Viajá con Gus
InicioTurquíaPamukkaleHistoria
Historia · origen · formación

Historia de Pamukkale

El castillo de algodón: cómo la naturaleza esculpió Pamukkale

Antes de que hubiera ciudades, dioses o historia, hubo agua y piedra. Pamukkale es, ante todo, un prodigio geológico, el resultado de un proceso natural que lleva ocurriendo durante cientos de miles de años. Bajo esta región del suroeste de Anatolia, una zona sísmicamente muy activa, el agua de lluvia se filtra a gran profundidad, se calienta con el calor del interior de la tierra y se carga de dióxido de carbono y de minerales, sobre todo de carbonato de calcio, al atravesar rocas calizas.

Esa agua termal, a unos 35 grados, brota luego en la superficie por las fisuras de la ladera de la montaña. Al salir al aire y perder presión, el agua libera el dióxido de carbono y deja precipitar el carbonato de calcio disuelto, que se solidifica formando una roca blanca y porosa llamada travertino. Gota a gota, año tras año, milenio tras milenio, ese depósito mineral ha ido creciendo y esculpiendo las asombrosas terrazas escalonadas, con sus cuencas redondeadas llenas de agua, que dan a Pamukkale su aspecto irreal de cascada congelada o de montaña nevada. De ahí su nombre en turco, Pamukkale, 'castillo de algodón'.

El proceso continúa hoy: el travertino sigue formándose donde corre el agua, y por eso el sitio es tan frágil. Basta con que se desvíe el flujo del agua para que una terraza se seque y pierda su blancura, o que la contaminación ensucie la piedra. Comprender este delicado equilibrio natural es clave para entender por qué Pamukkale hay que cuidarlo tanto. Las mismas aguas termales que crearon este paisaje serían, además, el origen de la ciudad que se construyó sobre él.

Wikipedia (EN) — «Pamukkale»: https://en.wikipedia.org/wiki/Wikipedia (ES) — «Pamukkale»: https://es.wikipedia.org/wiki/UNESCO — Hierapolis-Pamukkale: https://whc.unesco.org/en/lis

Hierápolis: la ciudad sagrada de las aguas curativas

Las extraordinarias aguas termales de Pamukkale no pasaron desapercibidas en la Antigüedad. En el siglo II a.C., los reyes de Pérgamo, la gran potencia helenística de Asia Menor, fundaron sobre las terrazas la ciudad de Hierápolis, cuyo nombre significa 'ciudad sagrada' (por sus templos) o quizás 'ciudad de Hiera' (una legendaria reina amazona). La ciudad nació ligada al culto y, sobre todo, al poder curativo que se atribuía a sus manantiales termales.

Cuando la región pasó a manos de Roma, a partir del siglo II a.C., Hierápolis floreció como uno de los grandes balnearios del mundo antiguo. Enfermos, ancianos y adinerados de todo el Mediterráneo acudían a 'tomar las aguas', convencidos de que los baños termales curaban dolencias de la piel, reumatismos y toda clase de males. La ciudad se llenó de termas, templos, teatros y hoteles para peregrinos, y se hizo rica y cosmopolita. Su enorme necrópolis, con más de mil tumbas, es testimonio de cuánta gente venía aquí en busca de salud... y de cuántos morían en el intento.

Hierápolis tenía también un famoso santuario, el Plutonio, una gruta de la que emanaban gases mortales (dióxido de carbono de origen volcánico) y que se consideraba una entrada al inframundo. Los sacerdotes de Cibeles aprovechaban el fenómeno en sus ritos: hacían entrar animales que caían fulminados, mientras ellos, misteriosamente, salían ilesos, lo que se tenía por un milagro y atraía a los fieles. Escritores antiguos como Estrabón describieron maravillados este 'agujero al Hades'. La ciudad prosperó bajo emperadores como Adriano y Septimio Severo, alcanzando su apogeo en los siglos II y III d.C.

Wikipedia (EN) — «Hierapolis»: https://en.wikipedia.org/wikiWikipedia (EN) — «Ploutonion at Hierapolis»: https://en.wikiWikipedia (ES) — «Hierápolis»: https://es.wikipedia.org/wiki

Del apóstol Felipe a Bizancio: el ocaso de Hierápolis

Hierápolis tuvo desde temprano una importante comunidad judía y, luego, una de las primeras comunidades cristianas de Asia Menor. La tradición cristiana sostiene que el apóstol Felipe, uno de los doce discípulos de Jesús, predicó y sufrió martirio en Hierápolis en el siglo I, junto con miembros de su familia. En su honor se construyó, en lo alto de la ciudad, un gran edificio octogonal conocido como el Martyrium de San Felipe, meta de peregrinación cristiana, y una basílica; las excavaciones recientes han identificado incluso lo que se cree que fue su tumba. Ello convirtió a Hierápolis en un centro religioso cristiano de importancia.

Con el triunfo del cristianismo en el Imperio romano, la ciudad se adaptó a los nuevos tiempos: los templos paganos fueron abandonados o reconvertidos, se levantaron iglesias, y Hierápolis pasó a ser sede de un obispado en el Imperio bizantino. Siguió siendo un lugar concurrido gracias a sus aguas termales, aunque el fervor por los baños fue perdiendo la connotación pagana.

El declive llegó con la inestabilidad de la Antigüedad tardía y, sobre todo, con los terremotos, frecuentes en esta zona sísmica. La ciudad fue dañada y reconstruida varias veces a lo largo de los siglos. Tras pasar a manos de los turcos selyúcidas y otomanos, Hierápolis quedó cada vez más despoblada, hasta que un gran terremoto en el siglo XIV la arruinó definitivamente y fue abandonada. Sus templos, teatros y termas quedaron en silencio sobre las terrazas blancas, mientras el agua termal seguía, imperturbable, esculpiendo el travertino durante los siglos de olvido.

Wikipedia (EN) — «Hierapolis»: https://en.wikipedia.org/wikiWikipedia (EN) — «Philip the Apostle»: https://en.wikipedia.UNESCO — Hierapolis-Pamukkale: https://whc.unesco.org/en/lis

Redescubrimiento, casi destrucción y salvación de Pamukkale

Durante siglos, las terrazas de Pamukkale y las ruinas de Hierápolis permanecieron relativamente ignoradas, conocidas solo por los habitantes de la zona y por algún viajero curioso. Las primeras excavaciones arqueológicas sistemáticas empezaron a finales del siglo XIX con arqueólogos alemanes, y se intensificaron a lo largo del siglo XX, sobre todo con las campañas de equipos italianos que sacaron a la luz buena parte de la ciudad antigua: el teatro, la necrópolis, las calles, el Martyrium de San Felipe.

Pero con la llegada del turismo de masas a mediados del siglo XX, Pamukkale estuvo a punto de morir de éxito. En las décadas de 1960 a 1980 se construyeron hoteles directamente sobre las terrazas de travertino, que extraían agua termal para llenar sus piscinas, robándosela a las terrazas naturales. Los turistas caminaban con zapatos, se ponían cremas y bañaban en las cuencas, y hasta se permitía el paso de bicicletas y motos. El resultado fue desastroso: muchas terrazas se secaron, se agrietaron y se volvieron grises y sucias, perdiendo la blancura que las hacía únicas. La maravilla natural se estaba destruyendo.

La salvación llegó en 1988, cuando la Unesco declaró el conjunto de Hierápolis-Pamukkale Patrimonio de la Humanidad, por su valor tanto natural como cultural. A partir de entonces, las autoridades turcas tomaron medidas drásticas: demolieron los hoteles construidos sobre los travertinos, prohibieron caminar con calzado (hoy es obligatorio ir descalzo), restringieron las zonas por las que se puede transitar e implantaron un sistema de rotación del flujo de agua para ir regenerando las terrazas dañadas. Gracias a ello, Pamukkale recuperó buena parte de su esplendor.

Hoy, el 'castillo de algodón' es uno de los destinos más visitados de Turquía, con millones de viajeros al año que suben descalzos por sus piscinas templadas, se bañan entre las columnas sumergidas de la Piscina de Cleopatra y pasean por las ruinas de Hierápolis. Su historia es también una lección sobre el frágil equilibrio entre el turismo y la conservación: un recordatorio de que las maravillas que nos maravillan pueden perderse si no las cuidamos. Contemplar hoy las terrazas blancas teñidas de rosa al atardecer, sabiendo lo cerca que estuvieron de desaparecer, hace la visita aún más valiosa.

Wikipedia (EN) — «Pamukkale»: https://en.wikipedia.org/wiki/Wikipedia (EN) — «Hierapolis»: https://en.wikipedia.org/wikiUNESCO — Hierapolis-Pamukkale: https://whc.unesco.org/en/lis

📚 Bibliografía

← Volver a la guía de Pamukkale