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Historia de Parque Nacional de los Volcanes

Los Virunga: fuego, selva y gorilas

El Parque Nacional de los Volcanes protege la vertiente ruandesa de los montes Virunga, una cadena de ocho volcanes —algunos todavía activos— que se alza en el corazón de África, en el punto donde se encuentran Ruanda, la República Democrática del Congo y Uganda. Estas montañas nacieron de la actividad volcánica del Gran Valle del Rift africano, que a lo largo de millones de años levantó conos como el Karisimbi (4.507 m), el Bisoke, el Muhabura, el Gahinga y el Sabyinyo, cubriéndolos de una exuberante selva de montaña y bosques de bambú.

Este entorno, húmedo, fresco y aislado, es uno de los últimos refugios del gorila de montaña (Gorilla beringei beringei), una subespecie que solo vive en dos lugares del mundo: los Virunga (compartidos por los tres países) y el bosque de Bwindi, en Uganda. Los gorilas de montaña no sobreviven en cautiverio, lo que hace que estas selvas sean absolutamente vitales para su existencia. Junto a ellos habitan los monos dorados —también endémicos de la región—, búfalos, elefantes de bosque, decenas de especies de aves y una flora afroalpina única.

Para las comunidades que viven a los pies de los volcanes, estas montañas siempre tuvieron un fuerte valor simbólico y espiritual, además de práctico: madera, agua, tierras. Esa relación, a la vez de dependencia y de respeto, es parte de la historia del lugar, y explica también las tensiones que, con el tiempo, surgirían entre la conservación de la fauna y las necesidades de la población local. La historia del parque es, en buena medida, la historia de cómo se buscó conciliar ambas cosas.

https://en.wikipedia.org/wiki/Volcanoes_National_Parkhttps://en.wikipedia.org/wiki/Virunga_Mountains

1925: el primer parque nacional de África

La historia de la protección de estos volcanes se remonta a 1925, cuando las autoridades coloniales belgas —que entonces administraban Ruanda-Urundi y el Congo— crearon el Parc National Albert (hoy dividido entre el Parque de los Volcanes en Ruanda y el Parque Nacional Virunga en el Congo). Fue el primer parque nacional de todo el continente africano, y su objetivo inicial era precisamente proteger a los gorilas de montaña de la creciente amenaza de los cazadores y coleccionistas, en una época en que estos animales acababan de ser 'descubiertos' por la ciencia occidental y despertaban gran interés.

El parque se creó, como tantos de la época, con una visión conservacionista que a menudo ignoró a las poblaciones humanas locales, restringiendo su acceso a tierras y recursos que habían usado durante generaciones. Tras la independencia de Ruanda en 1962, el parque quedó bajo administración ruandesa y, con el tiempo, sufrió recortes de superficie para dar tierra a la agricultura, en un país pequeño y densamente poblado. Esa presión sobre el territorio sería una constante en su historia.

Aun así, la creación temprana del parque sentó una base fundamental: la de reconocer que estos volcanes y sus gorilas eran un patrimonio que valía la pena proteger. Décadas más tarde, ese principio se combinaría con la investigación científica y con un modelo de turismo que transformaría la relación entre conservación, economía y comunidades. Pero antes de eso, una mujer llegada de Estados Unidos cambiaría para siempre el destino de los gorilas de los Virunga.

https://en.wikipedia.org/wiki/Volcanoes_National_Parkhttps://en.wikipedia.org/wiki/Albert_National_Park

Dian Fossey y el Centro de Karisoke

En 1967, la primatóloga estadounidense Dian Fossey se instaló en una remota cabaña entre los volcanes Karisimbi y Bisoke y fundó el Centro de Investigación de Karisoke. Alentada por el paleoantropólogo Louis Leakey —el mismo que impulsó a Jane Goodall con los chimpancés—, Fossey se propuso estudiar en profundidad a los gorilas de montaña, hasta entonces poco conocidos y temidos por su fama de bestias agresivas. Con paciencia y un método pionero, logró que las familias de gorilas la aceptaran, y documentó como nadie su comportamiento social, su inteligencia y su ternura, desmontando el mito del 'gorila feroz'.

Su trabajo dio a conocer al mundo la realidad de estos animales, pero también la gravedad de las amenazas que enfrentaban: la caza furtiva, las trampas y la pérdida de hábitat. Fossey se convirtió en una defensora feroz e intransigente de los gorilas, enfrentándose a los cazadores con métodos radicales. El asesinato en 1978 de Digit, su gorila más querido, a manos de furtivos, la marcó profundamente y la radicalizó aún más en su cruzada. Su historia llegó al gran público con su libro 'Gorilas en la niebla' (1983) y la película homónima de 1988, protagonizada por Sigourney Weaver.

El 26 de diciembre de 1985, Dian Fossey fue hallada asesinada en su cabaña de Karisoke, un crimen nunca del todo esclarecido, probablemente vinculado a su lucha contra la caza furtiva y a los intereses que se oponían a ella. Fue enterrada en el mismo lugar, en el cementerio de gorilas que ella había creado, junto a Digit y a otros animales caídos. Su legado, sin embargo, sobrevivió: la organización que fundó, hoy el Dian Fossey Gorilla Fund, continúa el estudio y la protección de los gorilas, y su nombre quedó unido para siempre a estas montañas.

https://gorillafund.org/https://en.wikipedia.org/wiki/Dian_Fossey

Guerra, genocidio y el punto más bajo

Las décadas de 1990 fueron devastadoras para la región y para el parque. La guerra civil que comenzó en 1990, cuando el Frente Patriótico Ruandés invadió el país desde el norte —precisamente por la zona de los volcanes—, convirtió a esta región fronteriza en escenario de combates. El Centro de Karisoke fue saqueado y destruido, y la investigación quedó interrumpida. Luego llegó el genocidio de 1994 y, tras él, la enorme crisis de refugiados que se desbordó hacia el Congo, con millones de personas y grupos armados asentados en las inmediaciones de los Virunga.

Durante esos años, el parque quedó prácticamente ingobernable. La inseguridad, la presencia de milicias, la caza furtiva y la presión sobre los recursos naturales pusieron en grave riesgo la supervivencia de los gorilas de montaña, cuya población, ya de por sí pequeña, había ido menguando durante todo el siglo XX. A ambos lados de la frontera, guardaparques y conservacionistas arriesgaron —y en muchos casos perdieron— la vida para proteger a los animales en medio del caos. Fue, sin duda, el punto más bajo en la historia del parque y de sus gorilas.

Que los gorilas de montaña sobrevivieran a semejante tormenta es casi un milagro, fruto del empeño de mucha gente en las peores condiciones. Cuando Ruanda comenzó a estabilizarse, a finales de los años noventa y principios de los dos mil, el país tuvo que reconstruir prácticamente desde cero la protección del parque y la actividad turística. De esa reconstrucción surgió el modelo que hoy convierte a los gorilas de los Virunga en un símbolo mundial de conservación exitosa.

https://en.wikipedia.org/wiki/Volcanoes_National_Parkhttps://en.wikipedia.org/wiki/Mountain_gorilla

El renacimiento: turismo de gorilas y conservación

A partir de comienzos del siglo XXI, Ruanda apostó decididamente por un modelo de turismo de gorilas de 'alto valor y baja densidad': permisos caros y estrictamente limitados —hoy USD 1.500 por persona, pocas familias habituadas y un máximo de ocho visitantes por grupo al día—, que minimizan el impacto sobre los animales y a la vez generan ingresos importantes. Una parte de esos ingresos se destina por ley a las comunidades que rodean el parque, mediante un programa de reparto de beneficios que financia escuelas, centros de salud, agua potable y proyectos productivos. Así, los vecinos pasan a tener un interés directo en que los gorilas prosperen.

Ese cambio de lógica —de la caza furtiva a la protección, de la comunidad enfrentada al parque a la comunidad beneficiaria— es la clave del éxito. Proyectos como la aldea cultural Gorilla Guardians, que integra a antiguos cazadores reconvertidos, y la labor científica del Dian Fossey Gorilla Fund, hoy con su moderno Ellen DeGeneres Campus en Musanze (2022), completan un ecosistema de conservación admirado en el mundo entero. Cada año, la ceremonia Kwita Izina, inspirada en la tradición ruandesa de dar nombre a los recién nacidos, bautiza públicamente a las crías de gorila nacidas en el parque, en una fiesta que celebra y visibiliza los logros de la conservación.

Los resultados son notables: el gorila de montaña es uno de los poquísimos grandes simios cuya población está creciendo, hasta el punto de que su estado de conservación mejoró de 'en peligro crítico' a 'en peligro'. El Parque Nacional de los Volcanes se ha convertido, además, en el motor del turismo ruandés y en un emblema del 'nuevo Ruanda'. Para el viajero, entender esta historia —de Dian Fossey, del genocidio, del renacimiento— transforma el encuentro con los gorilas: no es solo una experiencia de naturaleza espectacular, sino la culminación de una de las historias de conservación más inspiradoras del planeta.

https://visitrwanda.com/destinations/volcanoes-national-parkhttps://gorillafund.org/

📚 Bibliografía

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