Ajman es el más pequeño de los siete emiratos que forman los Emiratos Árabes Unidos: apenas unos 260 kilómetros cuadrados, un pañuelo de tierra encajado entre Sharjah y el golfo Pérsico. Y, sin embargo, su historia condensa la de toda esta costa, un relato de mar, perlas y supervivencia en uno de los ambientes más duros del planeta. Antes del petróleo, antes de los rascacielos, antes incluso de que existiera la idea de 'Emiratos', acá había un puñado de casas de barro y palma junto a una laguna, y una comunidad que vivía de lo único que ofrecía el mar.
Esa vida giraba en torno a tres actividades: la pesca, la construcción de barcos y, sobre todo, el buceo en busca de perlas. Durante siglos, el Golfo fue el gran banco perlífero del mundo. Cada verano, los hombres se embarcaban durante meses en los dhows —esos barcos de madera de vela triangular— y se sumergían una y otra vez, sin equipo, a pulmón, con una pinza en la nariz y una piedra atada al pie, para arrancar del fondo las ostras que quizás escondían una perla. Era un trabajo agotador y peligroso, con tiburones, presión y jornadas interminables, y del que dependía toda la economía de la costa.
La laguna (creek) de Ajman era, además, un abrigo natural ideal para construir y reparar esos barcos. Por eso Ajman desarrolló una tradición de carpintería naval que sigue viva hasta hoy: en su astillero todavía se arman dhows a mano, casi como hace dos siglos. La geografía —una lengua de agua protegida, una playa, el desierto detrás— explica por qué la gente se asentó ahí y por qué el mar fue siempre el centro de todo.
El Ajman moderno nace a comienzos del siglo XIX. Hacia 1810, un grupo de la tribu Al Nuaim, liderado por el jeque Rashid bin Humaid Al Nuaimi, se estableció de forma permanente junto a la laguna y tomó el control del pequeño puerto pesquero. Desde entonces, la dinastía Al Nuaimi gobierna Ajman de manera ininterrumpida: es una de las familias reinantes más antiguas del país, y sus descendientes siguen siendo los emires del lugar hoy.
En aquel tiempo, la costa del sur del Golfo era un mosaico de pequeños jeques tribales que competían y se aliaban por el control de los puertos, las aguas de buceo de perlas y las rutas comerciales. Ajman, chico y sin grandes recursos, sobrevivía gracias a la pesca, las perlas y su astillero, y muchas veces quedaba bajo la sombra de vecinos más poderosos, como los Al Qasimi de Sharjah y Ras al Khaimah. Para afirmarse, la comunidad se protegió tras un fuerte de piedra de coral y barro: el mismo edificio del siglo XVIII que hoy alberga el Museo de Ajman y que fue durante generaciones residencia de la familia gobernante y centro del poder.
La vida era austera y dependía por completo de los ciclos del mar y del clima. Un buen año de perlas traía prosperidad; una mala temporada, o la aparición de enfermedades y tormentas, podía significar hambre. Aun así, se fue forjando una identidad propia, con sus costumbres, su hospitalidad y su fuerte sentido tribal, que todavía marca el carácter tranquilo y familiar del emirato.
A comienzos del siglo XIX, el sur del golfo Pérsico era conocido en Europa como la 'Costa de los Piratas', por los ataques de las flotas locales —sobre todo de los Al Qasimi— al comercio marítimo británico e indio. En 1819, una gran expedición militar británica arrasó los puertos de la costa, y al año siguiente los jeques de la región, Ajman entre ellos, firmaron un tratado con Gran Bretaña que ponía fin a las hostilidades en el mar. Fue el inicio de una larga relación que daría nombre a toda la zona: los Estados de la Tregua (Trucial States).
A lo largo del siglo, una serie de tratados fue estrechando ese vínculo. En 1892, los jeques firmaron acuerdos por los que cedían a Gran Bretaña el manejo de sus relaciones exteriores y su defensa, a cambio de protección. Los británicos no colonizaron directamente el territorio ni se metían demasiado en los asuntos internos, pero controlaban el mar, las costas y la política exterior. Ajman, como los otros pequeños emiratos, quedó así bajo el paraguas británico durante más de siglo y medio, manteniendo su autonomía interna y su dinastía, pero dependiendo de Londres para lo esencial.
El golpe económico más duro llegó en los años veinte y treinta del siglo XX, cuando el negocio de las perlas —el sostén de Ajman y de toda la costa— se derrumbó. Dos factores lo hundieron: la Gran Depresión mundial, que evaporó la demanda de lujo, y sobre todo la invención en Japón de la perla cultivada, mucho más barata, que dejó sin mercado a la perla natural del Golfo. De un día para otro, la principal fuente de ingresos desapareció. Fueron décadas de pobreza extrema, en las que muchas familias emigraron y la región vivió su momento más difícil, justo antes de que todo cambiara para siempre.
El gran giro de la historia llegó a mediados del siglo XX. En 1958 se descubrió petróleo en Abu Dabi, el mayor de los emiratos, y poco después en Dubái, lo que empezó a transformar por completo la economía y las perspectivas de toda la región. Pero el hecho decisivo para Ajman fue político: en 1968, Gran Bretaña anunció que se retiraría de sus posiciones al este de Suez y abandonaría el Golfo hacia 1971. De golpe, los pequeños emiratos, acostumbrados a la protección británica, tuvieron que decidir su futuro.
La respuesta fue la unión. Impulsados sobre todo por el jeque Zayed bin Sultan Al Nahyan, de Abu Dabi, y el jeque Rashid bin Saeed Al Maktoum, de Dubái, los gobernantes de la costa negociaron la creación de una federación. El 2 de diciembre de 1971 nacieron oficialmente los Emiratos Árabes Unidos, formados en principio por seis emiratos: Abu Dabi, Dubái, Sharjah, Ajman, Umm al Quwain y Fujairah. Ras al Khaimah se sumó pocos meses después, a comienzos de 1972, completando los siete. Para Ajman, el emirato más chico y de los más humildes, entrar en la federación fue una decisión de supervivencia y de futuro: significaba compartir la enorme riqueza petrolera de Abu Dabi y sumarse a un proyecto común.
El jeque Zayed se convirtió en el primer presidente del país, un cargo que ejerció hasta su muerte en 2004 y que lo transformó en el 'padre de la nación', figura venerada en todo el territorio, Ajman incluido. La unión trajo estabilidad, infraestructura, escuelas, hospitales y carreteras, y sacó a la región de la pobreza en un tiempo asombrosamente corto. Ajman, sin petróleo propio de peso, se benefició del desarrollo general y encontró su lugar en la federación.
El Ajman del siglo XXI es un emirato pequeño pero en crecimiento, que vive en buena medida pegado al pulso de sus vecinos gigantes. A diferencia de Abu Dabi o Dubái, casi no tiene petróleo, así que su economía se apoya en el comercio, la industria ligera (tiene una zona franca activa), la construcción, los servicios y, cada vez más, el turismo. Su gran ventaja es la ubicación: está a media hora del centro de Dubái, con lo que muchas personas viven en Ajman —donde alquilar es mucho más barato— y trabajan en Dubái o Sharjah, formando parte de una sola gran conurbación costera.
Ese mismo factor lo convirtió en un destino turístico de nicho: playas de arena clara, resorts frente al mar a precios muy por debajo de los de Dubái y un ritmo más tranquilo atraen a familias, a europeos que huyen del invierno y a visitantes del Golfo. Al mismo tiempo, Ajman mantiene su cara auténtica: el astillero donde todavía se construyen dhows a mano, el bullicioso mercado de pescado, el souk tradicional y el viejo fuerte convertido en museo, que preserva la memoria de las perlas y de la vida antes del petróleo.
El gobierno del emirato, todavía en manos de la dinastía Al Nuaimi, apuesta por un desarrollo más mesurado que el de Dubái, con proyectos inmobiliarios frente a la laguna, la marina y una oferta cultural en aumento. Ajman también incluye enclaves en el interior, como el pueblo de montaña de Masfout, en los montes Hajar, que suma naturaleza y senderismo a la oferta costera. Para el viajero, el emirato ofrece justamente lo que a veces falta en el resto del país: escala humana, precios amables y un pedacito del Emiratos de siempre, el de los pescadores y los barcos de madera, a un paso del futuro de cristal y acero de Dubái.