El nombre Entebbe viene del luganda 'entebe', que significa 'asiento' o 'silla'. La tradición cuenta que en esta península sobre el lago Victoria se sentaba un jefe de Buganda —un funcionario del reino— a impartir justicia y a escuchar los pleitos de la gente. De aquel 'asiento del juez' quedó el nombre del lugar, mucho antes de que hubiera ciudad, aeropuerto o jardines.
La zona formaba parte del reino de Buganda, el poderoso estado africano que dominaba la orilla norte del lago Victoria. La península de Entebbe, con su clima suavizado por el agua, su acceso al lago y su posición estratégica, era un punto conocido y transitado por las canoas y las rutas comerciales bugandesas. El lago Victoria —que los baganda llamaban y llaman Nalubaale— era el gran eje de comunicación, pesca y comercio de toda la región.
Cuando a finales del siglo XIX se intensificó la presencia europea en Buganda, con exploradores, misioneros y agentes coloniales disputándose la influencia sobre la corte del Kabaka, los británicos buscaron un lugar adecuado para instalar su administración. La península de Entebbe, sana, fresca y bien comunicada por el lago, resultó ideal. Así, aquel viejo 'asiento del juez' estaba a punto de convertirse en la capital de todo un protectorado.
En 1893, los británicos eligieron Entebbe como sede de su administración colonial en Uganda, y en 1894, con la declaración del protectorado, la ciudad se convirtió en la capital administrativa del Protectorado de Uganda, un papel que conservaría durante casi siete décadas, hasta la independencia. Mientras Kampala crecía como centro comercial y religioso junto a la corte del Kabaka, Entebbe fue la ciudad del gobierno: aquí estaban la residencia del gobernador, las oficinas coloniales, los tribunales y los grandes edificios oficiales.
Los británicos moldearon Entebbe como una tranquila ciudad-jardín, con avenidas anchas y arboladas, amplios espacios verdes, residencias señoriales y un ambiente pausado y ordenado, muy distinto del bullicio de Kampala. En 1898 fundaron los Jardines Botánicos de Entebbe, a orillas del lago, para aclimatar y estudiar plantas tropicales de todo el imperio; hoy siguen siendo uno de los grandes atractivos de la ciudad. También se instaló aquí un importante centro de investigación agrícola y médica.
Entebbe se benefició además de su posición sobre el lago Victoria, que era una vía de transporte clave: vapores y barcos conectaban los puertos ugandeses, kenianos y tanzanos del lago. Con el tiempo, y sobre todo con la llegada de la aviación, la ciudad sumaría el elemento que la haría mundialmente conocida: un aeropuerto que se convertiría en la puerta aérea del país.
Entebbe desarrolló su aeropuerto desde la primera mitad del siglo XX, aprovechando su ubicación junto al lago —los hidroaviones amaraban en sus aguas— y luego con pistas para aviones convencionales. El Aeropuerto de Entebbe se convirtió en la principal puerta aérea del protectorado y, más tarde, del país independiente, un papel que mantiene hasta hoy como único aeropuerto internacional de Uganda.
El 9 de octubre de 1962, Uganda accedió a la independencia. Con el nuevo país llegó también un reordenamiento: la capital nacional pasó a ser Kampala, la ciudad más grande y dinámica, mientras que Entebbe conservó funciones administrativas, la sede presidencial secundaria (State House) y, sobre todo, el aeropuerto internacional. Así, Entebbe dejó de ser la capital pero siguió siendo estratégica: por su pista entraban y salían jefes de Estado, turistas, mercancías y ayuda.
Las décadas siguientes fueron turbulentas para todo el país, con la caída del orden constitucional, la dictadura de Idi Amin (1971-1979) y años de guerra e inestabilidad. Entebbe, con su aeropuerto, quedó en el centro de algunos de los episodios más dramáticos de esa época, incluido el que la haría famosa en el mundo entero: el secuestro y rescate de rehenes de 1976.
El nombre de Entebbe entró en la historia mundial en julio de 1976. El 27 de junio de ese año, un vuelo de Air France que iba de Tel Aviv a París, con escala en Atenas, fue secuestrado por dos militantes del Frente Popular para la Liberación de Palestina y dos alemanes de un grupo de extrema izquierda. Los secuestradores desviaron el avión, con más de 240 pasajeros, hasta el Aeropuerto de Entebbe, en la Uganda de Idi Amin, cuyo régimen colaboró con ellos. En la vieja terminal separaron a los rehenes judíos e israelíes del resto y liberaron a los demás, exigiendo la liberación de decenas de prisioneros a cambio de las vidas de los retenidos.
En la madrugada del 4 de julio de 1976, Israel ejecutó uno de los operativos de rescate más audaces de la historia militar: la Operación Entebbe (u Operación Thunderbolt). Comandos de las fuerzas especiales israelíes recorrieron en secreto unos 4.000 kilómetros en aviones de transporte, aterrizaron de noche en Entebbe, asaltaron la terminal, abatieron a los secuestradores y a varios soldados ugandeses, y evacuaron a la mayoría de los rehenes de vuelta a Israel en apenas unos noventa minutos.
En la operación murieron los secuestradores, unos veinte soldados ugandeses, tres de los rehenes y el comandante de la unidad israelí, el teniente coronel Yonatan Netanyahu —hermano mayor de Benjamín Netanyahu, futuro primer ministro de Israel—, único militar israelí caído, en cuyo honor la misión se rebautizó luego 'Operación Yonatan'. El rescate tuvo enorme repercusión mundial y dañó gravemente el prestigio de Idi Amin, que en represalia ordenó matar a una anciana rehén hospitalizada en Kampala. La vieja terminal de Entebbe, con las marcas de aquella noche, quedó como testigo silencioso del episodio.
Superados los años oscuros de dictadura y guerra, Entebbe recuperó su calma y su papel de puerta de entrada del país. Su aeropuerto internacional, modernizado y ampliado en las últimas décadas, recibe hoy vuelos de aerolíneas de África, Europa y Medio Oriente, y es el primer contacto de casi todos los viajeros con Uganda. La ciudad se ha desarrollado como un destino tranquilo de llegada y despedida, con hoteles y resorts junto al lago Victoria, jardines y una atmósfera relajada.
Entebbe conserva y valora su patrimonio: los Jardines Botánicos de 1898 siguen siendo un refugio de aves y monos a orillas del lago; el antiguo zoo se transformó en el Centro de Educación de Vida Silvestre de Uganda (UWEC), un moderno centro de rescate y conservación; y en las aguas y humedales cercanos —la isla de chimpancés de Ngamba, el humedal de Mabamba con su célebre picozapato— se concentra buena parte del turismo de naturaleza de la zona.
Hoy Entebbe es, para el viajero, mucho más que un aeropuerto: es un buen lugar para aterrizar cansado del vuelo, aclimatarse con el rumor del lago más grande de África, y también para cerrar el viaje con calma antes de volver a casa. Del 'asiento del juez' de Buganda a la capital colonial, del escenario de un rescate histórico a la serena ciudad-jardín de hoy, Entebbe resume, a su manera tranquila, buena parte de la historia de Uganda.