Las islas que hoy forman el Parque Marino de Sainte Anne tienen un lugar de honor en la historia de Seychelles: fue aquí donde empezó todo. En 1770, una expedición francesa enviada desde la Isla de Francia (la actual Mauricio) desembarcó en la isla de Sainte Anne, la mayor del grupo, para fundar el primer asentamiento permanente del archipiélago. El barco que trajo a aquellos primeros colonos —un puñado de franceses, esclavos africanos y algunos indios— se llamaba 'Le Thélémaque', y la operación buscaba tomar posesión efectiva de unas islas que Francia había reclamado años antes.
El primer intento de colonización, con cultivos de especias y alimentos, resultó difícil por las plagas, el aislamiento y los conflictos internos, y pronto el centro de la colonia se trasladó a la vecina isla de Mahé, donde en 1778 se fundó L'Établissement, la futura Victoria. Pero el grupo de islas frente a la nueva capital —Sainte Anne, Cerf, Round, Long, Moyenne y Cachée— quedó ligado desde el principio a la vida de la colonia por su cercanía al puerto.
La isla de Cerf debe su nombre a otro barco de aquella expedición fundadora, 'Le Cerf', y las islas fueron testigos del nacimiento de la sociedad criolla seychellense. Con el tiempo, cada una tuvo su función: plantaciones de coco, una estación para procesar aceite de ballena, y usos diversos ligados a la administración colonial. Aquellas islas de granito frente a Victoria fueron, en cierto modo, el escenario del acto fundacional de Seychelles como país habitado.
A lo largo de los siglos XIX y XX, las islas frente a Victoria tuvieron usos muy diversos que reflejan la historia de la colonia. En la isla de Sainte Anne funcionó, durante un tiempo, una estación ballenera: en aquellas décadas se cazaban ballenas en las aguas de Seychelles y se procesaba su aceite, una actividad hoy impensable pero entonces común en el Índico. La isla también albergó una escuela y diversas instalaciones a lo largo del tiempo.
La isla de Round (Île Ronde) tuvo un destino más sombrío: durante años funcionó como leprosería, un lugar de aislamiento para enfermos de lepra, apartados de la población de Mahé. La cercana Long (Île Longue), por su parte, se convirtió en la prisión de Seychelles durante buena parte del siglo XX, cárcel donde cumplían condena los presos del país. Estos usos —ballenas, lepra, prisión— muestran cómo las islas, tan cercanas a la capital pero separadas por el mar, servían para actividades que se querían mantener al margen.
Mientras tanto, las diminutas Moyenne y Cachée permanecían casi abandonadas, cubiertas de maleza, envueltas en leyendas de piratas y tesoros escondidos. Las aguas que rodeaban todo el grupo, ricas en corales y peces, seguían siendo faenadas por los pescadores de Victoria. Nadie imaginaba todavía que ese pequeño archipiélago, con su historia de plantaciones, enfermos y presos, terminaría convertido en un tesoro de conservación reconocido internacionalmente.
A comienzos de los años setenta, Seychelles empezó a tomar conciencia del valor excepcional de su naturaleza marina, justo cuando el turismo despegaba tras la apertura del aeropuerto internacional en 1971. Los arrecifes de coral, las praderas marinas y la fauna de las aguas frente a Victoria eran una riqueza que había que proteger de la pesca excesiva y del desarrollo descontrolado. Así, en 1973, se creó el Parque Nacional Marino de Sainte Anne, el primer parque marino del océano Índico y uno de los pioneros del mundo.
La declaración protegió las seis islas y, sobre todo, las aguas que las rodean, prohibiendo la pesca y regulando las actividades para conservar los ecosistemas de coral. Fue una decisión visionaria para la época, que anticipó la vocación conservacionista que haría de Seychelles un referente mundial: hoy el país protege enormes extensiones de océano y ha sido pionero en la creación de grandes áreas marinas protegidas. Sainte Anne fue el primer paso de ese camino.
El parque se convirtió rápidamente en un destino turístico, por su cercanía a Victoria y la facilidad para hacer snorkel y paseos en barco. Al mismo tiempo, sus arrecifes enfrentaron los desafíos globales del cambio climático: los episodios de blanqueamiento de coral de 1998 y 2016, provocados por el calentamiento del mar, dañaron parte de los corales, que se recuperan lentamente. La gestión del parque, a cargo de las autoridades de parques de Seychelles, busca equilibrar el uso turístico con la protección de un ecosistema frágil y valioso.
Dentro del parque, la minúscula isla de Moyenne protagoniza una de las historias más entrañables de Seychelles. En 1962, el periodista británico Brendon Grimshaw compró esta islita abandonada y cubierta de maleza por unas 8.000 libras esterlinas. En lugar de explotarla, dedicó el resto de su vida —más de cuarenta años— a resucitarla con sus propias manos y las de su ayudante René Lafortune: plantó unos 16.000 árboles, abrió senderos, construyó una casa y una pequeña capilla, e introdujo tortugas gigantes de Aldabra que hoy pasean libres por la isla.
Grimshaw convirtió Moyenne en un santuario de naturaleza rebosante de vida, hogar de miles de aves y de un centenar de tortugas gigantes. Rechazó ofertas millonarias de promotores que querían transformarla en un resort de lujo, decidido a preservarla. Su gran sueño se cumplió en 2008, cuando Moyenne fue declarada Parque Nacional propio —uno de los más pequeños del mundo—, integrado después en el Parque Marino de Sainte Anne. Grimshaw murió en 2012 y está enterrado en su isla, junto a las tumbas que la leyenda atribuye a piratas.
Su historia, contada en el libro y el documental 'A Grain of Sand', se ha convertido en un símbolo de amor por la naturaleza y de conservación hecha a escala humana. Hoy, las excursiones al parque suelen incluir un desembarco en Moyenne para caminar entre las tortugas gigantes y conocer el legado de aquel hombre que compró una isla salvaje y la devolvió a la vida. Es, quizás, el rincón más conmovedor del Parque Marino de Sainte Anne.
Hoy el Parque Nacional Marino de Sainte Anne es la excursión marina más popular de Mahé y una de las mejores formas de asomarse al mundo submarino de Seychelles sin alejarse de Victoria. Cada día, barcos cargados de visitantes zarpan del puerto de la capital hacia las seis islas para hacer snorkel sobre los corales, ver los peces y las tortugas desde barcos con fondo de cristal, almorzar en la isla Cerf y pasear entre las tortugas gigantes de Moyenne. Es una actividad accesible, familiar y apta para todas las edades.
El parque combina así naturaleza, historia y turismo: mientras se disfruta del mar, cada isla recuerda un capítulo del pasado del país —la colonización de 1770, la caza de ballenas, la leprosería, la prisión, los tesoros de Moyenne—. Algunas de las islas albergan hoy resorts exclusivos, integrados en un entorno protegido, que permiten alojarse dentro del propio parque marino, rodeados de aguas turquesas y a la vista de la capital.
Como todos los arrecifes del planeta, los de Sainte Anne enfrentan la amenaza del cambio climático y del blanqueamiento del coral, y su conservación es un desafío constante. Seychelles, que fue pionera al proteger estas aguas en 1973, sigue liderando la conservación marina mundial. El Parque Marino de Sainte Anne, primer parque marino del Índico, mantiene intacta su doble condición: la de ser el escenario donde empezó la historia poblada de Seychelles y la de ofrecer, a un corto paseo en barco de Victoria, un pedazo vivo del paraíso submarino que hace célebre al archipiélago.