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Historia de Tsingy de Bemaraha

De un mar antiguo a una meseta de caliza

La historia del Tsingy de Bemaraha empieza hace unos 200 millones de años, en el periodo Jurásico, cuando toda esta región del oeste de Madagascar estaba cubierta por un mar cálido y poco profundo. En el fondo de aquel mar se fueron depositando durante millones de años los esqueletos y las conchas de incontables organismos marinos —corales, moluscos, microorganismos—, ricos en carbonato de calcio. Comprimidos por el peso de nuevas capas, esos sedimentos se convirtieron en un enorme y grueso banco de piedra caliza.

Con el paso de las eras geológicas y los movimientos de la corteza terrestre, el mar se retiró y aquella plataforma de caliza quedó expuesta al aire, formando una meseta. La caliza es una roca relativamente blanda y, sobre todo, soluble: el agua ligeramente ácida de la lluvia la disuelve poco a poco. Ese detalle químico es la clave de todo lo que vino después, porque sobre esa meseta el agua iba a esculpir, con una paciencia de millones de años, uno de los paisajes más extraños del planeta.

El macizo de Bemaraha forma parte de un conjunto de relieves kársticos del oeste malgache. Su nombre completo, Tsingy de Bemaraha, combina la palabra malgache 'tsingy' —que alude a la roca puntiaguda sobre la que no se puede caminar descalzo— con el de la región de Bemaraha. Es, en esencia, una catedral de piedra construida por el agua sobre los restos de un océano desaparecido.

https://whc.unesco.org/en/list/494/https://en.wikipedia.org/wiki/Tsingy_de_Bemaraha_Strict_Natu

Cómo el agua esculpió el bosque de piedra

El fenómeno que dio origen a los tsingy se llama karstificación. La lluvia, ligeramente ácida por el dióxido de carbono que absorbe del aire, se filtra por las grietas y fracturas naturales de la meseta de caliza y va disolviendo la roca. Con el tiempo, esas grietas verticales se ensanchan y se profundizan, transformándose en cañones estrechos y profundos separados por finas paredes de piedra. Cuando el proceso avanza durante millones de años, lo que queda es un laberinto de agujas y crestas afiladas: los tsingy.

Pero el trabajo del agua no ocurre solo en la superficie. Por debajo de la meseta, el agua circula formando ríos subterráneos, cuevas, grutas y galerías, un mundo oculto que también forma parte del sistema kárstico de Bemaraha. Algunas de esas cuevas se ven en la garganta del río Manambolo, que corta el macizo por el sur y deja al descubierto paredes espectaculares, cavidades y formaciones. Arriba, los pináculos pueden alcanzar decenas de metros de altura, con bordes tan cortantes como cuchillos.

Este doble paisaje —el laberinto de agujas en la superficie y el mundo subterráneo de cuevas y ríos— crea además microambientes muy distintos y aislados entre sí: cañones húmedos y sombríos donde crece bosque, cimas secas y expuestas al sol, grietas protegidas. Esa variedad de nichos, combinada con el aislamiento de Madagascar, es la razón por la que en Bemaraha ha evolucionado una fauna y una flora tan singulares, con muchas especies que no viven en ningún otro lugar del mundo.

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La vida sobre la piedra: fauna y flora únicas

A pesar de lo hostil que parece un bosque de rocas cortantes, el Tsingy de Bemaraha rebosa vida, y buena parte de ella es endémica. En los cañones sombríos y en los parches de bosque que crecen entre las agujas viven varias especies de lémur. La más emblemática es el sifaka de Decken, de pelaje blanco, que se desplaza dando saltos entre las paredes de roca con una agilidad asombrosa; también hay lémures nocturnos, como distintos lepilémures. Algunos de estos primates están restringidos a esta zona.

El macizo alberga además una notable diversidad de reptiles y anfibios: camaleones —desde grandes hasta minúsculos—, geckos que se camuflan sobre la piedra, serpientes inofensivas y ranas adaptadas a los microambientes húmedos. La avifauna supera el centenar de especies, con aves forestales y rapaces endémicas de Madagascar. Muchas de estas especies fueron descriptas por la ciencia relativamente tarde, y todavía hoy se siguen encontrando animales nuevos en los sectores menos explorados.

La flora es igual de especial. Sobre la roca desnuda, casi sin suelo y con agua escasa, crecen plantas adaptadas a la sequía: suculentas, aloes, pachypodiums —los llamados 'árboles botella', con troncos hinchados para almacenar agua— e incluso baobabs en las zonas más abiertas. En los cañones, en cambio, prospera un bosque más denso y húmedo. Esta combinación de karst extremo, aislamiento insular y microclimas contrastados hace de Bemaraha un laboratorio vivo de la evolución, y una de las joyas de biodiversidad de Madagascar.

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El pueblo sakalava y la protección del macizo

Aunque los tsingy son casi imposibles de habitar, la región de Bemaraha forma parte del territorio histórico del pueblo sakalava, que a partir del siglo XVII construyó en el oeste de Madagascar poderosos reinos, entre ellos el de Menabe. Para los sakalava, las cuevas y grutas del macizo y de la garganta del Manambolo tuvieron un valor especial: sirvieron de refugio en tiempos de guerra y, sobre todo, de lugar sagrado y sitio funerario. En las paredes del cañón todavía se conservan antiguas tumbas y restos de ofrendas ancestrales.

Ese respeto tradicional por el lugar contribuyó a mantenerlo relativamente intacto. La protección oficial llegó pronto en términos formales: ya en 1927, durante la época colonial francesa, la zona más salvaje del norte fue declarada Reserva Natural Integral, una de las primeras áreas protegidas del país, con acceso muy restringido y reservada esencialmente a la ciencia. Así se preservó el corazón del macizo de la explotación y la deforestación.

Con el tiempo, la importancia mundial del sitio se hizo evidente. En 1990, la UNESCO inscribió el Tsingy de Bemaraha en la lista del Patrimonio de la Humanidad, reconociendo tanto la espectacularidad geológica del karst como su riqueza biológica única. Poco después, en 1997, se creó el Parque Nacional Tsingy de Bemaraha en el sector sur, la parte que hoy pueden visitar los turistas, mientras el norte sigue como reserva integral. La gestión quedó en manos de Madagascar National Parks (la antigua ANGAP), encargada de conservar el sitio y organizar el turismo.

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Del aislamiento a la aventura: turismo y desafíos

Durante mucho tiempo, el Tsingy de Bemaraha fue prácticamente inaccesible, conocido casi solo por científicos y por algún explorador. Su lejanía —la dura ruta de 4x4 desde Morondava, los ríos sin puente que hay que cruzar en balsa, la imposibilidad de llegar en la temporada de lluvias— lo mantuvo apartado de las rutas turísticas. Fue a partir de finales del siglo XX, con la mejora relativa de los circuitos y la fama creciente de Madagascar como destino de naturaleza, cuando el parque empezó a recibir viajeros de aventura.

Para permitir recorrer el laberinto de agujas se instalaron sistemas de seguridad de tipo 'vía ferrata': cables de acero, escaleras metálicas, clavijas y puentes colgantes que hoy hacen posible trepar y cruzar los abismos con arnés. Circuitos como el Grand Tsingy, el Petit Tsingy y el paseo en pirogue por el Manambolo convirtieron a Bemaraha en uno de los destinos más codiciados —y más exigentes— del país, un imán para amantes del trekking y la fotografía. En 2024 se sumó incluso un casco de seguridad obligatorio para reforzar la protección de los visitantes.

El gran desafío del presente es equilibrar ese turismo de aventura con la conservación de un ecosistema frágil y con el desarrollo de las comunidades locales, muy pobres y dependientes de los ingresos de los visitantes. La deforestación, los incendios y la presión sobre la fauna amenazan el entorno del parque, mientras el cambio climático altera las lluvias que esculpieron —y siguen esculpiendo— la roca. Visitar el Tsingy de Bemaraha es asomarse a un tiempo profundo, geológico, y a la vez a la responsabilidad de proteger uno de los paisajes más asombrosos que existen: una catedral de piedra construida por el agua a lo largo de millones de años.

https://en.wikipedia.org/wiki/Tsingy_de_Bemaraha_Strict_Natuhttps://www.parcs-madagascar.com/

📚 Bibliografía

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