A diferencia de la mayoría de las localidades ruandesas, que hunden sus raíces en el antiguo reino de Ruanda, Huye es en gran medida una creación colonial. La zona formaba parte del reino, pero la ciudad como tal tomó forma bajo la administración belga en la primera mitad del siglo XX. En 1935, la localidad fue bautizada Astrida en honor a la reina Astrid de Bélgica, esposa del rey Leopoldo III, fallecida trágicamente aquel año en un accidente.
Astrida se convirtió pronto en el gran centro educativo y religioso del país. Los belgas y las misiones católicas concentraron allí escuelas, seminarios y el célebre Groupe Scolaire, una institución educativa de referencia en toda la región, además de una imponente catedral. La ciudad atraía a estudiantes y clérigos, y desarrolló un carácter culto y tranquilo que conserva hasta hoy.
Su ubicación en el sur, en tierras altas y templadas, y su papel educativo la distinguieron de la comercial y ferroviaria realidad de otras ciudades africanas. Astrida era una ciudad de aulas, iglesias y avenidas arboladas, cuna de buena parte de la élite intelectual ruandesa del siglo XX.
Con la independencia de Ruanda en 1962, la ciudad recuperó un nombre local y pasó a llamarse Butare. Ese mismo impulso de nación nueva la consolidó como capital intelectual: en 1963 se fundó allí la Universidad Nacional de Ruanda, la primera del país, creada por el gobierno en cooperación con la Congregación de los Dominicos de la provincia de Quebec (Canadá). La universidad convirtió a Butare en el corazón académico de Ruanda durante décadas.
Butare fue además seria candidata a convertirse en la capital del país independiente. Su tradición educativa, su centralidad cultural y su historia jugaban a su favor. Sin embargo, el honor recayó finalmente en Kigali, mejor situada en el centro geográfico del territorio y con mayor proyección como centro administrativo y económico. Butare quedó como la 'segunda ciudad' simbólica, la capital cultural frente a la capital política.
A lo largo del siglo XX, la ciudad reunió instituciones clave: la universidad, el gran seminario, la catedral, el Instituto de Investigación Científica y, más tarde, el Museo Nacional. Butare era sinónimo de saber y de cultura en el imaginario ruandés.
En 1989, el gobierno belga regaló a Ruanda un moderno Museo Nacional —hoy Museo Etnográfico— para conmemorar los 25 años de la independencia. La institución reunió una colección excepcional sobre la cultura material y espiritual del pueblo ruandés y se convirtió en uno de los mejores museos de África oriental, reforzando el papel de Butare como capital cultural.
Apenas cinco años después, la ciudad y toda Ruanda fueron arrasadas por el genocidio contra los tutsis de 1994. Butare, con una notable población tutsi y una tradición de convivencia, resistió al principio la ola de violencia gracias a la actitud de algunas autoridades locales, pero cuando el gobierno genocida impuso su control, la ciudad sufrió masacres atroces. La universidad, los hospitales y los espacios que habían sido símbolos de saber se vieron envueltos en la tragedia, y buena parte de la comunidad tutsi de la zona fue exterminada.
Ese contraste —ciudad de la cultura y del conocimiento golpeada por el horror— marca la memoria de Huye. En los alrededores, sitios como el memorial de Murambi, en la vecina Gikongoro, conservan el testimonio de aquellas matanzas para que no se olviden.
Tras el genocidio, Ruanda emprendió un largo proceso de reconstrucción, justicia y reconciliación, y Butare recuperó poco a poco su vida universitaria y cultural. En la gran reforma administrativa de 2006, el distrito y la ciudad adoptaron oficialmente el nombre de Huye, aunque muchos siguen usando el histórico Butare. La antigua Universidad Nacional se integró en la Universidad de Ruanda, con su campus histórico en la ciudad.
Hoy Huye mantiene su identidad de capital cultural e intelectual del país: la universidad, el Museo Etnográfico, la catedral y una atmósfera tranquila y arbolada que contrasta con la energía de Kigali. Es una ciudad de estudiantes, café de altura y cestería fina, orgullosa de su patrimonio.
Para el viajero, Huye es a la vez destino y base: destino por su museo imperdible y su ambiente sereno; base por su posición estratégica hacia la antigua capital real de Nyanza, el memorial de Murambi y el bosque de Nyungwe. En sus calles conviven la herencia colonial, la tradición ruandesa, la memoria del genocidio y la vitalidad de un país que apuesta por la educación y la cultura como cimientos de su futuro.