las religiones entre China, la India, Persia y el Mediterráneo. Los mercaderes sogdianos, el mismo pueblo que dominaba Samarcanda, hicieron de Bujará un emporio comercial y un cruce cosmopolita, donde convivían lenguas, cultos y caravanas de medio mundo.

En el siglo VIII llegaron los ejércitos árabes y con ellos el islam, que echó raíces profundísimas en la ciudad. Bujará se islamizó a fondo y no tardó en convertirse en un centro religioso de primer orden: se la empezó a llamar 'la Noble' (Bukhara-i-sharif) y 'la Cúpula del Islam', y llegó a tener, según las crónicas, cientos de mezquitas y decenas de madrazas. Aquí compiló sus famosas colecciones de hadices el sabio al-Bujari, una de las autoridades más veneradas del islam suní. La ciudad santa del desierto empezaba a forjar su leyenda.

Wikipedia (EN) — «Bukhara»: https://en.wikipedia.org/wiki/BuWikipedia (ES) — «Bujará»: https://es.wikipedia.org/wiki/BujUNESCO — Historic Centre of Bukhara: https://whc.unesco.org/

La edad de oro samánida y Avicena

La primera gran edad de oro de Bujará llegó en los siglos IX y X, cuando se convirtió en la capital del imperio samánida, una dinastía persa que gobernó buena parte de Asia Central y del este de Irán. Bajo los samánidas, Bujará fue mucho más que un enclave comercial: fue una de las capitales culturales del mundo islámico, comparada por su brillo con Bagdad. Su corte atrajo a poetas, científicos, médicos, teólogos y filósofos, y su biblioteca era legendaria por su riqueza. Fue la época en que floreció la poesía en persa moderno, con figuras como Rudaki, considerado el padre de esa literatura.

El símbolo perfecto de aquel esplendor es el mausoleo de los Samánidas, construido hacia el año 900: un cubo de ladrillo coronado por una cúpula, de una perfección geométrica y una elegancia tan modernas que cuesta creer que tenga más de mil años. Es uno de los edificios más antiguos y refinados de toda la arquitectura islámica, y sobrevivió milagrosamente porque quedó semienterrado bajo las arenas.

De aquella Bujará culta salió también uno de los mayores genios de la historia de la ciencia y la filosofía: Ibn Sina, conocido en Occidente como Avicena, nacido cerca de la ciudad hacia el año 980. Niño prodigio, Avicena aprovechó precisamente la extraordinaria biblioteca de los samánidas para formarse. Fue médico, filósofo, astrónomo y polímata; su gran obra médica, el Canon de medicina, se estudió durante siglos en las universidades de Europa y del mundo islámico, y su filosofía influyó en pensadores de ambas orillas. Que un sabio de esa talla se formara en Bujará dice mucho de lo que era la ciudad en aquel momento: un faro del conocimiento en el corazón de Asia.

Wikipedia (EN) — «Samanid Empire»: https://en.wikipedia.org/Wikipedia (ES) — «Avicena»: https://es.wikipedia.org/wiki/AvWikipedia (EN) — «Samanid Mausoleum»: https://en.wikipedia.o

El desastre mongol y el renacimiento uzbeko

Como casi todas las grandes ciudades de la región, Bujará vivió su catástrofe en 1220, cuando los ejércitos de Gengis Kan cayeron sobre Asia Central. La ciudad fue tomada, saqueada e incendiada, y buena parte de su población, masacrada o esclavizada. Según la tradición, Gengis Kan entró a caballo en la gran mezquita y proclamó ante los aterrados habitantes que era el castigo de Dios por sus pecados. En medio de aquella destrucción, sin embargo, el gran minarete Kalyan quedó en pie: la leyenda cuenta que el conquistador quedó tan impresionado por su altura y belleza que ordenó no derribarlo.

Bujará resurgió lentamente. Bajo los timúridas, en los siglos XIV y XV, recuperó parte de su importancia, aunque el centro del poder de Timur estaba en Samarcanda. El verdadero renacimiento llegó en el siglo XVI, cuando la dinastía uzbeka de los shaybánidas conquistó la región y convirtió a Bujará en su capital. Fue una nueva edad dorada de construcción: se levantaron muchas de las grandes madrazas, mezquitas y bazares cubiertos que hoy admira el visitante, y la ciudad se llenó de vida religiosa e intelectual. El casco antiguo que hoy conocemos, con su trama de callejones, sus cúpulas comerciales y sus decenas de monumentos, tomó en buena medida su forma en esta época.

De aquel poder nació, con el tiempo, el kanato de Bujará, un estado que dominó buena parte de Asia Central. La ciudad seguía siendo un gran foco del islam suní y un mercado clave, con caravanas que llegaban de Rusia, Persia, la India y China. Pero, encerrada en su ortodoxia religiosa y aislada de los cambios que sacudían el mundo, Bujará empezaba a quedar al margen de la historia, mientras en Europa y Rusia se gestaban las fuerzas que acabarían llamando a sus puertas.

Wikipedia (EN) — «Bukhara»: https://en.wikipedia.org/wiki/BuWikipedia (EN) — «Khanate of Bukhara»: https://en.wikipedia.Wikipedia (EN) — «Kalyan minaret»: https://en.wikipedia.org/

El emirato, los emires crueles y el Gran Juego

A finales del siglo XVIII, una nueva dinastía, la de los manghit, transformó el kanato en el emirato de Bujará, un estado teocrático, conservador y aislado, gobernado por emires de poder absoluto. Fue en esta época cuando la ciudad y su corte adquirieron su fama más oscura entre los viajeros europeos, atraídos y horrorizados a partes iguales por lo que veían. El poder de los emires era despótico, la justicia brutal, y la ciudadela del Ark, el símbolo de ese poder, escondía calabozos temibles, entre ellos el célebre 'pozo de los insectos' o 'de los sapos', una mazmorra infestada donde se arrojaba a los presos.

En el siglo XIX, Bujará quedó atrapada en el llamado Gran Juego, la larga pugna entre el imperio ruso y el imperio británico por la influencia en Asia Central, entre las fronteras de la India británica y el avance de Rusia. La ciudad fue escenario de uno de sus episodios más siniestros: en 1842, el emir Nasrullah Khan mandó ejecutar a dos oficiales británicos, los coroneles Charles Stoddart y Arthur Conolly —a este último se le atribuye haber acuñado la propia expresión 'el Gran Juego'—, que habían sido encarcelados en aquel pozo durante años. Su decapitación, tras terribles penurias, conmocionó a la opinión pública británica y quedó como uno de los símbolos del peligro de aquella diplomacia de espías y aventureros.

El avance ruso resultó imparable. Tras derrotar a las fuerzas del emirato, en 1868 Rusia impuso a Bujará un tratado que lo convertía en protectorado: el emir conservaba su trono y su corte, pero bajo tutela del zar. Así, mientras Samarcanda y Tashkent quedaban plenamente integradas en el Turquestán ruso, Bujará sobrevivió como un curioso estado vasallo, un pedazo de Edad Media islámica funcionando bajo la sombra de un imperio europeo, hasta bien entrado el siglo XX.

Wikipedia (EN) — «Emirate of Bukhara»: https://en.wikipedia.Wikipedia (EN) — «The Great Game»: https://en.wikipedia.org/Wikipedia (EN) — «Charles Stoddart»: https://en.wikipedia.or

1920: la caída del último emir y la era soviética

El fin del viejo mundo llegó con la revolución rusa. Tras la caída del zar y el estallido de la guerra civil, los bolcheviques extendieron su poder por Asia Central. El último emir de Bujará, Alim Khan, intentó resistir y mantener su estado independiente, pero en 1920 el Ejército Rojo, al mando de Mijaíl Frunze, atacó la ciudad. La ciudadela del Ark fue bombardeada y en buena parte destruida, y el emir tuvo que huir; terminó exiliado en Afganistán, donde murió años después. Con él se cerraban más de mil años de emiratos y kanatos: el estado teocrático de Bujará dejaba de existir.

En su lugar se proclamó primero una efímera República Popular Soviética de Bujará, y poco después la región quedó integrada en la Unión Soviética. En 1924, con la reorganización de Asia Central en repúblicas según criterios étnicos, Bujará pasó a formar parte de la nueva República Socialista Soviética de Uzbekistán. El poder soviético transformó radicalmente la vida de la ciudad: cerró madrazas, reprimió la religión, secularizó la sociedad y rellenó la mayoría de los estanques (hauz) del casco antiguo, focos de enfermedades. La antigua ciudad santa del islam se convirtió, sobre el papel, en una ciudad soviética más.

Y sin embargo, paradójicamente, fue también bajo los soviéticos cuando el patrimonio de Bujará empezó a ser estudiado, protegido y restaurado con criterio científico. Arqueólogos y arquitectos rescataron monumentos como el mausoleo samánido, consolidaron minaretes y madrazas, y el casco antiguo, que había escapado a las grandes demoliciones modernizadoras de otras ciudades, se conservó en una integridad extraordinaria. Bujará entró en la segunda mitad del siglo XX como una cápsula del tiempo: una de las pocas ciudades medievales islámicas que habían sobrevivido casi enteras en el mundo.

Wikipedia (EN) — «Emirate of Bukhara»: https://en.wikipedia.Wikipedia (EN) — «Bukharan People's Soviet Republic»: hWikipedia (EN) — «Mohammed Alim Khan»: https://en.wikipedia.

Bujará hoy: una ciudad-museo viva

Con la independencia de Uzbekistán en 1991, Bujará recuperó libremente su identidad musulmana y su papel de gran destino cultural. En 1993, la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad el centro histórico de la ciudad, reconociendo que se trata del ejemplo mejor conservado de una ciudad medieval de Asia Central, con su trama urbana y su conjunto de monumentos prácticamente intactos. Pocas veces se puede caminar por un casco antiguo islámico tan completo y tan auténtico como el de Bujará.

En las últimas décadas, la ciudad se ha volcado en el turismo, con hoteles boutique instalados en madrazas y casas tradicionales restauradas, talleres de artesanía que mantienen vivos oficios de siglos —alfombras, seda, suzanis, cobre, cuchillos—, y una vida nocturna tranquila alrededor de Lyabi-Hauz, con cenas y espectáculos de danza en los patios de las viejas escuelas coránicas. Como en Samarcanda, hay quien advierte del riesgo de que tanto embellecimiento turístico convierta la ciudad en un decorado; pero, por ahora, Bujará conserva una vida propia y un ritmo pausado que muchos viajeros encuentran más entrañable que el de su famosa vecina.

Recorrer Bujará es hacer un viaje por todas sus épocas a la vez. En un mismo paseo se pasa del mausoleo samánida del siglo X al minarete que asombró a Gengis Kan, de las madrazas de los shaybánidas a las cúpulas comerciales de la Ruta de la Seda, de la ciudadela de los emires al palacio kitsch del último de ellos. Y todo entre callejones de adobe donde todavía se oye la llamada a la oración, se ve trabajar a un herrero o a un tejedor, y se toma té a la sombra de una morera junto a un estanque centenario. Por eso Bujará no es solo un catálogo de monumentos: es, quizá, la ciudad de la Ruta de la Seda que más se parece a lo que fue, y una de las experiencias más envolventes que puede ofrecer Asia Central.

UNESCO — Historic Centre of Bukhara: https://whc.unesco.org/Wikipedia (ES) — «Bujará»: https://es.wikipedia.org/wiki/BujWikipedia (EN) — «Bukhara»: https://en.wikipedia.org/wiki/Bu

📚 Bibliografía

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