Cuenta una leyenda que, al terminar de construirse este monasterio en lo alto del cañón del Debed, alguien lo comparó con el que se levantaba enfrente y dijo, en armenio: 'sana hin' — 'este es más viejo que aquel'. De ahí, dice el relato popular, vendría el nombre de Sanahín, en una rivalidad fraternal que lo une para siempre a Haghpat, su monasterio gemelo al otro lado de la garganta. La historia real es menos pintoresca pero igual de asombrosa: los dos nacieron casi a la vez, en el mismo siglo X, del mismo impulso y bajo la misma reina.
Sanahín es, en efecto, uno de los monasterios más antiguos y venerables de Armenia. Su iglesia principal, Surp Amenaprkich (Santo Salvador), se levantó hacia el año 966, en pleno renacer del reino armenio bajo la dinastía Bagratuni, cuando el país recuperaba fuerza y confianza tras siglos de dominación árabe. Pero lo que hace único a Sanahín no es solo su antigüedad: es que fue, más que un lugar de oración, una universidad medieval, un motor de saber en el corazón de las montañas del norte.
Desde 1996, Sanahín y Haghpat comparten la misma distinción: son Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, reconocidos como cumbres de la arquitectura y la cultura de la Armenia medieval.
La fundación de Sanahín se atribuye a la reina Khosrovanush, esposa de Ashot III el Misericordioso, rey Bagratuni, la misma soberana que unos años después impulsaría Haghpat. Ambos monasterios eran, en parte, un proyecto político y espiritual: afirmar el poder de la dinastía, dotar al reino de grandes centros religiosos y convertir el norte en un bastión de cultura cristiana. Los hijos de la reina, los príncipes Smbat y Kyurike, quedaron ligados a su patrocinio, y un relieve de la iglesia principal muestra a dos reyes sosteniendo un modelo del templo, una imagen típica del arte armenio de donantes.
El esplendor de Sanahín coincidió con el del reino de Lorí-Tashir, gobernado por la rama local de los Kyurikid, y se prolongó bajo los príncipes Zakárida en los siglos XII y XIII, cuando estas familias, aun bajo la sombra de potencias mayores, mantuvieron cierta autonomía y una intensa vida cultural. El león, emblema heráldico de los Kyurikid, todavía puede verse tallado en el puente medieval que la reina Vanen mandó tender sobre el Debed a fines del siglo XII, a un paso del monasterio.
En ese marco de reyes, reinas y príncipes constructores, Sanahín fue creciendo: a la iglesia del año 966 se le sumaron una segunda iglesia, capillas, gavits, la academia, el escritorio, un campanario y decenas de khachkares, hasta formar el complejo que hoy se visita.
Lo que distingue a Sanahín de tantos otros monasterios es su vocación de centro de enseñanza. Entre sus dos iglesias se conserva un corredor abovedado del siglo XI que fue la academia o seminario del monasterio, con bancos de piedra alineados a ambos lados donde se sentaban los alumnos. Según la tradición, allí enseñaba Grigor Magistros (h. 990-1058), una de las grandes figuras del renacimiento cultural armenio, erudito, traductor y estadista que introdujo el estudio de los clásicos griegos y de las ciencias en la formación de la élite del reino.
Junto a la academia funcionaba el scriptorium, el escritorio de manuscritos, que llegó a ser uno de los mayores de toda la Armenia medieval. Era un edificio pensado para los libros: depósito en la planta baja, capilla y sala de copistas arriba, nichos y estantes de piedra en los muros y un ingenioso sistema de ventilación para preservar los frágiles pergaminos de la humedad. Allí, monjes calígrafos y miniaturistas copiaban a mano textos sagrados y profanos y los decoraban con iluminaciones que están entre lo más bello del arte del libro armenio.
En una época sin imprenta, y para un pueblo que muchas veces perdió su independencia política pero jamás su alfabeto ni su lengua, estos escritorios eran los guardianes de la memoria. Sanahín fue uno de los más importantes: aquí se conservó y transmitió buena parte del saber, la teología, la medicina, la música y la literatura armenios.
Como todo el país, Sanahín sufrió la geografía brutal de Armenia, encajada entre imperios en pugna. En el siglo XI, los turcos selyúcidas quebraron los reinos armenios; en el XIII llegaron los mongoles, que impusieron su tributo; a fines del XIV, las campañas de Tamerlán arrasaron la región. A esas oleadas se sumaron terremotos —frecuentes en el Cáucaso— y siglos de disputa entre los imperios persa safávida y otomano, que se repartieron y volvieron a repartir Armenia una y otra vez.
Sanahín, como Haghpat, sobrevivió a casi todo. Su relativa lejanía en un rincón montañoso, la tenacidad de las comunidades monásticas que reconstruían lo dañado, y el papel de la Iglesia armenia como refugio de la identidad nacional bajo dominación extranjera, explican su supervivencia. El monasterio se fortificó, siguió copiando manuscritos y formando clérigos, y mantuvo encendida una llama de cultura en tiempos oscuros. Muchos de los códices producidos en su scriptorium se conservan hoy en el Matenadarán de Ereván, el gran archivo de manuscritos antiguos de Armenia.
Con el correr de los siglos, el esplendor cultural se apagó, pero el monasterio nunca fue abandonado del todo: el pueblo de Sanahín siguió creciendo a su alrededor, viviendo a la sombra de sus muros milenarios.
En el siglo XIX, tras las guerras entre Rusia y Persia, el norte de Armenia pasó al Imperio ruso, y en 1920-1922 quedó integrado en la Unión Soviética. La época soviética trajo a la zona la industrialización: el vecino Alaverdi, en el fondo del cañón, se convirtió en un importante centro de minería y fundición de cobre. El régimen, pese a su ateísmo oficial, protegió los monasterios como monumentos históricos, los estudió y restauró, y así llegaron en pie hasta hoy.
Y el pueblo de Sanahín dio al siglo XX dos hijos que llevaron su nombre por el mundo: los hermanos Mikoyan. Anastás Mikoyan (1895-1978) fue uno de los políticos soviéticos más hábiles y longevos, capaz de sobrevivir a Lenin, Stalin y Jrushchov, llegar a jefe de Estado nominal de la URSS y jugar un papel clave en la crisis de los misiles de Cuba. Su hermano Artiom (1905-1970) fue el ingeniero aeronáutico que, junto con Mijaíl Gurévich, creó la oficina de diseño MiG, responsable de los célebres cazas soviéticos de la Guerra Fría. Hoy un museo en el pueblo recuerda a ambos, con un avión MiG expuesto a pocos metros de un monasterio del año 966: un contraste que resume mil años de historia.
Con la independencia de Armenia en 1991 llegaron años difíciles, pero también el reconocimiento internacional: en 1996 la Unesco inscribió Sanahín y Haghpat en la Lista del Patrimonio Mundial. Hoy Sanahín es un monasterio vivo y un pueblo habitado, donde los viajeros suben desde Alaverdi o llegan de camino a Georgia para recorrer su academia, su escritorio y sus khachkares. Del scriptorium medieval a los cazas de la Guerra Fría, pocos lugares condensan tantas capas de historia en tan poca piedra.