La historia de Bouaké está indisolublemente ligada a la del pueblo baoulé, que domina el centro de Costa de Marfil y del que provino el primer presidente del país, Félix Houphouët-Boigny. Los baoulé son un grupo akan que, según la tradición, emigró en el siglo XVIII desde el reino ashanti, en el actual Ghana, huyendo de guerras de sucesión. Los guiaba la reina Abla Pokou, una de las figuras fundacionales de la memoria marfileña.
La leyenda cuenta que, en su huida hacia el oeste, el pueblo llegó al río Comoé, crecido e infranqueable. Los sacerdotes anunciaron que el espíritu de las aguas solo dejaría pasar al pueblo si se le ofrecía lo más precioso. La reina Pokou, tras un dramático dilema, entregó a su propio hijo a las aguas; entonces —dice el relato— los hipopótamos o los árboles formaron un puente por el que el pueblo cruzó a salvo. Al llegar a la otra orilla, la reina, desgarrada, exclamó 'ba-ou-li': 'el niño ha muerto'. De ahí, según la tradición, el nombre 'baoulé'.
Más allá de la leyenda, los baoulé se asentaron en el centro del país, organizaron reinos y jefaturas y desarrollaron una cultura de gran refinamiento artístico, célebre por sus máscaras y estatuillas. La región donde hoy está Bouaké se convirtió en uno de sus territorios, cruce de rutas comerciales entre el bosque del sur y la sabana del norte.
La Bouaké moderna nació con la colonización francesa a comienzos del siglo XX. Los franceses, que a finales del siglo XIX habían establecido su dominio sobre lo que llamarían Costa de Marfil, instalaron en la zona un puesto militar y administrativo para controlar el centro del país y sus rutas comerciales. La posición estratégica de Bouaké, a medio camino entre la costa y el interior, la convirtió en un punto clave.
El gran motor de su crecimiento fue el ferrocarril. Para explotar los recursos del interior y llegar hasta el actual Burkina Faso, los franceses construyeron la línea que unía el puerto de Abiyán con Uagadugú, y Bouaké se convirtió en una de sus estaciones principales. El tren trajo comercio, trabajadores y desarrollo: la ciudad se transformó en un gran centro de acopio y distribución de productos agrícolas —algodón, cacao, café, ñame— del centro del país.
A lo largo del siglo XX, Bouaké fue creciendo hasta consolidarse como la segunda ciudad de Costa de Marfil, con una industria textil importante, un mercado enorme y una población diversa de baoulé, comerciantes del norte (dioula) y gentes llegadas de todo el país y de la región. Su carnaval, nacido a mediados de siglo, se volvió una de las fiestas más queridas del interior.
El capítulo más dramático de la historia reciente de Bouaké empezó el 19 de septiembre de 2002, cuando un intento de golpe de Estado derivó en una rebelión armada que partió a Costa de Marfil en dos. Las Forces Nouvelles, el movimiento rebelde que agrupaba a soldados amotinados y combatientes del norte, tomaron Bouaké y la convirtieron en su cuartel general y capital de facto de la mitad norte del país, mientras el gobierno mantenía el control del sur desde Abiyán.
Durante casi una década, Bouaké quedó del lado rebelde de una nación dividida por una 'zona de confianza' patrullada por fuerzas internacionales. La ciudad sufrió el aislamiento, la caída de su economía y de su industria, y la degradación de sus infraestructuras; el gran mercado, que ya había ardido en un incendio en 2000, y la vida comercial se resintieron. La crisis marfileña, con sus tensiones étnicas, políticas y en torno a la nacionalidad ('ivoirité'), tuvo en Bouaké uno de sus escenarios centrales.
El conflicto se agravó tras las disputadas elecciones de 2010, que enfrentaron a Laurent Gbagbo y Alassane Ouattara y desembocaron en una breve guerra en 2011. Con el triunfo final de Ouattara y la reunificación del país, Bouaké empezó a pasar página. La ciudad que había sido símbolo de la división se propuso convertirse en símbolo de la reconciliación y la reconstrucción.
Tras el fin de la crisis en 2011, Bouaké inició una etapa de reconstrucción. El Estado y sus socios invirtieron en rehabilitar carreteras, servicios y equipamientos, y la ciudad recuperó poco a poco su papel de gran centro comercial del centro del país. El mercado fue reconstruido y ampliado, con el objetivo de volver a ser uno de los mercados cubiertos más grandes de África Occidental, y la vida económica y cultural volvió a florecer.
El Carnaval de Bouaké, interrumpido durante los años de conflicto, fue recuperado como emblema del renacimiento de la ciudad y de la reconciliación nacional, atrayendo de nuevo a visitantes y devolviendo la alegría a las calles. La reactivación del ferrocarril Abiyán-Uagadugú y las inversiones en la región de Gbêkê apuntalaron esa recuperación.
Bouaké volvió a ser, además, un polo educativo y sanitario del centro del país, con su universidad y sus hospitales, y un cruce imprescindible para quien viaja entre el sur y el norte de Costa de Marfil. La ciudad que había sido epicentro de la guerra se reinventaba como motor del interior, apoyada en su gente trabajadora, su comercio y su rica herencia cultural baoulé.
Más allá de su historia política, Bouaké es sobre todo una capital cultural del centro de Costa de Marfil. Como corazón del país baoulé, es un gran foco del arte akan: sus escultores tallan las célebres máscaras y estatuillas baoulé, admiradas en museos y colecciones de todo el mundo, y sus tejedores mantienen viva la tradición de las telas de algodón. Las aldeas de los alrededores conservan danzas, máscaras y ceremonias ligadas a la vida comunitaria.
La ciudad es también un ejemplo de la convivencia religiosa marfileña, con su Gran Mezquita, sus iglesias y catedrales y las creencias tradicionales, reflejo de una población que mezcla baoulé, comerciantes del norte y gentes de todo el país. Esa diversidad se celebra cada año en el carnaval, donde conviven máscaras tradicionales, música moderna y comparsas de distintas culturas.
Hoy Bouaké se ofrece al viajero curioso como una inmersión en la Costa de Marfil auténtica y profunda: la del interior comercial y agrícola, la de la cultura baoulé, la de los mercados y los maquis. Ciudad de leyenda fundacional, de ferrocarril colonial, de guerra y de reconciliación, Bouaké resume en su historia buena parte de la del país entero.