Viajá con Gus
InicioAzerbaiyánLankaranHistoria
Historia · origen · formación

Historia de Lankaran

El Azerbaiyán que casi nadie imagina

Quien piensa en Azerbaiyán suele imaginar desiertos de petróleo, llamas eternas y la moderna Bakú junto a un Caspio gris. Lankaran, en el extremo sur del país, desmiente todo eso de golpe: es verde, húmeda, subtropical. Aquí llueve, crecen plantaciones de té y arrozales, los bosques guardan árboles que sobrevivieron a la última glaciación y el aire huele a mar, a bosque y a cítricos. Es la esquina más exótica y menos conocida del país.

La clave de esa singularidad es la geografía. Lankaran está encajada entre el mar Caspio y las montañas del Talysh, en una estrecha franja húmeda que recibe la humedad del mar y la retiene contra las montañas. Ese microclima subtropical, único en Azerbaiyán, hizo posible una vegetación y una agricultura imposibles en el resto del país, y dio forma a una región con personalidad propia, más parecida en algunas cosas al norte de Irán que a Bakú.

A esa naturaleza distinta se suma una cultura distinta: la de los talysh, un pueblo de lengua irania que habita el sur a ambos lados de la frontera. Su idioma, su cocina y sus tradiciones dan a Lankaran un carácter especial. La historia de esta región es la de una tierra fronteriza, verde y singular, donde se cruzan pueblos, imperios y ecosistemas.

Los talysh y las raíces antiguas

La región de Talysh, cuyo centro es Lankaran, debe su nombre al pueblo talysh, que la habita desde hace siglos. Los talysh hablan una lengua irania, emparentada con el persa, distinta del azerí (que es túrquico), y conservan una cultura, una música y una cocina propias. Su presencia enlaza el sur de Azerbaiyán con el mundo cultural iranio que se extiende hacia el sur, más allá de la actual frontera con Irán.

Estas tierras formaron parte, en la Antigüedad y la Edad Media, de las distintas entidades que dominaron el Cáucaso y el norte de Persia: estuvieron dentro de la órbita de los imperios persas (aqueménida, sasánida) y de los estados que se sucedieron en la región. La franja subtropical del Caspio, con sus bosques densos y su clima húmedo, fue siempre una zona algo aparte, difícil de controlar y con vida propia.

Con el paso del tiempo, la región de Talysh se consolidó como un territorio de identidad marcada, con Lankaran como principal núcleo urbano junto a la costa. Su posición, en el punto donde el Cáucaso se encuentra con el mundo iranio, la convirtió en una encrucijada cultural, pero también en una zona de frontera disputada, un rasgo que definiría su historia moderna.

El kanato de Talysh, un estado entre dos imperios

En el siglo XVIII, con el debilitamiento del poder central persa, surgieron por todo el este del Cáucaso pequeños estados semiindependientes, los kanatos. La región de Talysh se organizó como el kanato de Talysh (también llamado kanato de Lankaran), con su capital en Lankaran y una dinastía propia. Fue un período en el que la región tuvo autonomía y protagonismo, pero también quedó atrapada en un juego de fuerzas mucho mayor que ella.

El kanato de Talysh tenía la desgracia (y la importancia estratégica) de estar justo en la zona de fricción entre dos imperios en expansión: la Persia de los Qajar al sur y el Imperio ruso, que avanzaba desde el norte. Los kanes de Talysh maniobraron entre ambos, buscando protección y autonomía, en un equilibrio siempre precario. La región se convirtió en escenario y en premio de las guerras ruso-persas de comienzos del siglo XIX.

Esa condición fronteriza marcó el destino de Lankaran. La ciudad y su kanato fueron campo de batalla y objeto de negociación entre las potencias, y su futuro se decidió no tanto por la voluntad de los talysh como por los tratados que firmaron, lejos de allí, los imperios. El desenlace llegaría con las guerras ruso-persas y los tratados que redibujaron el mapa del Cáucaso.

La frontera que partió a un pueblo

Las guerras ruso-persas de comienzos del siglo XIX sellaron el destino de la región. Por el tratado de Gulistán (1813), Persia cedió al Imperio ruso buena parte del este del Cáucaso, incluida la zona de Talysh. Y por el tratado de Turkmanchái (1828), tras una segunda guerra, se fijó la frontera definitiva entre el Imperio ruso y Persia en el río Astara, un poco al sur de Lankaran. Esa línea, trazada por dos imperios, partió en dos al pueblo talysh: unos quedaron del lado ruso (hoy Azerbaiyán) y otros del lado persa (hoy Irán).

Aquella frontera, con pocos cambios, es la misma que hoy separa Azerbaiyán de Irán, y sigue dividiendo a las familias y comunidades talysh a ambos lados. Es uno de tantos casos en los que las decisiones de las grandes potencias cortaron por la mitad a un pueblo, sin tener en cuenta su unidad cultural. Lankaran quedó así como la principal ciudad talysh del lado ruso, capital de una región fronteriza.

Bajo el dominio del Imperio ruso, Lankaran se integró en la administración zarista y empezó a modernizarse: de esa época son el faro de la ciudad, la casa señorial del Kan y varios edificios que aún se conservan. La región, con su clima único, empezó también a explotarse agrícolamente de una manera nueva, sentando las bases de la Lankaran del té y los cítricos que conocemos hoy.

El té, el arroz y la era soviética

Fue sobre todo en la época soviética cuando la región de Lankaran desarrolló su vocación agrícola subtropical. La Unión Soviética, que necesitaba producir en casa cultivos que solo crecían en climas cálidos y húmedos, vio en el sur de Azerbaiyán uno de los pocos lugares aptos de todo su territorio para el té, los cítricos y el arroz. Se plantaron grandes extensiones de té, se fomentó el cultivo de limones y naranjas, y se organizó la producción en granjas colectivas.

Así, Lankaran se convirtió en el 'jardín subtropical' de Azerbaiyán y en una fuente importante de té y frutas para toda la URSS. Los campos de té verdes que hoy tapizan las colinas son herencia de aquella época, igual que la fuerte identidad agrícola de la región. El té, en particular, se integró profundamente en la cultura: Azerbaiyán es un país donde el té se bebe a todas horas, y buena parte del que se consume tiene sus raíces en el sur.

La era soviética también trajo infraestructuras, escuelas y cierta modernización a la región, aunque, como en el resto del país, con el coste de la represión política y de las limitaciones a las identidades locales. La cultura y la lengua talysh sobrevivieron, transmitidas en las casas y los pueblos, a la espera de tiempos más favorables para su reconocimiento.

Lankaran hoy: naturaleza, cultura y sabores del sur

Con la independencia de Azerbaiyán en 1991, Lankaran siguió siendo la capital del sur subtropical, apoyada en su agricultura (el té, los cítricos, el arroz, las hortalizas) y, cada vez más, en el turismo de naturaleza y cultura. El reconocimiento en 2019 de los bosques hircanos de Azerbaiyán como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO puso el foco internacional en la riqueza natural de la región y en la necesidad de protegerla.

Hoy, Lankaran ofrece al viajero una combinación única en el país: el Parque Nacional de Hirkan con sus bosques milenarios y su leopardo del Cáucaso, los humedales llenos de aves migratorias, las plantaciones de té, las montañas del Talysh con pueblos famosos por sus longevos como Lerik, las playas del Caspio y una de las cocinas más sabrosas de Azerbaiyán, con el lavangi como estandarte. Todo con el sello de la cultura talysh y un clima verde que no se parece a ningún otro rincón del país.

Para quien viaja por Azerbaiyán, bajar al sur es descubrir su cara más inesperada. Lankaran demuestra que este país es mucho más que petróleo y desierto: es también bosque húmedo, campos de té, humedales y una diversidad de pueblos y paisajes sorprendente. En la frontera con Irán, entre el mar y las montañas, la vieja capital del kanato de Talysh sigue siendo la puerta a un Azerbaiyán verde, sabroso y profundamente singular.

📚 Bibliografía

← Volver a la guía de Lankaran