Mucho antes de convertirse en balneario de moda, la región de Assinie estaba habitada por pueblos ligados a la laguna Aby y al océano. Los éotilé (también llamados vetere o beti) ocupaban las islas y orillas de la laguna, viviendo de la pesca, la recolección y el comercio; su territorio incluía las islas hoy protegidas como Parque Nacional de las Islas Ehotilé, que eran —y siguen siendo— lugares sagrados y de enterramiento de sus ancestros. Junto a ellos, los n'zima (nzema), un pueblo akan emparentado con los de la vecina Costa de Oro (Ghana), se instalaron en la costa como pescadores y comerciantes.
Estas comunidades formaban parte de una densa red de intercambios a lo largo de la costa y las lagunas del golfo de Guinea, comerciando pescado, sal, oro, marfil y productos del interior. La laguna Aby, comunicada con el mar por una barra, era una vía de circulación y un medio de vida, y las aldeas se disponían en sus orillas e islas.
La costa de Assinie, como toda la costa marfileña, era difícil de abordar para los barcos europeos por la peligrosa barra de olas, pero su laguna ofrecía cierto resguardo, lo que la convirtió en uno de los pocos puntos de contacto posibles entre los pueblos locales y los navegantes que recorrían la región desde el siglo XV.
Assinie ocupa un lugar singular en la historia de Costa de Marfil por ser uno de los primeros puntos donde Francia intentó establecerse en esta costa. A fines del siglo XVII, en tiempos de Luis XIV, comerciantes y agentes franceses vinculados a las compañías de comercio se instalaron en Assinie y llegaron a construir un pequeño fuerte, buscando participar en el comercio de oro, marfil y otros productos de la región.
De aquellos contactos nació una de las historias más célebres y novelescas de la época: la del joven africano conocido como Aniaba, llevado a Francia hacia 1687-1688 y presentado en la corte de Luis XIV como un 'príncipe' de Assinie. Aniaba fue educado en Francia, bautizado —se dice que apadrinado por el propio rey— e incluso habría servido en el ejército francés, antes de regresar a su tierra años después. Su figura, entre la historia y la leyenda, alimentó el imaginario francés sobre África y aparece en relatos y obras de la época.
Sin embargo, aquel primer establecimiento francés en Assinie fue efímero: las dificultades del comercio, el clima y la falta de rentabilidad llevaron al abandono de la posición a comienzos del siglo XVIII. Francia no volvería a instalarse con firmeza en la costa marfileña hasta el siglo XIX, pero Assinie quedó en la memoria como el punto donde, mucho antes que en ningún otro lugar del país, se habían cruzado la corona francesa y esta parte de África.
El regreso duradero de Francia a la costa marfileña se produjo en el siglo XIX. En 1842-1843, el almirante Bouët-Willaumez firmó tratados con los jefes locales y estableció posiciones francesas en la costa, entre ellas en Grand-Bassam y en la propia Assinie, sentando las bases de la futura colonia de Costa de Marfil, constituida oficialmente en 1893.
Durante ese período, la región de Assinie y la laguna Aby siguieron siendo un espacio de comercio y de pesca, integrado en la economía colonial. Los productos del interior —aceite de palma, caucho, más tarde café y cacao— y los recursos de la laguna circulaban por estas aguas. La cercanía con la colonia británica de la Costa de Oro (Ghana), justo al este, hacía de esta zona fronteriza un lugar de intercambios y también de contrabando.
Mientras Grand-Bassam y luego Abiyán concentraban la administración y el gran comercio, Assinie permaneció como una zona más rural y lagunar, de aldeas de pescadores n'zima y éotilé. Esa relativa tranquilidad y su entorno natural intacto —playas, cocoteros, laguna e islas— serían, ya en la segunda mitad del siglo XX, la base de su reconversión en destino turístico.
Tras la independencia de Costa de Marfil en 1960 y durante el auge económico del 'milagro marfileño', la creciente clase acomodada de Abiyán y la numerosa comunidad de expatriados empezaron a buscar lugares de escapada cerca de la capital. Assinie, con sus playas de arena fina, sus cocoteros, su laguna navegable y su cercanía relativa a Abiyán, reunía todas las condiciones para convertirse en el balneario del país.
A lo largo de las décadas siguientes se fueron construyendo hoteles, clubes de playa, resorts y villas privadas a lo largo de la lengua de arena de Assinie-Mafia y de la vecina Assouindé. El lugar ganó fama de destino chic, de fin de semana elegante, y se llenó de segundas residencias de familias abiyanesas pudientes. La laguna Aby se transformó en un gran espacio de deportes acuáticos y paseos en bote, y la Passe, la Isla de los Pájaros y las Islas Ehotilé se volvieron excursiones clásicas.
El desarrollo turístico no estuvo exento de tensiones: la presión inmobiliaria, la erosión costera y el impacto ambiental sobre la laguna y sus ecosistemas son desafíos reales. La creación del Parque Nacional de las Islas Ehotilé en 1974 fue, en parte, una respuesta a la necesidad de proteger el patrimonio natural y cultural de la zona frente a ese avance.
Hoy Assinie es, sin discusión, la estación balnearia más famosa y exclusiva de Costa de Marfil. Es el destino de escapada por excelencia de los abiyaneses con recursos y de los expatriados, y también un lugar cada vez más presente en la incipiente oferta turística internacional del país. Sus lodges boutique, sus resorts frente al mar y la laguna, sus clubes de fin de semana con música y sus restaurantes de mariscos han hecho de la zona un pequeño mundo de placer tropical.
Assinie ha aparecido incluso en el imaginario popular francés como sinónimo de paraíso africano: fue, por ejemplo, escenario de la célebre comedia francesa 'Les Bronzés' (1978), que retrataba las vacaciones de un club de veraneo, lo que contribuyó a su fama en Francia. Esa mezcla de exotismo, playa y vida social sigue definiendo su carácter.
Detrás del brillo turístico, la región conserva su base más antigua: las aldeas de pescadores, la cultura viva de los pueblos n'zima y éotilé, los sitios sagrados de las Islas Ehotilé y una historia que se remonta a los primeros contactos con Francia en el siglo XVII. Assinie es así mucho más que un balneario: es un lugar donde la historia colonial más temprana, la cultura lagunar y el turismo contemporáneo conviven a orillas de una de las lagunas más bellas de África occidental.