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Historia de Éfeso

Los orígenes: la diosa madre, los jonios y una maravilla del mundo

Mucho antes de que existiera la Éfeso romana de mármol que hoy visitamos, en este rincón de la costa de Asia Menor se veneraba a una antiquísima diosa madre anatolia, señora de la fertilidad, la naturaleza y los animales. Cuando los colonos griegos jonios llegaron hacia el siglo X a.C. y fundaron la ciudad de Éfeso, identificaron a aquella deidad local con su propia diosa Artemisa, y así nació la Artemisa de Éfeso, una figura peculiar, cubierta de misteriosos bultos ovoides (interpretados como pechos, huevos o testículos de toro, símbolos de fecundidad), muy distinta de la Artemisa cazadora del resto de Grecia.

En honor a esta diosa se levantó el Templo de Artemisa, el Artemisión, que llegó a ser una de las Siete Maravillas del mundo antiguo. Reconstruido varias veces, en su versión más grandiosa (siglo VI a.C.) fue el mayor templo del mundo griego, con más de un centenar de altísimas columnas de mármol. Era tan famoso que atraía peregrinos de todo el Mediterráneo y convirtió a Éfeso en un centro religioso y comercial de primer orden. El escritor Antípatro de Sidón, que elaboró una de las listas de las maravillas, escribió que ante el templo de Éfeso las demás quedaban en la sombra.

La ciudad, situada junto a un excelente puerto natural en la desembocadura del río Caístro, prosperó bajo el dominio del reino de Lidia (el del legendario rey Creso, que contribuyó a la construcción del templo) y luego bajo el Imperio persa. Fue también cuna de mentes brillantes, como el filósofo Heráclito, el del 'todo fluye' y el 'no te bañarás dos veces en el mismo río', uno de los pensadores más influyentes de la Grecia arcaica.

Wikipedia (EN) — «Ephesus»: https://en.wikipedia.org/wiki/EpWikipedia (EN) — «Temple of Artemis»: https://en.wikipedia.oWikipedia (ES) — «Éfeso»: https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%

De Alejandro a Roma: la capital de Asia

Cuando Alejandro Magno barrió el Imperio persa en el siglo IV a.C., Éfeso lo recibió como libertador. La ciudad, sin embargo, tenía un problema crónico: su puerto se cegaba una y otra vez con los sedimentos del río. Tras la muerte de Alejandro, uno de sus generales y sucesores, Lisímaco, tomó una decisión drástica: refundó Éfeso un poco más lejos, en el emplazamiento que hoy visitamos, entre dos colinas, y la dotó de una gran muralla y de un trazado urbano moderno. Cuenta la anécdota que los efesios se resistían a mudarse de sus viejas casas, y que Lisímaco los obligó bloqueando las alcantarillas para inundar la ciudad vieja durante una tormenta. Así nació la Éfeso helenística.

El gran esplendor, no obstante, llegó bajo el dominio de Roma, a partir del siglo II a.C. Éfeso se convirtió en la capital de la provincia romana de Asia, la más rica de Oriente, y en una de las mayores ciudades de todo el Imperio, con una población que algunos estiman en 200.000 o más habitantes en su apogeo, hacia los siglos I y II d.C. Solo Roma, Alejandría y Antioquía la superaban. Era un gran puerto por el que pasaba el comercio entre Oriente y Occidente, y una ciudad monumental y cosmopolita.

A esta época dorada pertenecen casi todos los edificios que hoy admiramos: la Biblioteca de Celso, el Gran Teatro para 25.000 personas, el Templo de Adriano, las fuentes, los baños, el ágora, las lujosas Casas de las Terrazas de la aristocracia, las calles porticadas de mármol. Éfeso tenía agua corriente, alcantarillado, letrinas públicas, alumbrado en algunas calles y todos los lujos de una gran urbe romana. Emperadores como Adriano la visitaron y la embellecieron. Era, sin duda, una de las joyas del mundo antiguo.

Wikipedia (EN) — «Ephesus»: https://en.wikipedia.org/wiki/EpWikipedia (EN) — «Lysimachus»: https://en.wikipedia.org/wikiWikipedia (EN) — «Library of Celsus»: https://en.wikipedia.o

Éfeso y el cristianismo primitivo: Pablo, Juan y María

Éfeso ocupa un lugar central en la historia del cristianismo primitivo. A mediados del siglo I, el apóstol Pablo de Tarso vivió y predicó en la ciudad durante unos tres años, y desde aquí escribió parte de sus cartas; una de las epístolas del Nuevo Testamento va dirigida precisamente a la comunidad de los efesios. Su predicación tuvo un episodio célebre: los plateros de Éfeso, artesanos que se ganaban la vida fabricando estatuillas de la diosa Artemisa, viendo amenazado su negocio por el nuevo culto, provocaron un gran tumulto en el Gran Teatro al grito de '¡Grande es Artemisa de los efesios!'. Pablo tuvo que abandonar la ciudad.

La tradición cristiana asocia también a Éfeso con el apóstol Juan, autor del cuarto evangelio, que habría pasado aquí sus últimos años y habría sido enterrado en la colina de Ayasuluk, donde siglos después el emperador Justiniano levantó una gran basílica en su honor. Y una tradición muy arraigada sostiene que Juan trajo consigo a la Virgen María, a quien Jesús le habría encomendado el cuidado de su madre, y que María pasó sus últimos días en una casa en la montaña sobre Éfeso, el actual santuario de Meryem Ana Evi.

Con el triunfo del cristianismo, Éfeso se convirtió en una de las sedes más importantes de la Iglesia. En el año 431 acogió un acontecimiento decisivo: el Concilio de Éfeso, un concilio ecuménico que proclamó a María 'Theotokos' (Madre de Dios) y condenó como herejía la doctrina de Nestorio, definiendo dogmas fundamentales del cristianismo. Que este concilio se celebrara aquí, en la ciudad de la gran diosa madre Artemisa, tiene una resonancia simbólica que no ha pasado desapercibida a los historiadores.

Wikipedia (EN) — «Ephesus»: https://en.wikipedia.org/wiki/EpWikipedia (EN) — «Council of Ephesus»: https://en.wikipedia.Wikipedia (EN) — «House of the Virgin Mary»: https://en.wiki

La decadencia: cuando el mar abandonó a Éfeso

La grandeza de Éfeso llevaba dentro, desde siempre, la semilla de su ruina. El río Caístro, que desembocaba junto a la ciudad, arrastraba enormes cantidades de sedimentos que, siglo tras siglo, fueron rellenando la bahía y cegando el puerto. Los efesios lucharon durante generaciones contra el fango, dragando canales para mantener abierto el acceso al mar, del que dependía toda su riqueza comercial. Pero fue una batalla perdida: poco a poco, la línea de costa se alejó, el puerto quedó convertido en una marisma insalubre y la ciudad, antaño a orillas del Egeo, se encontró cada vez más tierra adentro (hoy el mar está a varios kilómetros).

Sin puerto no había comercio, y sin comercio la gran urbe fue perdiendo población y esplendor. A esta causa de fondo se sumaron otras desgracias: terremotos que dañaron los edificios, incursiones de los godos en el siglo III que saquearon la ciudad y el Templo de Artemisa, la malaria que proliferaba en las marismas y la inestabilidad de la Antigüedad tardía. El viejo culto a Artemisa se apagó con el triunfo del cristianismo, y el gran templo, ya en ruinas, fue desmantelado; sus mármoles se reutilizaron en otras construcciones.

En época bizantina, la población se retiró a la colina de Ayasuluk, en torno a la basílica de San Juan, abandonando la ciudad baja. Bajo el dominio de los turcos selyúcidas y luego otomanos, el lugar, ya conocido como Ayasuluk (más tarde Selçuk), quedó reducido a una pequeña población, mientras la gran Éfeso romana dormía enterrada bajo el limo del río. Durante siglos, aquella maravilla del mundo antiguo fue solo un nombre en los libros y unas ruinas cubiertas de maleza.

Wikipedia (EN) — «Ephesus»: https://en.wikipedia.org/wiki/EpWikipedia (ES) — «Éfeso»: https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%UNESCO — Ephesus: https://whc.unesco.org/en/list/1018/

El redescubrimiento y el Éfeso de hoy

El renacer de Éfeso como uno de los grandes yacimientos del mundo empezó en el siglo XIX. En 1869, un ingeniero y arqueólogo británico, John Turtle Wood, financiado por el Museo Británico, se obsesionó con encontrar el legendario Templo de Artemisa, del que nadie sabía la ubicación exacta. Tras años de excavaciones frustrantes en la llanura pantanosa, dio por fin con sus cimientos, enterrados bajo metros de barro. Los hallazgos se llevaron a Londres, donde aún se conservan fragmentos.

Desde finales del siglo XIX y a lo largo del XX, arqueólogos austríacos (el Instituto Arqueológico Austríaco dirige las excavaciones desde hace más de un siglo) y turcos fueron sacando a la luz, poco a poco, la gran ciudad romana: se desenterraron y en parte reconstruyeron la Biblioteca de Celso, el Templo de Adriano, las calles de mármol, el ágora, el teatro y, ya en las últimas décadas, las extraordinarias Casas de las Terrazas con sus frescos y mosaicos. Cada campaña de excavación revela algo nuevo de una ciudad que aún guarda buena parte de sus secretos bajo tierra.

En 2015, la Unesco inscribió Éfeso en la lista del Patrimonio de la Humanidad, reconociendo su valor excepcional como una de las ciudades grecorromanas más completas del mundo, testimonio de la vida urbana de la Antigüedad, y como uno de los grandes centros de peregrinación pagana y luego cristiana del Mediterráneo. Hoy Éfeso es el yacimiento más visitado de Turquía, con millones de visitantes al año, muchos de ellos llegados en cruceros que atracan en la cercana Kuşadası.

Recorrer Éfeso es, para el viajero, una de las grandes experiencias del mundo antiguo: caminar por sus calles de mármol, subir a las gradas de su teatro, contemplar la fachada de la Biblioteca de Celso dorada por el sol y asomarse a la vida cotidiana de los romanos en las Casas de las Terrazas. Bajo la solitaria columna del Artemisón, coronada a veces por una cigüeña, se adivina la sombra de una de las siete maravillas. Pocos lugares hacen tan tangible la grandeza —y la fragilidad— de las civilizaciones.

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📚 Bibliografía

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