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Historia de Ereván

Erebuni, 782 a.C.: una capital más vieja que Roma

En el sureste de la Ereván moderna, sobre una colina árida llamada Arin Berd, un rey mandó grabar en piedra un acta de nacimiento que sobrevivió casi tres mil años. La inscripción cuneiforme dice, más o menos: 'Por la grandeza del dios Jaldi, Argishti, hijo de Menua, construyó esta poderosa fortaleza y la llamó Erebuni, para gloria de Urartu y para infundir miedo a los enemigos'. Corría el año 782 a.C. Esa fecha, tallada por orden del rey Argishti I, hace de Ereván una de las ciudades continuamente habitadas más antiguas del mundo, fundada ochenta y tantos años antes que Roma.

Erebuni era una plaza fuerte del reino de Urartu, una gran potencia del Cercano Oriente antiguo que dominó las tierras altas de Armenia, del lago Van al lago Seván, y que llegó a rivalizar con el todopoderoso Imperio asirio. Desde la ciudadela de Arin Berd, con su templo al dios Jaldi, su palacio y sus almacenes de vino y grano, los urartios controlaban el fértil valle del Ararat. Cuando Urartu se derrumbó, hacia el siglo VI a.C., el sitio siguió habitado, pero perdió importancia: durante más de dos milenios, Ereván fue apenas un pueblo, una plaza secundaria a la sombra de capitales más brillantes como Artashat, Dvin o Ani.

Esa larga modestia es parte de su historia. Mientras Armenia vivía sus siglos de esplendor y de catástrofe, Ereván permanecía como un cruce de caminos polvoriento en la ruta entre Persia y el Cáucaso, disputado una y otra vez por los imperios vecinos. Nadie podía imaginar que aquel pueblo llegaría a ser, en el siglo XX, la capital de la nación armenia.

Wikipedia (EN) — «Erebuni Fortress»: https://en.wikipedia.orWikipedia (EN) — «Urartu»: https://en.wikipedia.org/wiki/UraWikipedia (EN) — «Yerevan»: https://en.wikipedia.org/wiki/Ye

Siglos de frontera: persas, otomanos y rusos

Durante la Edad Media y la Edad Moderna, Ereván fue sobre todo una ciudad de frontera, y las fronteras son lugares peligrosos. Su posición en el valle del Ararat, entre el mundo persa y el otomano, la convirtió en un botín que cambiaba de manos con cada guerra. En el siglo XVI se levantó la fortaleza de Ereván sobre el río Hrazdan, y la ciudad se volvió capital de un kanato bajo dominio persa. A lo largo de los siglos XVII y XVIII fue tomada, saqueada y reconquistada decenas de veces por safávidas persas y por turcos otomanos; su población, mayoritariamente armenia y persa, sufría cada asedio.

Uno de los episodios más dramáticos fue la deportación masiva de 1604: el sha Abás I de Persia, aplicando una brutal política de tierra quemada frente al avance otomano, ordenó despoblar toda la región y trasladar por la fuerza a decenas de miles de armenios al interior de Persia, a Isfahán, donde fundaron el barrio de Nueva Julfa. Ereván quedó semivacía. Fue una de tantas heridas de una tierra condenada a ser campo de batalla ajeno.

El giro llegó con el Imperio ruso. En 1827, durante la guerra ruso-persa, las tropas del general Iván Paskévich tomaron la fortaleza de Ereván, y al año siguiente el tratado de Turkmanchái entregó a Rusia todo el Cáucaso Sur, incluida la ciudad. Comenzaba así el largo capítulo ruso de Armenia. Bajo el zar, Ereván siguió siendo una modesta capital de provincia, con calles de tierra y casas bajas, pero por primera vez en siglos vivía en relativa paz, y su población armenia empezó lentamente a crecer y a soñar con un futuro propio.

Wikipedia (EN) — «Yerevan»: https://en.wikipedia.org/wiki/YeWikipedia (EN) — «Erivan Khanate»: https://en.wikipedia.org/Wikipedia (EN) — «Treaty of Turkmenchay»: https://en.wikiped

1915: el genocidio y la ciudad de los sobrevivientes

Ninguna historia de Ereván puede contarse sin nombrar el hecho que marcó a fuego a toda la nación armenia. Durante la Primera Guerra Mundial, el gobierno de los Jóvenes Turcos del Imperio otomano llevó adelante, a partir del 24 de abril de 1915, el exterminio sistemático de la población armenia del este de Anatolia: alrededor de un millón y medio de personas murieron por deportaciones a través del desierto, matanzas, hambre y enfermedad. Fue el primer gran genocidio del siglo XX, y despobló de armenios las tierras históricas que hoy forman parte de Turquía, entre ellas la llanura al pie del monte Ararat.

Ereván, del lado ruso de la frontera, se convirtió en refugio de decenas de miles de sobrevivientes que llegaban famélicos desde el oeste. La pequeña ciudad de provincia se llenó de huérfanos y desplazados, y esa oleada de refugiados cambió para siempre su composición y su carácter. La Armenia oriental, con Ereván como corazón, pasó a ser el hogar de una nación mutilada que había perdido la mitad de su territorio histórico y a su montaña sagrada, el Ararat, que desde entonces se contempla desde lejos, del otro lado de un límite cerrado.

La memoria de aquel genocidio está inscrita en el paisaje de la ciudad. En 1967, en plena era soviética, se inauguró en la colina de Tsitsernakaberd el memorial a las víctimas: una estela que apunta al cielo, doce losas inclinadas alrededor de una llama eterna y, más tarde, un museo que documenta los hechos con rigor. Cada 24 de abril, cientos de miles de ereveníes suben en silencio a dejar una flor. El reconocimiento internacional del genocidio sigue siendo, un siglo después, una causa central de Armenia y de su enorme diáspora, y explica buena parte de la identidad de la ciudad. Se trata de una tragedia histórica que se recuerda con sobriedad y con rigor, sin sensacionalismo, porque la memoria es aquí una forma de existir.

Wikipedia (EN) — «Armenian genocide»: https://en.wikipedia.oWikipedia (EN) — «Tsitsernakaberd»: https://en.wikipedia.orgArmenian Genocide Museum-Institute (oficial): https://www.ge

Tamanian y la invención de la capital rosa

La Ereván que hoy conocemos nació, en realidad, en el siglo XX. Con el hundimiento del Imperio ruso, en mayo de 1918 los armenios proclamaron la Primera República de Armenia, y aquella modesta ciudad de provincia, casi por descarte, se convirtió en su capital: era el único centro armenio de cierto tamaño que quedaba en pie. La república independiente duró apenas dos años y medio, ahogada entre el bloqueo, el hambre de los refugiados, la guerra y la presión de sus vecinos, hasta que en diciembre de 1920 el Ejército Rojo entró en Ereván y Armenia pasó a ser una república soviética.

Paradójicamente, fue bajo el poder soviético cuando Ereván se transformó en una verdadera capital. La tarea la encabezó un hombre: el arquitecto Alexander Tamanian, formado en San Petersburgo, que en 1924 presentó un plan maestro revolucionario. Tamanian imaginó una ciudad-jardín trazada en anillos concéntricos y avenidas radiales alrededor de una gran plaza central —la futura plaza de la República—, y decidió construirla con la piedra que tenía a mano: la toba volcánica local, de tonos rosa, ocre y durazno, que da a la ciudad su color inconfundible y su apodo de 'la ciudad rosa'. Sobre las casas bajas de barro del viejo Ereván se levantó, década tras década, una capital monumental de piedra rosada, con teatros, universidades, ministerios y la escalinata de la Cascada.

La Ereván soviética creció de manera vertiginosa: de unos 30.000 habitantes a comienzos de siglo pasó a más de un millón hacia los años ochenta. Se llenó de fábricas, institutos científicos, un metro, barrios enteros de bloques y una vida cultural intensa, con su ópera, su matenadaran de manuscritos rescatados y su prestigioso coñac. La ciudad de los refugiados del genocidio se había convertido en el orgulloso centro de la nación armenia, aun dentro del corsé del imperio soviético.

Wikipedia (EN) — «Alexander Tamanian»: https://en.wikipedia.Wikipedia (EN) — «First Republic of Armenia»: https://en.wikWikipedia (EN) — «Yerevan»: https://en.wikipedia.org/wiki/Ye

De la independencia a la Revolución de Terciopelo

En los años finales de la Unión Soviética, la plaza de la Ópera de Ereván se llenó de un modo que nadie había visto: en 1988, cientos de miles de personas se manifestaron día tras día, primero por la causa de Nagorno Karabaj —la región de mayoría armenia dentro de la Azerbaiyán soviética— y luego, cada vez más, por la libertad. Aquel movimiento, el Comité Karabaj, fue la partera de la independencia. En septiembre de 1991, tras un referéndum abrumador, Armenia se separó de una URSS que se desmoronaba, y Ereván se convirtió por fin en la capital de un Estado armenio soberano, el primero en casi seiscientos años.

Los primeros años de independencia fueron durísimos. La guerra con Azerbaiyán por Nagorno Karabaj, el bloqueo de las fronteras con Turquía y Azerbaiyán, y el colapso económico postsoviético dejaron a Ereván a oscuras y helada: en los 'años negros' de principios de los noventa, la gente calentaba sus casas quemando muebles y talando los árboles de los parques, mientras hacía cola para conseguir pan. La ciudad sobrevivió, como tantas veces, y a partir de los 2000 empezó a rehacerse, con nuevos edificios, la restauración de la Cascada gracias al mecenas Gerard Cafesjian y una vida de cafés y cultura que la fue transformando.

En la primavera de 2018, Ereván volvió a ser escenario de la historia: una protesta pacífica y masiva, encabezada por el periodista y diputado Nikol Pashinián, ocupó las calles durante semanas hasta forzar la caída del gobierno sin un solo disparo. Fue la 'Revolución de Terciopelo', un raro ejemplo de cambio democrático logrado con marchas, humor y desobediencia civil. Los años siguientes trajeron nuevas heridas —la dura guerra de 2020 por Nagorno Karabaj y el éxodo de su población armenia en 2023—, que se viven con dolor en la ciudad. Pero Ereván, la capital más vieja que Roma, la ciudad de los sobrevivientes construida en piedra rosa, sigue mirando al Ararat cada mañana, terca y viva, como lleva haciéndolo casi tres mil años.

Wikipedia (EN) — «Velvet Revolution (Armenia)»: https://en.wWikipedia (EN) — «Independence of Armenia»: https://en.wikipWikipedia (EN) — «Yerevan»: https://en.wikipedia.org/wiki/Ye

📚 Bibliografía

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