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Historia de Aqaba

Una encrucijada antigua: del puerto de Salomón a Ayla

El fondo del golfo de Áqaba, donde el desierto se encuentra con el mar Rojo, ha sido durante milenios un punto estratégico y codiciado. Aquí se cruzan las rutas naturales entre África, Asia y Arabia, y quien controlaba este pequeño trozo de costa controlaba el acceso al mar de todo el interior. No es de extrañar que la zona haya estado habitada y disputada desde tiempos remotos: se han encontrado restos de asentamientos y de actividad metalúrgica (fundición de cobre) que se remontan a la Edad del Bronce.

La tradición bíblica sitúa por aquí cerca a Ezión-Guéber, el puerto desde el que, según el relato, el rey Salomón enviaba sus naves en busca del oro de Ofir y por el que llegó la reina de Saba. Más allá de la historicidad exacta de estos relatos, reflejan la antigua importancia del lugar como puerto y ventana marítima. Con el tiempo, la zona pasó por manos de edomitas, nabateos —el pueblo de Petra, que dominaba todo el sur— y romanos, que la integraron en su provincia de Arabia y construyeron una calzada, la Vía Nova Traiana, que llegaba hasta aquí desde Siria.

Con la llegada del islam en el siglo VII, la ciudad, llamada entonces Ayla, adquirió una nueva relevancia. Fue uno de los primeros asentamientos islámicos planificados de la región, una ciudad amurallada que servía de escala clave en las rutas comerciales y, sobre todo, en el camino de peregrinación de los musulmanes hacia La Meca. Las ruinas de aquella Ayla islámica temprana todavía se pueden ver junto a la Aqaba moderna. Durante siglos, el puerto prosperó como punto de paso de mercancías y peregrinos, en el cruce de caminos entre el Mediterráneo, Egipto y Arabia.

Wikipedia (EN) — «Aqaba»: https://en.wikipedia.org/wiki/AqabWikipedia (ES) — «Áqaba»: https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%Wikipedia (EN) — «Ayla (city)»: https://en.wikipedia.org/wik

Cruzados, mamelucos y el fuerte junto al mar

La importancia estratégica de Áqaba la convirtió en objeto de disputa durante la Edad Media. En el siglo XII, los cruzados, que dominaban buena parte de Tierra Santa, alcanzaron la zona y construyeron fortificaciones para controlar el acceso al mar Rojo y hostigar las rutas musulmanas, incluida una en la pequeña isla del Faraón (Isla de Graye), frente a la costa. El objetivo era cortar las comunicaciones entre Egipto y Arabia, algo que preocupaba enormemente a los poderes musulmanes.

Fue el gran Saladino quien, en su ofensiva contra los cruzados a fines del siglo XII, recuperó la zona para el islam. En los siglos siguientes, bajo el poder de los mamelucos de Egipto, Áqaba conservó su papel de puerto y escala en la ruta de peregrinación a La Meca. Del período mameluco, y de su posterior reconstrucción bajo el Imperio otomano en el siglo XVI, data el fuerte o castillo de Aqaba que todavía se alza junto al mar en el centro de la ciudad: una fortaleza de planta cuadrada, con torres e inscripciones, levantada para proteger a los peregrinos y el puerto.

Durante los largos siglos del dominio otomano, sin embargo, Áqaba fue perdiendo importancia y quedó reducida a un modesto pueblo de pescadores y a una guarnición, una escala más en el camino a La Meca, lejos del esplendor de otras épocas. Así llegó al siglo XX, cuando la Primera Guerra Mundial y la lucha por el fin del dominio otomano volverían a colocar a esta pequeña ciudad portuaria, de golpe, en el centro de la historia.

Wikipedia (EN) — «Aqaba»: https://en.wikipedia.org/wiki/AqabWikipedia (EN) — «Aqaba Fort»: https://en.wikipedia.org/wikiWikipedia (EN) — «Saladin»: https://en.wikipedia.org/wiki/Sa

La toma de Áqaba: la hazaña de Lawrence

En julio de 1917, en plena Primera Guerra Mundial, Áqaba se convirtió en el escenario de uno de los episodios más célebres de la Gran Revuelta Árabe contra el Imperio otomano. La ciudad, en manos turcas, estaba fuertemente defendida por el lado del mar, con cañones apuntando al golfo, previendo un ataque naval británico. Pero su punto débil era la retaguardia: por el lado del desierto interior, considerado infranqueable, apenas estaba protegida.

Fue precisamente por ahí por donde llegó el ataque. El oficial británico T. E. Lawrence —'Lawrence de Arabia'—, junto al líder árabe Auda abu Tayi de la tribu Howeitat y las fuerzas del príncipe Faysal, concibió un plan audaz: en lugar de atacar Áqaba desde el mar, cruzarían cientos de kilómetros de desierto implacable, incluido el temible Nefud, para caer sobre la ciudad desde el interior, por donde nadie los esperaba. Tras una durísima travesía, las fuerzas árabes atacaron y tomaron Áqaba el 6 de julio de 1917, prácticamente por sorpresa y con pocas bajas, capturando a la guarnición otomana.

La caída de Áqaba fue una victoria estratégica de enorme importancia: dio a las fuerzas árabes y británicas un puerto en el mar Rojo por el que recibir suministros y refuerzos, y abrió el camino hacia el norte, hacia Palestina y, finalmente, Damasco. Consolidó además la fama de Lawrence y de la Revuelta Árabe, y quedó grabada para siempre en la memoria como una de las grandes hazañas de aquella campaña, inmortalizada décadas después por el cine. El fuerte de Aqaba y la gran bandera de la Revuelta Árabe que hoy ondea sobre la ciudad recuerdan aquel episodio decisivo.

Wikipedia (EN) — «Battle of Aqaba»: https://en.wikipedia.orgWikipedia (EN) — «T. E. Lawrence»: https://en.wikipedia.org/Wikipedia (EN) — «Arab Revolt»: https://en.wikipedia.org/wik

El único puerto del reino

Tras la Primera Guerra Mundial y el desmembramiento del Imperio otomano, la región quedó bajo mandato británico y, en 1921, se creó el Emirato de Transjordania, que en 1946 se convertiría en el Reino Hachemita de Jordania. En este nuevo país, casi enteramente desértico y sin más costa que este pequeño trozo del mar Rojo, Áqaba adquirió un valor incalculable: era, y sigue siendo, el único puerto marítimo de Jordania, su única ventana al mar y una arteria vital para su comercio.

La frontera exacta de Áqaba fue objeto de ajustes en el siglo XX, en un contexto regional complejo marcado por la creación del Estado de Israel en 1948 y los sucesivos conflictos árabe-israelíes. Justo al otro lado del golfo, a pocos kilómetros, creció la ciudad israelí de Eilat, de modo que ambas ciudades portuarias, de dos países en conflicto durante décadas, quedaron una frente a la otra, casi tocándose. En 1965, Jordania y Arabia Saudita acordaron un intercambio de territorios que amplió el litoral jordano de Áqaba, dándole más costa para desarrollar su puerto y, más tarde, su turismo.

A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, el gobierno jordano invirtió en convertir Áqaba en un puerto comercial e industrial moderno, esencial para la exportación de fosfatos (uno de los principales recursos del país) y la importación de mercancías. La ciudad creció de un modesto pueblo de pescadores a un puerto activo y una ciudad en expansión. Pero su potencial no se limitaba al comercio: aquellas aguas cálidas y transparentes, con sus arrecifes de coral, guardaban otra vocación, la turística, que transformaría de nuevo el destino de la ciudad.

Wikipedia (EN) — «Aqaba»: https://en.wikipedia.org/wiki/AqabWikipedia (ES) — «Áqaba»: https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%Wikipedia (EN) — «Saudi Arabia–Jordan relations»: https://en

Aqaba hoy: zona franca, buceo y ventana al mar Rojo

La Aqaba de hoy es una ciudad singular dentro de Jordania: relajada, cosmopolita y volcada al mar. En 2001, el gobierno creó la Zona Económica Especial de Aqaba (ASEZA), un régimen de zona franca con impuestos reducidos y facilidades para la inversión, pensado para impulsar el desarrollo económico y turístico de la región. Gracias a ello, algunos productos son más baratos que en el resto del país, y la ciudad ha vivido un notable desarrollo de infraestructuras, hoteles, resorts y proyectos como el barrio de Ayla, con su marina y su campo de golf.

El turismo se ha convertido en uno de los pilares de Aqaba, y su gran atractivo son los arrecifes de coral del golfo, protegidos en el Aqaba Marine Park. La ciudad se ha consolidado como uno de los mejores y más accesibles destinos de buceo y snorkel del mar Rojo, con numerosos clubes, pecios hundidos a propósito —como el carguero Cedar Pride— e incluso un museo militar submarino, y con la ventaja de un clima cálido y soleado justo cuando el resto de la región está en invierno. Aqaba es también la base natural para explorar Wadi Rum y Petra, en el sur del país.

A todo ello se suma su fascinante posición geográfica: en la esquina donde se juntan cuatro países —Jordania, Israel, Egipto y Arabia Saudita—, con las luces de la vecina Eilat encendiéndose cada noche al otro lado del golfo. Esa cercanía, en una de las regiones más disputadas del mundo, da a Aqaba un carácter especial, a la vez apacible y cargado de significado. De puerto del rey Salomón a hazaña de Lawrence, y de humilde pueblo de pescadores a moderna ciudad turística y única salida al mar de Jordania, Aqaba condensa en su pequeña bahía milenios de historia y el encanto sereno del mar Rojo.

Wikipedia (EN) — «Aqaba»: https://en.wikipedia.org/wiki/AqabWikipedia (EN) — «Aqaba Special Economic Zone Authority»: htWikipedia (EN) — «Aqaba Marine Park»: https://en.wikipedia.o

📚 Bibliografía

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