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Historia de Eilat

La encrucijada del golfo: rutas, cobre y el puerto de Salomón

El extremo norte del golfo de Áqaba, donde hoy se levanta Eilat, ha sido durante milenios un cruce de caminos. Aquí, en la punta de un largo brazo del mar Rojo encajado entre desiertos, convergen las rutas que unen el Mediterráneo con Arabia, África oriental y el océano Índico. Cualquier poder que controlara este punto tenía una llave estratégica: la salida sur hacia los grandes mares del comercio antiguo.

La historia de la región está ligada al cobre. En el cercano valle de Timna, al norte, funcionaron hace más de 3.000 años algunas de las minas de cobre más antiguas del mundo, explotadas por los egipcios y por los pueblos locales, con galerías, campamentos y hasta un templo dedicado a la diosa Hathor. Ese metal, esencial en la Antigüedad, dio importancia económica a un territorio por lo demás árido y despoblado.

La tradición bíblica sitúa por esta zona el puerto de Ezión-Guéber, asociado al rey Salomón, desde donde, según los relatos, partían expediciones marítimas hacia la legendaria tierra de Ofir en busca de oro. Los topónimos Eilat y Elot aparecen también en los textos antiguos como puntos en el borde del desierto. Más allá de lo que se pueda comprobar arqueológicamente, esas referencias muestran hasta qué punto este rincón del golfo estuvo presente, desde muy temprano, en la memoria de la región.

Siglos de caravanas, nabateos e imperios

A lo largo de la Antigüedad y la Edad Media, el enclave del golfo pasó por manos de distintos pueblos e imperios, casi siempre como punto de paso más que como gran ciudad. Los nabateos —el mismo pueblo comerciante que construyó Petra, hoy en Jordania, a no mucha distancia— dominaron durante siglos las rutas caravaneras de la región, transportando incienso, especias y mercancías entre Arabia y el Mediterráneo, y el golfo era una de sus salidas.

Con la expansión romana y luego bizantina, y más tarde con la llegada del islam en el siglo VII, el control de la zona cambió de manos varias veces. La cercana Áqaba (Ayla), del lado que hoy es Jordania, fue el asentamiento más relevante, un puerto y una parada en la ruta de peregrinación hacia La Meca. Cruzados y musulmanes disputaron el control del golfo durante las Cruzadas, y la isla del Faraón, frente a la costa del Sinaí, conserva restos de una fortaleza de aquella época.

Durante los largos siglos del dominio otomano, la región del golfo permaneció como un territorio desértico y marginal, poco poblado, recorrido por tribus beduinas y por las caravanas. La ciudad turística que conocemos hoy no existía: apenas había un puesto y un paisaje de montañas y desierto que caían sobre un mar de un azul extraordinario. La verdadera transformación de este rincón llegaría recién en el siglo XX, con la aparición de las fronteras modernas.

1949: una ciudad nueva y la salida de Israel al mar Rojo

La Eilat moderna nació prácticamente de la nada a mediados del siglo XX, en el contexto de la creación del Estado de Israel y de las guerras que la acompañaron. Tras la resolución de la ONU de 1947 que proponía dividir la Palestina del Mandato británico en dos Estados, y la guerra que estalló al proclamarse Israel en 1948, las fuerzas israelíes avanzaron hacia el sur por el desierto del Néguev. En marzo de 1949, en la fase final de esa primera guerra árabe-israelí, llegaron a la costa del golfo de Áqaba en la llamada Operación Uvda, izando allí una bandera improvisada (la 'bandera de tinta') en lo que sería el punto más austral del país.

Con esa llegada, Israel aseguró una salida al mar Rojo, un acceso estratégico de enorme valor: le daba una puerta hacia el océano Índico y Asia oriental, al margen del canal de Suez. Sobre ese punto se fundó, en los años siguientes, la ciudad de Eilat, levantada desde cero como puerto y como localidad fronteriza en un entorno durísimo de desierto y calor extremo.

Al otro lado de la estrecha bahía quedó la jordana Áqaba, y no lejos, la frontera con Egipto y el Sinaí. Esa vecindad hizo del golfo un punto sensible en los conflictos posteriores: el bloqueo del acceso israelí al mar Rojo fue uno de los factores que precedieron a la guerra de 1956 y a la de 1967. Con los acuerdos de paz de Israel con Egipto (1979) y con Jordania (1994), la situación fronteriza se estabilizó, y Eilat y Áqaba pasaron a ser vecinas en paz, aunque en una región que sigue siendo geopolíticamente delicada.

De puerto fronterizo a capital del turismo de sol

En sus primeras décadas, Eilat fue sobre todo un puerto y un puesto fronterizo, con una población pequeña que soportaba el aislamiento y el clima extremo. Pero pronto se descubrió que aquel rincón tenía dos tesoros con enorme potencial turístico: un sol garantizado prácticamente los 365 días del año y, bajo el agua, un arrecife de coral del mar Rojo de una riqueza extraordinaria, el único de Israel.

A partir de los años sesenta y setenta, y con fuerza creciente en las décadas siguientes, Eilat se reinventó como destino de turismo de sol, playa y buceo. Se construyeron hoteles, una marina, un paseo marítimo, y se desarrollaron la reserva de coral y atracciones como el Observatorio Submarino. Para incentivar su desarrollo pese a la lejanía del resto del país, se le otorgó un régimen fiscal especial: la exención del IVA israelí, que aún hoy la hace algo más barata para ciertas compras y servicios.

Eilat se convirtió así en el gran balneario de invierno de los israelíes y en un destino internacional, especialmente para europeos que buscan sol en la temporada fría. Su combinación de mar cálido, arrecife, desierto espectacular (Timna, el Cañón Rojo) y cercanía a Petra la volvió un punto turístico completo. El propio aeropuerto de la ciudad, que durante años estuvo en pleno centro, fue reemplazado en 2019 por el moderno aeropuerto Ramon, a las afueras, señal de la apuesta por seguir creciendo como destino.

Eilat hoy: mar Rojo, desierto y una región de fronteras

La Eilat de hoy es una ciudad de resorts, con decenas de miles de habitantes y un flujo constante de turistas atraídos por el sol, el mar y el ocio. Su vida gira en torno a las playas, la marina, el paseo marítimo, los deportes acuáticos y, sobre todo, el mundo submarino del arrecife de coral. A su alrededor, el desierto del Néguev ofrece paisajes espectaculares y una de las mayores concentraciones de aves migratorias del planeta, que convierten a la ciudad en un destino de referencia para los observadores de aves en primavera y otoño.

Ese mismo éxito trae desafíos. El arrecife de coral, joya natural de la ciudad, es un ecosistema frágil sometido a la presión del turismo, la urbanización y el cambio climático (aunque, curiosamente, los corales del golfo de Áqaba han mostrado una resistencia notable al calentamiento del agua, lo que los ha vuelto objeto de estudio científico internacional). Proteger el arrecife y equilibrar el desarrollo con la conservación es una preocupación permanente.

Eilat vive, además, en una región de fronteras muy sensible: comparte el estrecho golfo con la jordana Áqaba, está a un paso del Sinaí egipcio y cerca de Arabia Saudita. La paz con Jordania y Egipto ha permitido décadas de relativa estabilidad y hasta proyectos de cooperación, pero el contexto regional puede cambiar, y la situación de seguridad conviene consultarla con fuentes oficiales antes de viajar. Con esa salvedad, Eilat sigue ofreciendo lo que la hizo famosa: un mar cálido y transparente, un arrecife lleno de vida y un sol que casi nunca falta, en el punto donde el desierto de Israel se asoma al mar Rojo.

Wikipedia (EN) — «Eilat»: https://en.wikipedia.org/wiki/EilaWikipedia (EN) — «Gulf of Aqaba»: https://en.wikipedia.org/w

📚 Bibliografía

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