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Historia de Ras al Khaimah

Julfar: el gran puerto de las perlas y los navegantes

Mucho antes de que existieran los Emiratos, de que se levantara un solo rascacielo o de que se descubriera una gota de petróleo, esta esquina norte de la península Arábiga ya era un lugar con nombre propio y fama en medio mundo. La zona de Ras al Khaimah está habitada desde hace más de 7.000 años —las excavaciones en yacimientos como Shimal han sacado a la luz tumbas, cerámica y herramientas de la Edad del Bronce—, lo que la convierte en una de las regiones con ocupación humana más antigua de todo el país.

Pero su época dorada tiene un nombre: Julfar. Durante siglos, Julfar fue uno de los puertos más importantes del sur del golfo Pérsico, un bullicioso centro de comercio, pesca, construcción de barcos y, sobre todo, de perlas. Los geógrafos árabes medievales lo describían como una ciudad próspera que exportaba dátiles, perlas y cerámica y recibía a mercaderes de la India y Persia. Su cerámica llegó a ser célebre en toda la región. Era un cruce de caminos marítimos donde se cruzaban culturas, lenguas y mercancías.

De estas costas de grandes marinos salió, según la tradición, uno de los navegantes árabes más legendarios: Ahmad ibn Majid, el gran maestro de la navegación del siglo XV, autor de tratados náuticos y al que algunos relatos vinculan con el viaje de Vasco da Gama a la India. Sea leyenda o historia, la figura resume el espíritu de Julfar: un lugar de mar, de barcos y de hombres que conocían las estrellas y los monzones. Esa herencia marinera es la raíz profunda de Ras al Khaimah.

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Los Qawasim: una potencia marítima frente al Imperio británico

A comienzos del siglo XVIII surgió en Ras al Khaimah y Sharjah la dinastía Al Qasimi (los Qawasim, en plural), una familia que llegaría a construir una de las mayores potencias marítimas de la región. Con una gran flota y posesiones a ambos lados del Golfo —en la costa árabe y en la persa—, los Qawasim controlaban el comercio, la pesca de perlas y las rutas marítimas del estrecho de Ormuz, la puerta del Golfo. Ras al Khaimah se convirtió en el corazón de ese poder naval.

Ese dominio los puso en rumbo de colisión con el Imperio británico, que buscaba controlar las rutas hacia la India y proteger a la Compañía de las Indias Orientales. Los británicos acusaron a los Qawasim de piratería contra sus barcos —una versión discutida por los historiadores locales, que la ven más como una guerra por el control comercial— y bautizaron a toda la zona, con inquina, como la 'Costa de los Piratas'. La tensión escaló durante años, con ataques, bloqueos y expediciones de castigo.

El choque final llegó en 1819. Una gran expedición militar británica desembarcó en la costa y arrasó Ras al Khaimah y los puertos vecinos. El último bastión en resistir fue el fuerte de Dhayah, encaramado en un cerro sobre un palmeral: allí, unos 398 hombres, junto a unas 400 mujeres y niños, aguantaron tres días de bombardeo con morteros y cañones, sin agua ni refugio del sol, antes de rendirse. La caída de Dhayah puso fin al poder militar de los Qawasim. Al año siguiente, en 1820, los jeques de la costa firmaron con Gran Bretaña el Tratado Marítimo General, que inauguró la época de los Estados de la Tregua (Trucial States).

Wikipedia (EN) — «History of Ras Al Khaimah»: https://en.wikWikipedia (EN) — «Dhayah Fort»: https://en.wikipedia.org/wikBritannica — «Ras al-Khaimah»: https://www.britannica.com/pl

Los Estados de la Tregua y el ocaso de las perlas

Tras el tratado de 1820, Ras al Khaimah entró en la larga era de los Estados de la Tregua, ese conjunto de pequeños emiratos de la costa que quedaron bajo la protección de Gran Bretaña. A lo largo del siglo XIX, sucesivos acuerdos —culminados en el tratado de 1892— cedieron a Londres el manejo de las relaciones exteriores y la defensa a cambio de protección. Los británicos controlaban el mar y la política exterior, pero no colonizaban directamente ni se metían demasiado en la vida interna. Durante buena parte de este período, Ras al Khaimah estuvo administrativamente ligada a Sharjah, hasta que a comienzos del siglo XX afirmó de nuevo su independencia bajo su propia rama de los Al Qasimi.

La vida cotidiana seguía girando en torno al mar y la tierra: la pesca, el buceo de perlas, la agricultura en los fértiles wadis y palmerales al pie de las montañas, y el comercio a través del Golfo. Ras al Khaimah, con sus montañas, su costa y sus oasis, tenía una economía algo más diversa que la de otros emiratos puramente costeros, pero igual de dependiente de los ciclos del clima y del mar.

Y, como en toda la costa, el golpe demoledor llegó con el colapso de las perlas. En los años veinte y treinta del siglo XX, la Gran Depresión mundial hundió la demanda de lujo, y la invención en Japón de la perla cultivada, mucho más barata, arruinó el mercado de la perla natural del Golfo. La principal fuente de riqueza de siglos se evaporó en pocos años. Ras al Khaimah, como sus vecinos, entró en un período de pobreza extrema y emigración, esperando el vuelco que traería la segunda mitad del siglo.

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1972: el séptimo emirato de la federación

El gran giro llegó a mediados del siglo XX. El descubrimiento de petróleo en Abu Dabi en 1958, y poco después en Dubái, empezó a transformar la región. Pero el hecho decisivo fue político: en 1968, Gran Bretaña anunció que se retiraría del Golfo hacia 1971, y los pequeños emiratos, acostumbrados a su protección, tuvieron que decidir su futuro. Se abrió un intenso período de negociaciones para crear una federación, impulsado por el jeque Zayed bin Sultan Al Nahyan, de Abu Dabi, y el jeque Rashid, de Dubái.

Cuando el 2 de diciembre de 1971 nacieron los Emiratos Árabes Unidos, con seis emiratos fundadores, Ras al Khaimah no se sumó de inmediato. Su gobernante, el jeque Saqr bin Mohammed Al Qasimi —una figura fuerte que gobernó el emirato durante más de medio siglo, de 1948 a 2010—, dudó al principio, en parte por la esperanza de encontrar petróleo propio y por reivindicaciones sobre unas islas del Golfo. Pero pocas semanas después, tras sopesar el aislamiento que suponía quedar fuera, tomó la decisión: el 10 de febrero de 1972, Ras al Khaimah ingresó en la federación como el séptimo y último emirato, completando el país tal como lo conocemos hoy.

Bajo el largo gobierno del jeque Saqr y, después, de su hijo, Ras al Khaimah se benefició del desarrollo general de la unión: escuelas, hospitales, carreteras, agua y electricidad transformaron la vida en apenas una generación. Sin grandes recursos petroleros, el emirato apostó por otras vías: la industria (es famoso por sus canteras y su cemento), la cerámica —la marca RAK Ceramics es líder mundial—, y, sobre todo, el turismo de naturaleza y aventura, aprovechando su combinación única de mar, montaña y desierto.

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Ras al Khaimah hoy: naturaleza, aventura y récords

El Ras al Khaimah del siglo XXI ha encontrado una identidad clara y distinta a la del resto del país: si Dubái es la ciudad de los rascacielos y Abu Dabi la de la cultura y el poder, RAK es el emirato de la naturaleza y la aventura. Sin el petróleo abundante de sus vecinos, se apoyó en su industria (cerámica, cemento, canteras) y en un turismo que explota su mayor tesoro: la asombrosa variedad de paisajes que caben en un territorio pequeño. En pocas horas se pasa de la playa a la montaña y de la montaña al desierto.

Su gran apuesta ha sido el Jebel Jais, la montaña más alta del país, transformada en un polo de aventura con miradores, una carretera panorámica espectacular y, sobre todo, la tirolesa más larga del mundo, reconocida por el récord Guinness. A eso se suman los grandes resorts de playa de Al Marjan Island y Al Hamra —a menudo más económicos que los de Dubái—, los safaris en el desierto, los manglares para el kayak y un patrimonio histórico de primer nivel: el fuerte de Dhayah, las ruinas de Julfar, los yacimientos milenarios y el Museo Nacional. El emirato busca activamente diferenciarse como destino de turismo activo, familiar y de naturaleza.

Ras al Khaimah sigue gobernada por la dinastía Al Qasimi y vive un momento de fuerte crecimiento, con nuevos proyectos turísticos e inmobiliarios en marcha, incluida la construcción de grandes complejos de ocio en sus islas. Para el viajero, es la cara del Emiratos que muchos no esperan: la de las montañas y los cañones, las perlas y los navegantes de Julfar, los fuertes en lo alto de los cerros y la adrenalina de volar sobre un precipicio. Un emirato donde la historia más antigua del país y sus récords más modernos conviven a pocos kilómetros de distancia.

Wikipedia (EN) — «Ras Al Khaimah»: https://en.wikipedia.org/Visit Jebel Jais (oficial): https://visitjebeljais.com/Britannica — «Ras al-Khaimah»: https://www.britannica.com/pl

📚 Bibliografía

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