A diferencia de casi todos los destinos de los Emiratos, la historia 'turística' de la isla Yas es sorprendentemente corta: apenas un par de décadas. Hasta comienzos del siglo XXI, Yas era una isla mayormente desértica y de manglares frente a la costa de Abu Dabi, con muy poca actividad humana: naturaleza, marismas, algo de pesca y poco más. No había aquí ni oasis milenarios, ni fuertes, ni zocos: la isla era, en la práctica, una hoja en blanco.
Esa condición de 'lienzo vacío' resultó, paradójicamente, su gran oportunidad. Cuando Abu Dabi decidió a mediados de los años 2000 apostar fuerte por el turismo y el ocio como parte de su estrategia para diversificar la economía más allá del petróleo, necesitaba un lugar donde construir a lo grande, sin las limitaciones de una ciudad histórica. La isla Yas, extensa, llana, cerca de la ciudad y pegada al futuro aeropuerto, era perfecta.
Así, lo que en Al Ain o en el Viejo Dubái es historia de miles de años, en Yas es historia de un plan maestro reciente. La isla se convirtió en el gran experimento de la 'economía del entretenimiento' de Abu Dabi: la prueba de que, con dinero y ambición, se podía crear de la nada uno de los polos de ocio más importantes del mundo. Su historia es, en el fondo, la historia de una idea llevada a la práctica a toda velocidad.
El nacimiento de la Yas moderna se sitúa hacia 2006-2007, cuando el gobierno de Abu Dabi, a través de su gran desarrolladora inmobiliaria Aldar Properties, lanzó un megaproyecto para transformar la isla en un destino turístico y de ocio de talla mundial. La visión era ambiciosa: reunir en un mismo lugar deporte de motor, parques temáticos, hoteles, compras, playa y golf, todo conectado y pensado para atraer visitantes de todo el mundo.
Este plan formaba parte de una estrategia mayor de Abu Dabi, plasmada en su visión de desarrollo a largo plazo, para reducir la dependencia del petróleo y construir una economía diversificada apoyada en el turismo, la cultura y los servicios. Mientras la isla de Saadiyat se reservaba para los grandes museos (el Louvre, el futuro Guggenheim), la isla Yas se destinaba al entretenimiento y el deporte. Eran las dos caras —cultura y ocio— de una misma apuesta.
La construcción avanzó a un ritmo vertiginoso, típico de los Emiratos. En pocos años, sobre la isla casi vacía surgieron un circuito internacional, parques temáticos gigantes, hoteles de lujo, un enorme centro comercial y toda la infraestructura necesaria. Yas se convirtió en un ejemplo de cómo el modelo de desarrollo del Golfo —planificación estatal, inversión masiva y velocidad de ejecución— podía crear de cero un destino que a otros países les habría llevado generaciones.
El hito que puso a la isla Yas en el mapa mundial fue la Fórmula 1. En 2009 se inauguró el circuito de Yas Marina, un trazado moderno y espectacular diseñado para albergar el Gran Premio de Abu Dabi, que ese mismo año entró en el calendario de la Fórmula 1. La primera carrera, en noviembre de 2009, fue la primera de la historia del automovilismo en disputarse con salida de día y llegada de noche, gracias a un avanzado sistema de iluminación: un espectáculo pensado para deslumbrar.
El circuito se convirtió enseguida en un símbolo: su diseño serpenteante junto a la marina, su paso por debajo del hotel Yas (hoy W Abu Dhabi), que se levanta a caballo sobre la pista con su fachada iluminada, y su ambiente de gala hicieron del Gran Premio de Abu Dabi una de las citas más glamorosas del calendario. Con los años, la carrera pasó a cerrar habitualmente la temporada mundial, convirtiéndose en el gran final del campeonato, con desenlaces de título memorables.
Más allá de la carrera anual, el circuito ancló la identidad de la isla: Yas se volvió sinónimo de velocidad y de motor. Ese mismo espíritu inspiró la siguiente gran apuesta, que llegaría solo un año después y llevaría el nombre de la marca de autos deportivos más famosa del mundo. La Fórmula 1 fue la chispa que encendió toda la maquinaria de ocio de la isla.
En 2010, apenas un año después del circuito, abrió Ferrari World Abu Dhabi: el primer parque temático dedicado a Ferrari en el mundo, cubierto por un descomunal techo rojo con el logo del caballito rampante más grande jamás construido. Su atracción estrella, Formula Rossa, se convirtió de inmediato en la montaña rusa más rápida del planeta, capaz de alcanzar 240 km/h. Ferrari World fue la confirmación de que Yas apostaba por los récords y los superlativos como marca de identidad.
A partir de ahí, la isla se llenó de grandes proyectos de ocio, uno tras otro. En 2013 abrió Yas Waterworld, un enorme parque acuático temático con toboganes de récord y una historia ambientada en el folclore emiratí. En 2018 llegó Warner Bros. World Abu Dhabi, uno de los parques temáticos totalmente cubiertos más grandes del mundo, con los superhéroes de DC y los dibujos animados clásicos. Y en 2023 se inauguró SeaWorld Abu Dhabi, un moderno parque marino que alberga el que se considera el mayor acuario del mundo por volumen de agua, junto a un importante centro de rescate e investigación.
A todo esto se sumaron el Yas Mall (uno de los mayores centros comerciales de la capital), hoteles de lujo, la playa de Yas, campos de golf de primer nivel y atracciones de adrenalina como CLYMB, con el túnel de vuelo indoor más grande del mundo. En poco más de una década, la isla acumuló una colección de récords mundiales difícil de igualar. Cada nueva apertura buscaba superar a la anterior, en una carrera de superlativos muy propia del Golfo.
En apenas unos quince años, la isla Yas pasó de ser un pedazo de desierto y manglares a convertirse en uno de los destinos de ocio más visitados del mundo, que atrae cada año a millones de personas de los Emiratos, del Golfo y de todo el planeta. Figura de forma habitual entre los principales destinos de entretenimiento a nivel global, y es una pieza clave del turismo de Abu Dabi y de su estrategia de diversificación económica.
La isla se ha consolidado como un destino completo, pensado para todo tipo de visitantes: familias con chicos que pasan días enteros entre parques, fanáticos del automovilismo que peregrinan al Gran Premio, buscadores de adrenalina, amantes del golf y de la playa, y viajeros en escala que aprovechan la cercanía del aeropuerto. Sus hoteles, su shuttle gratuito y sus pases combinados están diseñados para que la gente se quede varios días.
Como todo el modelo del Golfo, Yas representa una forma muy particular de crear turismo: no a partir de la historia o la naturaleza, sino de la inversión, la planificación y la ambición de construir lo más grande y lo más rápido. Para el viajero, la isla es la prueba palpable de esa lógica: un lugar donde, hace apenas veinte años, no había prácticamente nada, y donde hoy rugen los Fórmula 1, gira la montaña rusa más veloz del mundo y late el mayor acuario del planeta. La historia de Yas es, en el fondo, la historia de la Abu Dabi que decidió apostar por el mañana.