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Historia de Gori

La fortaleza en la encrucijada de Kartli

Mucho antes de que su nombre quedara ligado para siempre al de un dictador, Gori era conocida por su fortaleza. Sobre una loma rocosa en pleno centro del actual Kartli interior, en el corazón geográfico de Georgia, se levanta desde hace siglos la ciudadela de Goris Tsije, que dominaba el valle del río Mtkvari y la ruta que unía el este y el oeste del país. Quien controlaba esta colina controlaba un paso clave, y por eso Gori fue plaza militar codiciada desde tiempos remotos.

La zona estaba habitada desde muchísimo antes, como demuestra la vecina Uplistsije, la ciudad tallada en la roca a pocos kilómetros, que tiene más de tres mil años. La propia Gori aparece en las crónicas medievales georgianas: la tradición atribuye la fundación o fortificación de la ciudad al rey David IV 'el Constructor' en el siglo XII, aunque el asentamiento es más antiguo. En los siglos siguientes, la fortaleza cambió de manos una y otra vez entre los reinos georgianos y los imperios que se disputaban el Cáucaso.

Durante la larga época en que Georgia quedó atrapada entre la Persia safávida y el Imperio otomano, Gori fue tomada por los persas y por los turcos en distintos momentos, y también sirvió de refugio y de base a los reyes georgianos. Su fortaleza fue reconstruida, dañada por terremotos y vuelta a levantar. Cuando el Imperio ruso anexó Georgia a comienzos del siglo XIX, Gori se convirtió en una tranquila ciudad de provincia de Transcaucasia, cabeza de su distrito, sin sospechar el papel que un hijo suyo estaba a punto de darle en la historia del mundo.

Wikipedia (EN) — «Gori, Georgia»: https://en.wikipedia.org/wWikipedia (EN) — «Gori Fortress»: https://en.wikipedia.org/wWikipedia (EN) — «Shida Kartli»: https://en.wikipedia.org/wi

1878: el niño de la casa de una habitación

El 18 de diciembre de 1878 (6 de diciembre según el calendario juliano; el propio interesado falsearía después la fecha), en una humildísima casa de una sola habitación y un sótano en Gori, nació Iósif Vissariónovich Dzhugashvili. Su padre, Besarion 'Beso' Dzhugashvili, era un zapatero de carácter violento y vida marcada por el alcohol; su madre, Ketevan 'Keke' Geladze, una lavandera y costurera profundamente religiosa que adoraba a su único hijo superviviente y soñaba con verlo convertido en sacerdote.

El pequeño Soso, como lo llamaban, tuvo una infancia dura: pobreza, una viruela que le dejó la cara marcada, un accidente que le dañó un brazo, y un padre que acabó abandonando a la familia. Gracias al empeño de su madre, entró en la escuela eclesiástica de Gori, donde fue un alumno brillante, y luego en el seminario ortodoxo de Tiflis, destinado al sacerdocio. Pero en la capital, en vez de ordenarse, el joven Dzhugashvili se sumergió en la lectura de Marx y en los círculos revolucionarios clandestinos, y fue expulsado del seminario.

Comenzaba así la carrera de quien, tras años de agitación, cárcel y destierros en Siberia, adoptaría el nombre de guerra de Stalin —'el hombre de acero'— y ascendería en el Partido Bolchevique hasta convertirse, tras la muerte de Lenin, en el amo absoluto de la Unión Soviética. Que aquel dictador que llegó a gobernar sobre un sexto de la superficie del planeta hubiera nacido en semejante pobreza, en un rincón de provincia de Georgia, es una de las paradojas más asombrosas del siglo XX. Y Gori, para bien y para mal, quedaría marcada por ello.

Wikipedia (EN) — «Joseph Stalin»: https://en.wikipedia.org/wWikipedia (EN) — «Early life of Joseph Stalin»: https://en.wWikipedia (EN) — «Gori, Georgia»: https://en.wikipedia.org/w

El dictador y su sombra: una memoria que pesa

Durante casi tres décadas, desde mediados de los años veinte hasta su muerte en 1953, Stalin ejerció un poder personal y despiadado sobre la Unión Soviética. Su régimen dejó una estela de terror difícil de abarcar: la colectivización forzosa del campo provocó hambrunas masivas —como el Holodomor en Ucrania— que mataron a millones; las 'purgas' y el Gran Terror de los años treinta enviaron a millones de personas a los campos de trabajo del Gulag o directamente al pelotón de fusilamiento, muchas de ellas por delitos inventados; deportaciones enteras de pueblos, ejecuciones y una atmósfera de miedo omnipresente. Las estimaciones de las víctimas mortales del estalinismo se cuentan por millones. Al mismo tiempo, bajo su mando la URSS se industrializó a marchas forzadas y derrotó a la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial, a un costo humano gigantesco. Este texto no pretende resumir esa figura, sino situar la ciudad que lo vio nacer.

Esa doble condición —el hijo célebre y el criminal a escala histórica— es la que convierte a Gori en un lugar incómodo. Bajo el poder soviético, y muy en especial durante la vida de Stalin y en los años inmediatamente posteriores, la ciudad cultivó con orgullo su condición de cuna del líder. La casita natal fue monumentalizada bajo un templete de mármol, y en 1957 se inauguró el gran Museo de Stalin, un edificio solemne de estilo estalinista concebido como homenaje glorificador, en pleno culto a la personalidad, apenas un año después de que el propio sucesor de Stalin, Nikita Jruschov, denunciara sus crímenes ante el Partido.

Con el fin de la URSS y la independencia de Georgia, esa memoria se volvió un problema abierto. ¿Qué hacer con el museo, con la estatua, con la avenida que lleva su nombre? El país se dividió entre quienes ven a Stalin como un monstruo ajeno, forjado por el sistema soviético, y una minoría nostálgica que todavía lo reivindica como un georgiano que llegó a lo más alto. El museo mantuvo durante años su tono antiguo, casi sin mención de las víctimas, lo que le valió duras críticas internacionales; solo recientemente incorporó un modesto espacio sobre la represión. Recorrerlo hoy es, más que otra cosa, una lección sobre cómo se fabrica un culto y sobre lo difícil que resulta a un pueblo mirar de frente a su hijo más terrible.

Wikipedia (EN) — «Joseph Stalin»: https://en.wikipedia.org/wWikipedia (EN) — «Joseph Stalin Museum, Gori»: https://en.wiWikipedia (EN) — «Great Purge»: https://en.wikipedia.org/wik

La estatua que se retiró de noche

Ningún episodio ilustra mejor el pulso de Georgia con la memoria de Stalin que el de su gran estatua en la plaza central de Gori. Durante décadas, una imponente efigie de bronce del dictador presidió el corazón de la ciudad: era una de las últimas grandes estatuas de Stalin que seguían en pie en el espacio público del mundo, mucho después de que la mayoría hubieran sido derribadas en el resto del antiguo bloque soviético.

En junio de 2010, dos años después de la guerra con Rusia y en un contexto de fuerte giro pro occidental del gobierno georgiano de entonces, las autoridades decidieron retirarla. Lo hicieron de madrugada, casi a escondidas, para evitar incidentes con los vecinos que aún la defendían. La retirada provocó protestas de un sector de la población local y un debate nacional: para unos era un acto de higiene democrática largamente debido; para otros, un atropello a la historia y a la identidad de la ciudad. Hubo incluso promesas, nunca del todo cumplidas de manera pacífica, de reinstalarla en otro lugar.

Ese pedestal vacío en la plaza de Gori es, quizá, el monumento más elocuente de la ciudad: la ausencia como símbolo. Refleja una sociedad todavía dividida, que no ha cerrado del todo su ajuste de cuentas con el pasado soviético. Mientras Tiflis abría un Museo de la Ocupación Soviética para condenar aquel régimen, Gori seguía conviviendo con el museo homenaje a su artífice. Esa tensión, lejos de resolverse, forma parte de lo que hace de Gori una visita que da que pensar.

Wikipedia (EN) — «Gori, Georgia»: https://en.wikipedia.org/wWikipedia (EN) — «Joseph Stalin Museum, Gori»: https://en.wi

2008 y hoy: la guerra a las puertas y la ciudad viva

La historia reciente volvió a golpear a Gori en agosto de 2008. La ciudad está a solo unos treinta kilómetros de Tsjinvali, capital de la región separatista de Osetia del Sur, y cuando estalló la breve pero intensa guerra entre Georgia y Rusia, Gori quedó en la línea de fuego. Fue bombardeada por la aviación rusa —con víctimas civiles, entre ellas periodistas— y ocupada durante varios días por tropas rusas, que se retiraron después hacia la línea de Osetia del Sur. La guerra dejó desplazados, daños y un trauma que todavía se recuerda.

Desde entonces, la 'frontera' de facto con Osetia del Sur, custodiada por fuerzas rusas y no reconocida por casi ningún país, quedó a pocos kilómetros de Gori. Es una herida abierta de la geopolítica del Cáucaso: Georgia considera Osetia del Sur (y Abjasia) territorio ocupado, y la línea de demarcación, a veces movida de facto por las autoridades de ocupación, es motivo de tensión constante. Para el viajero, esto no supone peligro en la propia Gori, pero sí conviene no acercarse a la zona limítrofe sin información local.

Más allá de su carga histórica, Gori es hoy una ciudad de provincia tranquila y habitada, de unos 45.000 vecinos que hacen su vida a la sombra de una fama que la desborda. Se reconstruyó tras la guerra, mantiene su museo y su fortaleza, y sirve de base para visitar la extraordinaria Uplistsije, una ciudad tallada en la roca hace tres mil años que ofrece un contrapunto luminoso a la pesada memoria del siglo XX. Visitar Gori es enfrentarse a las capas de la historia georgiana: la milenaria, la del terror soviético y la de un conflicto que sigue latente al norte, todo en una misma parada del camino hacia el oeste.

Wikipedia (EN) — «Russo-Georgian War»: https://en.wikipedia.Wikipedia (EN) — «Gori, Georgia»: https://en.wikipedia.org/wWikipedia (EN) — «South Ossetia»: https://en.wikipedia.org/w

📚 Bibliografía

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