La historia de la región de Beira empieza mucho antes que la ciudad actual, en el legendario puerto de Sofala, situado unos kilómetros al sur. Desde al menos el siglo X, Sofala fue uno de los grandes puertos swahilis de la costa de África oriental, la salida al mar del oro que llegaba del interior, de los reinos del actual Zimbabue (el mundo de Gran Zimbabue y del Monomotapa). Comerciantes árabes y swahilis intercambiaban ese oro, junto con marfil, por telas y mercancías traídas por los monzones desde Arabia, Persia y la India.
Cuando los portugueses llegaron al Índico tras el viaje de Vasco da Gama, comprendieron el valor de Sofala y establecieron allí en 1505 uno de sus primeros fuertes en la región, buscando controlar el comercio del oro. Sofala fue durante un tiempo un puerto clave del imperio portugués en el sureste africano, pero con los siglos su importancia decayó: el puerto se fue enarenando y el comercio del oro menguó.
De aquel pasado glorioso queda hoy poco más que la memoria y, curiosamente, las piedras: cuando a comienzos del siglo XX se construyó la Catedral de Beira, se emplearon piedras traídas de las ruinas de la vieja fortaleza de Sofala. Así, la ciudad moderna lleva incrustado, literalmente, un fragmento del legendario puerto medieval del oro.
La Beira actual es una ciudad relativamente joven, nacida a finales del siglo XIX, hacia 1890, en el contexto del 'reparto de África' entre las potencias europeas. Fue creada como puerto por la Compañía de Mozambique (Companhia de Moçambique), una empresa concesionaria, con fuerte participación de capital británico, a la que la corona portuguesa otorgó la administración de gran parte del centro del país, incluida la provincia de Manica y Sofala, a cambio de desarrollarla.
El motor de la nueva ciudad fue el comercio de tránsito hacia el interior: Beira se convirtió en la salida al mar de la vecina Rhodesia (hoy Zimbabue), y su desarrollo estuvo íntimamente ligado a la construcción del ferrocarril que unía el puerto con Umtali (Mutare) y Salisbury (Harare). Ese 'Corredor de Beira' —ferrocarril, carretera y luego oleoducto— sería durante más de un siglo la razón económica de la ciudad, la vía por la que países sin salida al mar exportaban e importaban sus mercancías.
Bajo la administración de la Compañía de Mozambique, que se prolongó hasta 1942, Beira creció como una ciudad portuaria cosmopolita, con comunidades portuguesa, británica, india y de otras procedencias. Se llenó de comercios, almacenes, edificios administrativos y, con el tiempo, de la arquitectura art déco y modernista que todavía la caracteriza. Era una urbe de negocios, tránsito y mezcla, muy distinta del resto del país.
En las décadas centrales del siglo XX, Beira vivió su época de mayor esplendor. Era la segunda ciudad de Mozambique, un puerto floreciente y también un destino de veraneo y de vida nocturna al que acudían, entre otros, los rhodesianos y sudafricanos vecinos. De esa prosperidad son testimonio los edificios art déco y modernistas del centro y ambiciosos proyectos como el Grande Hotel, inaugurado en 1954 como el hotel más lujoso de África, que sin embargo resultó un fracaso comercial y cerró apenas en 1963.
La independencia de Mozambique en 1975, tras la caída del régimen colonial portugués, cambió por completo el panorama. Se fue buena parte de la población portuguesa que sostenía la economía urbana, y poco después el país se hundió en una larga y devastadora guerra civil (1977-1992) entre el gobierno del FRELIMO y la guerrilla de la RENAMO. El centro del país, y Beira con él, fue uno de los escenarios del conflicto: la ciudad y su corredor sufrieron ataques, sabotajes al ferrocarril y un fuerte deterioro económico y social.
Durante esos años difíciles, edificios como el Grande Hotel fueron ocupados por desplazados y quedaron convertidos en 'ciudades verticales' informales, habitadas por miles de personas en condiciones precarias, como todavía hoy. Beira salió de la guerra empobrecida y dañada, pero conservó su puerto, su corredor y su papel estratégico para toda la región del África austral sin litoral.
Con el fin de la guerra civil en 1992 y la paz, Beira retomó lentamente su papel de gran puerto del centro de Mozambique y punto de tránsito para Zimbabue, Zambia y Malaui. La ciudad, situada en una zona baja y expuesta en la desembocadura de los ríos, es sin embargo especialmente vulnerable a los fenómenos climáticos extremos del océano Índico.
Esa vulnerabilidad se hizo tristemente célebre en marzo de 2019, cuando el ciclón Idai golpeó Beira de lleno. Con vientos huracanados e inundaciones masivas, el ciclón devastó la ciudad y toda la región central de Mozambique (y también Zimbabue y Malaui), dañando o destruyendo la mayor parte de las edificaciones de Beira, dejando cientos de miles de damnificados y causando una gravísima crisis humanitaria. Fue uno de los peores desastres naturales de la historia del hemisferio sur y puso a Beira en los titulares del mundo.
Desde entonces, la ciudad ha estado inmersa en un largo proceso de reconstrucción y de adaptación al cambio climático, con proyectos de protección costera y de drenaje. La Beira de hoy es una urbe resiliente que combina las cicatrices del ciclón y de la guerra con su patrimonio art déco, su puerto en actividad y su gente trabajadora. Segunda ciudad del país y llave del centro de Mozambique, Beira sigue siendo un lugar de paso, comercio y carácter, que cuenta como pocos la historia moderna, dura y tenaz, de esta parte de África.