El Parque Nacional de la Comoé es, por su tamaño, una excepción en África Occidental: con más de 1,1 millones de hectáreas, es la mayor área protegida de la región y una de las más grandes del continente. Se extiende por el noreste de Costa de Marfil, en una zona de transición entre el dominio saheliano del norte y el mundo forestal del sur, atravesada de norte a sur por el río Comoé, que le da su nombre y su vida.
Esa posición de bisagra ecológica explica su extraordinaria riqueza de paisajes. En un mismo parque conviven vastas sabanas herbáceas y arboladas, bosques secos, islotes de bosque denso y, sobre todo, los frondosos bosques de galería que acompañan al río Comoé y a sus afluentes. Esta diversidad de hábitats, poco común, es la base de una biodiversidad excepcional y una de las razones de su valor universal.
El río Comoé es el gran eje del parque: sus aguas y sus orillas sostienen hipopótamos, tres especies de cocodrilos y una avifauna riquísima, y atraen a los grandes mamíferos, sobre todo en la estación seca. Alrededor, la sabana inmensa se despliega hasta el horizonte. Este mosaico de ambientes hace de la Comoé un laboratorio natural y un santuario para especies muy diversas.
La protección de la región de la Comoé comenzó en la época colonial francesa. En 1926 se creó en la zona una 'reserva de refugio de fauna del norte', que a lo largo del siglo XX fue ampliándose y cambiando de estatus para salvaguardar sus sabanas y su vida salvaje. Su lejanía y su baja densidad de población ayudaron a preservar un enorme territorio relativamente intacto.
Tras la independencia de Costa de Marfil en 1960, el Estado reforzó la protección de este vasto espacio. En 1968 fue declarado parque nacional, otorgándole el máximo nivel de protección legal, con una superficie que lo convirtió en el parque más grande del país y de África Occidental. La gestión moderna quedaría a cargo, con el tiempo, del Office Ivoirien des Parcs et Réserves (OIPR).
El reconocimiento internacional llegó en 1983, cuando la UNESCO inscribió el Parque Nacional de la Comoé en la lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad, en virtud de su excepcional diversidad de paisajes y de fauna, y de albergar especies raras en un espacio de dimensiones extraordinarias. También fue reconocido como reserva de la biosfera. La Comoé entraba así en el selecto grupo de los grandes santuarios naturales del planeta.
El estatus de Patrimonio de la Humanidad no bastó para proteger a la Comoé de los efectos de la inestabilidad política. A comienzos del siglo XXI, la grave crisis que sacudió a Costa de Marfil golpeó de lleno al parque. La rebelión de 2002 y la guerra civil que partió al país en dos dejaron el norte —donde se encuentra la Comoé— fuera del control efectivo del Estado, y la vigilancia del parque prácticamente se derrumbó.
Sin guardas ni gestión eficaz, la caza furtiva se disparó. Cazadores y traficantes diezmaron la fauna: los elefantes, los grandes antílopes y otras especies emblemáticas sufrieron una matanza que hizo temer su desaparición del parque. La presión del pastoreo y de la agricultura sobre los límites agravó la situación. En 2003, la UNESCO inscribió el Parque Nacional de la Comoé en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro, una señal de alarma internacional sobre el riesgo de perder este tesoro natural.
Durante casi una década, la Comoé estuvo al borde del colapso ecológico, símbolo de cómo los conflictos humanos arrastran también a la naturaleza. La recuperación del parque quedaría ligada a la del propio país: solo con el fin de la guerra y la reunificación de Costa de Marfil en 2011 se abrirían las condiciones para intentar salvarlo.
Con el retorno de la paz, comenzó una intensa labor para rescatar el parque. El OIPR, con el apoyo de socios internacionales —entre ellos la cooperación alemana—, desplegó patrullas antifurtivos, reforzó la vigilancia, rehabilitó infraestructuras (pistas, puestos, instalaciones de recepción) y puso en marcha programas de investigación y de trabajo con las comunidades de la periferia para reducir la presión sobre el parque.
Los resultados fueron notables. Especies emblemáticas que se habían dado casi por perdidas, como el elefante y el chimpancé, empezaron a regenerarse, y los objetivos de conservación de la fauna se fueron alcanzando o superando. La recuperación de la Comoé se convirtió en un caso de éxito de conservación en un contexto de posguerra, citado como ejemplo de resiliencia de la naturaleza cuando se le da protección.
En julio de 2017, la UNESCO anunció que el Parque Nacional de la Comoé salía de la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro, elogiando los esfuerzos de Costa de Marfil en la lucha contra la caza furtiva. Fue un reconocimiento al trabajo de años y una nueva etapa para el parque, que dejaba atrás su época más oscura y podía volver a mirar hacia el futuro, incluido el del ecoturismo.
Recuperado su prestigio, el Parque Nacional de la Comoé trabaja hoy por volver a atraer visitantes. Tras años en que el turismo estuvo prácticamente paralizado, el OIPR y sus socios han impulsado el desarrollo del ecoturismo como herramienta de conservación y de desarrollo local: si el parque genera ingresos y empleo, las comunidades vecinas tienen más razones para protegerlo en lugar de explotarlo.
En ese marco se han abierto o mejorado infraestructuras y circuitos. Al noroeste, la zona de Kafolo, a orillas del río Comoé, cuenta con un lodge de safari que sirve de base clásica para los recorridos. En 2025 se inauguró, además, un nuevo circuito turístico y el campamento de Bania, en el sector este del parque, con casas redondas equipadas pensadas para recibir a los visitantes y relanzar el descubrimiento de este patrimonio natural.
Hoy, recorrer la Comoé en 4x4 con guías del OIPR, observar su fauna en recuperación, sus hipopótamos y cocodrilos en el río y sus más de 500 especies de aves, es una aventura para viajeros que buscan safaris auténticos lejos de los circuitos masivos. El mayor parque de África Occidental, que estuvo al borde del abismo, se ofrece de nuevo al mundo como uno de los grandes tesoros naturales de Costa de Marfil y un símbolo de esperanza para la conservación en la región.