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Historia de Santuario de Fauna de Mlilwane

'Pequeño fuego': el nombre y su significado

El nombre Mlilwane significa 'pequeño fuego' en siSwati, y tiene un origen literal: los rayos que caían con frecuencia sobre la colina de Mlilwane provocaban pequeños incendios en la hierba. Con el tiempo, sin embargo, ese nombre adquirió un sentido simbólico mucho más profundo: Mlilwane es 'el pequeño fuego' que encendió todo el movimiento conservacionista de Eswatini, la chispa a partir de la cual se salvó la fauna del reino.

A comienzos del siglo XX, la fauna salvaje de Suazilandia estaba al borde del colapso. La caza descontrolada, la expansión de la agricultura, la ganadería y la minería habían diezmado las poblaciones de animales que antaño abundaban en el reino. Especies que habían sido comunes desaparecían una tras otra, y el paisaje swazi se vaciaba de vida salvaje.

En ese contexto sombrío surgió la figura clave de esta historia: Ted Reilly. Su padre, Mickey Reilly, se había instalado en la propiedad de Mlilwane en 1906, cuando era una granja multiusos. Ted creció allí, en contacto directo con la naturaleza swazi, y fue testigo del declive de la fauna. Esa experiencia marcaría el resto de su vida y, con ella, la historia de la conservación en el reino.

https://en.wikipedia.org/wiki/Mlilwane_Wildlife_Sanctuaryhttps://biggameparks.org/properties/mlilwane-wildlife-sanctu

Ted Reilly y la fundación del santuario (1961)

En 1961, Ted Reilly tomó una decisión que cambiaría la historia natural de Eswatini: convertir la granja familiar de Mlilwane en un santuario de fauna. Fue una apuesta considerada por muchos un 'sueño imposible'. Reilly recorrió el país rescatando los animales que quedaban —antes de que la caza los exterminara del todo— y los llevó a Mlilwane para reconstruir allí las poblaciones perdidas.

La tarea fue titánica. Reilly emprendió una enorme operación de reforestación, plantando árboles y hasta tocones muertos para las especies que anidan en huecos. Creó un sistema de humedales —hoy conocido como el Hippo Pool—, construyó represas, abrió acequias y estableció plantas acuáticas, recreando ecosistemas donde antes solo había campos de cultivo. Poco a poco, la vieja granja se transformó en un refugio para la vida salvaje.

Mlilwane se convirtió así en la primera área protegida de Eswatini, proclamada en 1961, y en el símbolo de lo que puede lograrse cuando se combinan pasión, visión y acción. Aquel 'pequeño fuego' inicial no se apagó: al contrario, se propagó y encendió toda una cultura de conservación en el reino.

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De Mlilwane a Big Game Parks

El éxito de Mlilwane fue el punto de partida de una obra conservacionista mucho más amplia. Ted Reilly y su familia extendieron su labor a otras áreas del reino, con el respaldo de la monarquía swazi, especialmente del rey Sobhuza II, muy interesado en proteger la fauna. Así nació la organización Big Game Parks, un trust sin fines de lucro que hoy gestiona tres reservas emblemáticas: el propio Mlilwane, el Parque Nacional Hlane Royal y la Reserva de Mkhaya.

Mientras Mlilwane se especializaba en fauna sin grandes depredadores —lo que permite recorrerlo a pie, en bici o a caballo—, Hlane se convirtió en el hogar de leones, elefantes y rinocerontes, y Mkhaya en un santuario de especies amenazadas, sobre todo del rinoceronte negro. Big Game Parks también asumió un papel central en la lucha contra la caza furtiva, con leyes estrictas y unidades antifurtivos que convirtieron a Eswatini en un referente regional en protección del rinoceronte.

Mlilwane siguió siendo el buque insignia y el rostro más accesible de esa obra: el lugar donde el visitante puede caminar entre cebras y antílopes, dormir en chozas colmena junto al Hippo Pool y sentir de cerca la naturaleza swazi. La 'granja imposible' se transformó en el destino ecológico más popular del reino, tanto para locales como para viajeros de todo el mundo.

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La montaña Nyonyane y la memoria de la tierra

El paisaje de Mlilwane está dominado por la montaña Nyonyane y su característico pico de granito expuesto, conocido como Execution Rock ('roca de la ejecución'), a unos 1.110 metros de altura. Este lugar guarda una memoria mucho más antigua que el santuario: en sus alturas vivieron antiguos cazadores-recolectores san (bosquimanos), los primeros habitantes de la región, y allí se encuentran también tumbas reales swazi, lo que le da un profundo significado histórico y espiritual.

Su nombre proviene de una leyenda sombría: según la tradición, a quienes eran acusados de brujería o de crímenes se los obligaba a caminar hasta el borde del peñón y saltar al vacío, a punta de lanza. Historias como esta recuerdan que Mlilwane no es solo un espacio natural, sino también un territorio cargado de memoria humana, donde se cruzan la prehistoria san, la historia de la realeza swazi y la epopeya conservacionista del siglo XX.

Así, subir a Nyonyane no es solo una caminata con vistas panorámicas del Valle de Ezulwini: es también asomarse a las distintas capas de la historia del reino. La montaña vigila el santuario como un testigo silencioso de los milenios que precedieron al 'pequeño fuego' de Ted Reilly.

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Mlilwane hoy: la cuna del conservacionismo swazi

Más de seis décadas después de su fundación, Mlilwane es a la vez un santuario de fauna y un monumento vivo a la historia de la conservación en Eswatini. Sus 4.560 hectáreas de sabana, colinas y humedales albergan cebras, ñus, antílopes, facóqueros, hipopótamos, cocodrilos y una rica avifauna, en un entorno donde el visitante puede moverse a pie, en bicicleta o a caballo como en pocos lugares de África.

El santuario se ha convertido en el destino ecológico más popular del reino, y en la puerta de entrada a la naturaleza swazi para miles de visitantes cada año. Su modelo —una reserva accesible, cercana al Valle de Ezulwini, que combina turismo, educación ambiental y conservación— ha sido clave para que la protección de la fauna sea vista como un valor por la sociedad swazi.

Visitar Mlilwane es, por eso, mucho más que ver animales: es recorrer el lugar donde empezó todo, la 'granja imposible' que Ted Reilly transformó en santuario y que encendió el 'pequeño fuego' del conservacionismo en Eswatini. Un fuego que, lejos de apagarse, sigue ardiendo hoy en las reservas de todo el reino.

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📚 Bibliografía

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