La historia natural de Liwonde no se entiende sin el río Shire, la gran arteria de agua que atraviesa el parque de norte a sur. El Shire es el único desagüe del lago Malawi: nace en el extremo sur del lago, corre unos 520 kilómetros hacia el sur y termina volcándose en el río Zambeze, en Mozambique. A su paso por Liwonde, el río se ensancha y forma lagunas, bancos de arena y marismas que sostienen una de las mayores concentraciones de fauna acuática de la región.
Ese corredor de agua, en medio de una tierra que en la estación seca se vuelve dura y polvorienta, convierte a Liwonde en un imán para los animales. Cientos de hipopótamos viven en el río, grandes cocodrilos del Nilo acechan en sus orillas y, en la estación seca, manadas de elefantes, búfalos, antílopes y cebras convergen hacia el agua desde el bosque de mopane circundante. Más de 400 especies de aves —desde el pigargo vocinglero hasta la buscadísima lechuza pescadora de Pel— dependen del Shire y de sus palmerales de borassus.
El paisaje de Liwonde combina ese frente fluvial exuberante con extensiones de bosque seco de mopane, palmerales, praderas inundables y algunas colinas. Esta variedad de ambientes, articulada por el río, es la base ecológica que hizo del área un lugar valioso para la conservación mucho antes de que se convirtiera en el destino de safari estrella del país.
El Parque Nacional de Liwonde fue establecido en 1973, poco después de la independencia de Malawi (1964), con el objetivo de proteger este tramo del río Shire y su extraordinaria fauna. El área ya había sido reconocida por su riqueza natural durante la época colonial de Nyasaland, pero fue el joven Estado malauí el que le dio el estatus de parque nacional, dentro de un esfuerzo por preservar la naturaleza del país y sentar las bases de un futuro turismo.
En sus primeras décadas, Liwonde albergó buenas poblaciones de elefantes, hipopótamos, antílopes y aves, y se ganó fama entre los pocos viajeros que llegaban a Malawi por sus paisajes fluviales y sus safaris en barco. Sin embargo, el parque nunca contó con recursos suficientes para una protección eficaz. La presión humana en su entorno era enorme: comunidades densamente pobladas rodeaban sus límites, y la pobreza empujaba a mucha gente a cazar de forma furtiva y a entrar al parque en busca de leña, pesca y tierras.
El resultado fue un lento deterioro. A lo largo de las décadas de 1980, 1990 y 2000, la caza furtiva diezmó especies enteras: los rinocerontes desaparecieron, los leones dejaron de reproducirse, los guepardos se extinguieron localmente y hasta los elefantes sufrieron. El parque quedó sembrado de trampas de alambre, y el conflicto entre la fauna —sobre todo los elefantes que salían a los cultivos— y las aldeas vecinas se volvió grave y a veces mortal. Liwonde encarnaba el drama de muchos parques africanos: un tesoro natural sin medios para defenderse.
El punto de inflexión llegó en 2015, cuando la ONG sudafricana African Parks firmó un acuerdo con el Departamento de Parques Nacionales y Vida Silvestre de Malawi para hacerse cargo de la gestión integral de Liwonde (y también de la vecina reserva de Majete y, más tarde, de Nkhotakota). African Parks es una organización especializada en rehabilitar parques al borde del colapso mediante un modelo de gestión a largo plazo, con financiación propia, guardaparques profesionales y trabajo con las comunidades.
Cuando African Parks asumió Liwonde, el parque estaba en estado crítico: se calcula que había decenas de miles de trampas de alambre repartidas por su territorio, y la tasa de conflicto entre humanos y fauna era de las más altas de la región. La organización lanzó una de las mayores operaciones de retirada de trampas de la historia de la conservación africana, desmantelando decenas de miles de lazos y deteniendo la sangría de animales. Reforzó la vigilancia con guardaparques bien entrenados y tecnología, y prácticamente erradicó la caza furtiva de grandes mamíferos.
Una medida clave fue la construcción de un cercado perimetral eléctrico alrededor del parque. Lejos de aislar la naturaleza, el cercado redujo drásticamente el conflicto: los elefantes dejaron de arrasar los cultivos de las aldeas vecinas y las personas dejaron de morir en esos encuentros, lo que transformó la relación de las comunidades con el parque. Con la seguridad recuperada, Liwonde estaba listo para el paso siguiente: devolver las especies que había perdido.
Con el parque seguro, African Parks emprendió una serie de reintroducciones que devolvieron a Liwonde su condición de gran reserva de fauna. En 2017, los guepardos volvieron al parque tras unos veinte años de ausencia, en un traslado que marcó su regreso a Malawi. Al año siguiente, en 2018, se reintrodujo una población fundadora de leones —traídos de Sudáfrica y de la propia Majete—, décadas después de que se hubiera perdido una población reproductora en el parque.
El hito más resonante llegó en 2019, cuando 17 rinocerontes negros fueron trasladados desde Sudáfrica a Liwonde en uno de los mayores traslados internacionales de rinoceronte negro jamás realizados. La operación, de enorme complejidad logística, reforzó la maltrecha población de esta especie críticamente amenazada y devolvió a Liwonde uno de los Cinco Grandes. Con leones, leopardos, elefantes, búfalos y rinocerontes, el parque se convirtió en un destino de los Cinco Grandes, algo excepcional en Malawi.
Liwonde pasó además a ser una 'fábrica' de fauna para el resto del país: sus poblaciones, ahora prósperas, sirvieron de origen para repoblar otros parques malauíes. En 2016 y 2017, cientos de elefantes de Liwonde y Majete fueron trasladados a la reserva de Nkhotakota en una de las mayores translocaciones de elefantes de la historia, aliviando la sobrepoblación en Liwonde y devolviendo elefantes a un parque casi vacío. La recuperación de Liwonde se volvió así el motor de una red de conservación a escala nacional.
En pocos años, Liwonde pasó de parque saqueado a caso de estudio de recuperación y a buque insignia del turismo de naturaleza de Malawi. La fauna prospera: hay una de las mayores densidades de elefantes de la región, grandes pods de hipopótamos, antílopes sable, kudúes, y las poblaciones reintroducidas de leones, guepardos y rinocerontes se afianzan. Los stocks de peces del río se recuperaron y, con el regreso de los depredadores, hasta los buitres volvieron a poblar el cielo del parque.
Este renacer se sostiene sobre el trabajo con las comunidades vecinas, sin las cuales ninguna conservación es duradera. African Parks impulsa programas de educación ambiental en las escuelas de la zona, genera empleo local, apoya proyectos de apicultura y turismo comunitario y reparte parte de los beneficios del parque entre las aldeas. La idea de fondo es que la gente que vive junto a Liwonde vea el parque como una fuente de oportunidades, no como un rival por la tierra y los recursos.
Hoy Liwonde recibe a viajeros de todo el mundo que llegan por sus safaris en barco por el Shire, sus 4x4 al amanecer y sus caminatas guiadas, alojándose desde el sencillo campamento de African Parks en Mvuu hasta lodges de lujo junto al río. La historia de Liwonde —de la trampa de alambre al rinoceronte reintroducido— se ha convertido en uno de los grandes relatos de esperanza de la conservación africana y en la mejor carta de presentación de la naturaleza de Malawi.