Hay algo casi irreal en Uplistsije: una ciudad entera que no se construyó, sino que se excavó, vaciando la roca de una colina a golpe de herramienta durante siglos. Sobre la orilla izquierda del río Mtkvari, en el centro de la actual Georgia, los seres humanos empezaron a tallar cuevas, salas y calles en esta blanda roca volcánica en la Edad de Bronce temprana, hace más de tres mil años. El resultado fue uno de los asentamientos más antiguos del país y de todo el Cáucaso, habitado sin interrupción hasta la Baja Edad Media.
El nombre Uplistsije significa 'la fortaleza del señor' (de 'upali', señor, y 'tsije', fortaleza), y hace referencia tanto a su carácter defensivo como, quizá, a su condición sagrada. Porque desde muy pronto la ciudad no fue solo un lugar donde vivir, sino un gran centro religioso. En la Georgia anterior al cristianismo, los pueblos de la región veneraban al sol y a una diosa madre, y Uplistsije se convirtió en uno de los principales santuarios de esos cultos paganos, con templos tallados en la piedra a los que acudían peregrinos de toda la región.
A lo largo del primer milenio antes de nuestra era, la ciudad creció hasta convertirse en una de las mayores del reino de Kartli (la Iberia caucásica). Se calcula que llegó a tener miles de habitantes viviendo en cientos de estructuras rupestres —muchas más de las que hoy se conservan, pues la erosión y los derrumbes se llevaron buena parte—, distribuidas en terrazas que subían desde el río hasta la cima de la colina. Era una urbe completa, con viviendas, almacenes, talleres, aljibes, calles y grandes salas ceremoniales.
En su apogeo, entre el primer milenio a.C. y los primeros siglos de nuestra era, Uplistsije fue mucho más que una ciudad rupestre: fue un centro de poder religioso, político y económico de primer orden. Su condición de gran santuario pagano —dedicado, según los estudiosos, al culto solar y a una divinidad femenina— la dotaba de un prestigio que atraía peregrinos y ofrendas, y le daba una autoridad que rivalizaba con la de otros centros del reino de Kartli.
Su ubicación no era menos estratégica. La colina se levantaba junto al río Mtkvari, sobre la ruta natural que unía el este y el oeste de Georgia y, más allá, conectaba el mundo persa y el Cáucaso con las tierras del Mar Negro. Por aquí pasaban las caravanas de la gran red comercial que enlazaba Oriente y Occidente, la Ruta de la Seda, y Uplistsije prosperó como punto de paso, mercado y aduana. La riqueza que traía el comercio se sumaba a la que atraía el santuario.
Dentro de la ciudad, esa doble vida se refleja en la variedad de sus estructuras: grandes salas ceremoniales como la que la tradición bautizó 'sala de la reina Tamar', con su techo tallado imitando vigas de madera; espacios interpretados como una farmacia o botica, con hornacinas para remedios; un lugar que se ha querido ver como un teatro; depósitos y aljibes para almacenar agua y grano; y el ingenioso túnel secreto que bajaba hasta el río para asegurar el abastecimiento y la huida en caso de asedio. Todo, excavado a mano en la roca, hablaba de una comunidad numerosa, organizada y próspera.
El gran giro de la historia de Uplistsije llegó en el siglo IV, cuando Santa Nino convirtió al cristianismo al rey Mirian de Iberia y Georgia adoptó la nueva fe como religión oficial. Mientras la cercana Mtsjeta, capital del reino, abrazaba el cristianismo y se llenaba de iglesias, Uplistsije, el gran santuario pagano, se resistió. La ciudad de la roca se convirtió, por un tiempo, en un bastión de la vieja religión, un último reducto de los cultos solares frente al avance del Evangelio.
Ese choque de dos mundos —la Mtsjeta cristiana y la Uplistsije pagana, separadas por pocas decenas de kilómetros— es uno de los episodios más fascinantes de la Antigüedad georgiana. Con el tiempo, sin embargo, el cristianismo se impuso también aquí, y los templos paganos fueron abandonados o reconvertidos. La ciudad perdió su función sagrada original y, con ella, buena parte de su razón de ser. Pero no desapareció.
Uplistsije vivió un segundo auge en los siglos VIII a X, en circunstancias dramáticas. Cuando los árabes ocuparon Tiflis y establecieron allí un emirato musulmán, los reyes y nobles cristianos de Georgia buscaron refugio en lugares fortificados, y la vieja ciudad de la roca, defendible y apartada, volvió a poblarse y a fortificarse, sirviendo de plaza fuerte a los soberanos georgianos. De aquella época es la iglesia cristiana de ladrillo y piedra que corona la cima, la Basílica del Príncipe, cuyo perfil contrasta hoy con las cuevas paganas de abajo y resume, en una sola imagen, el paso de una era a otra.
El fin de Uplistsije como ciudad viva llegó, como para tantos otros lugares de Georgia y de Asia, con las invasiones mongolas del siglo XIII. Las hordas que arrasaron el continente desde las estepas cayeron también sobre el Cáucaso, y la ciudad de la roca, que había resistido milenios, fue saqueada y devastada. La población fue masacrada o huyó, y el lugar quedó despoblado y en ruinas.
Hubo, además, un factor de fondo que selló su decadencia. Durante siglos, Uplistsije había prosperado como nudo de la Ruta de la Seda, pero el comercio y las rutas fueron cambiando, y ciudades como Tiflis, mejor situadas para la nueva época, concentraron la vida económica y política del país. La ciudad rupestre, que en su origen debía tanto a su papel de santuario y de mercado, se quedó sin ambas funciones. Los terremotos, frecuentes en la región, hicieron el resto, derrumbando muchas de sus estructuras talladas a lo largo de los siglos.
Así, un lugar que había estado habitado sin interrupción durante más de tres mil años quedó reducido a un conjunto de cuevas vacías, azotadas por el viento sobre el río. Durante la Baja Edad Media y la época moderna, Uplistsije fue poco más que un curioso vestigio del pasado, un cementerio de piedra que los pastores y campesinos de la zona conocían pero que había perdido toda importancia. Hubo que esperar a los tiempos modernos para que su valor volviera a reconocerse.
En los siglos XIX y, sobre todo, XX, Uplistsije volvió a despertar el interés, esta vez el de los arqueólogos. Las excavaciones sistemáticas, intensificadas en la época soviética, sacaron a la luz la magnitud del yacimiento y su enorme antigüedad, y aportaron un valioso caudal de hallazgos —cerámica, herramientas, monedas, joyas— que hoy ayudan a reconstruir la vida de la ciudad a lo largo de sus tres milenios de historia. Se identificaron las funciones de muchas salas, se estudiaron los sistemas de agua y defensa, y se comprendió el papel que Uplistsije había tenido como uno de los primeros grandes centros urbanos de Georgia.
El reconocimiento de su valor llevó a protegerla como monumento nacional y a incluirla en la Lista Indicativa del Patrimonio Mundial de la Unesco, como candidata a la declaración plena, por su condición de excepcional testimonio de la arquitectura rupestre y de la evolución de una ciudad desde la Edad de Bronce hasta la Edad Media. Se acondicionó para la visita, con un pequeño museo en la entrada, y se convirtió en uno de los destinos arqueológicos más visitados del país.
Hoy, recorrer Uplistsije es una experiencia doble: la del asombro ante la ingeniería de una ciudad vaciada en la roca hace miles de años, y la de la reflexión sobre las capas de historia que atesora, del culto solar pagano al cristianismo, del esplendor comercial a la ruina mongola. Junto con la lejana Vardzia, es la ciudad rupestre más impresionante de Georgia, y su cercanía a Gori y a Tiflis la convierte en una de las visitas más accesibles y sorprendentes para quien quiera tocar los orígenes remotos de este país del Cáucaso.