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Historia de Dilijan

Un valle de bosques en un país de piedra

Hay algo casi irreal en llegar a Dilijan. Después de kilómetros de mesetas resecas, volcanes y campos pelados, el auto se hunde de golpe en un valle de bosques húmedos, ríos rápidos y laderas verdes, y uno tiene la sensación de haber cruzado una frontera invisible. No es casualidad que los armenios lo llamen la 'Suiza armenia': en un país donde domina la piedra y el sol, Dilijan es el reino del árbol, el agua y la sombra.

El valle del río Aghstev, en la provincia de Tavush, está cubierto por uno de los bosques más ricos del Cáucaso: hayas, robles, arces, tilos y carpes que hoy protege el Parque Nacional de Dilijan, unas 34.000 hectáreas de espesura, manantiales minerales y fauna salvaje. Ese microclima húmedo y fresco, tan distinto del resto de Armenia, es la clave de toda la historia del lugar: primero atrajo a monjes que buscaban recogimiento, después a enfermos y artistas que buscaban aire puro, y por último a estudiantes de medio mundo.

Comparado con las ciudades milenarias del país, Dilijan como pueblo es joven. Pero su valle lleva habitado y consagrado muchísimos siglos, y guarda entre los árboles algunos de los monasterios medievales más hermosos de toda Armenia.

Haghartsin, Goshavank y la edad de oro monástica

La verdadera historia antigua de Dilijan no está en el pueblo, sino en los bosques que lo rodean, donde se levantan dos joyas del arte medieval armenio: Haghartsin y Goshavank. Ambos pertenecen a la gran floración de la arquitectura religiosa armenia de los siglos X al XIII, la misma que produjo Haghpat, Sanahin o Geghard, cuando el reino recuperó cierta autonomía bajo dinastías locales tras siglos de dominación árabe.

Haghartsin, escondido en un claro del bosque al norte del pueblo, fue fundado y ampliado entre los siglos X y XIII, en buena parte bajo el patrocinio de la dinastía Kyurikid (una rama de los Bagratid) y de los príncipes de la región. Su iglesia principal, Surp Astvatsatsin, se terminó hacia 1281, y su refectorio abovedado es una obra maestra de la ingeniería en piedra. La leyenda dice que el nombre viene de un águila que sobrevoló la consagración: 'la danza de las águilas'. Fue un centro monástico y de saber, y hoy, tras una gran restauración financiada en la década de 2010 por el emirato de Sharjah, luce casi como en su esplendor.

Goshavank, en el cercano pueblo de Gosh, lleva el nombre de una de las grandes figuras intelectuales de la Armenia medieval: Mkhitar Gosh (h. 1130-1213), teólogo, fabulista y jurista, autor del 'Datastanagirk', el primer código legal armenio, cuyas fábulas se comparan con las de Esopo. Gosh fundó el monasterio a fines del siglo XII y está enterrado allí. El complejo reunió iglesias, una biblioteca y una escuela, y conserva su tesoro más famoso: un khachkar (cruz de piedra) tallado en 1291 por el maestro Poghos, de un encaje tan fino que se lo conoce como el 'khachkar bordado', considerado una cumbre del arte armenio de la piedra.

Del pueblo agrícola al balneario de moda

Durante siglos, lo que hoy es Dilijan fue un puñado de aldeas de montaña dedicadas a la agricultura, la ganadería y el bosque, en un territorio disputado entre imperios: persa, otomano y finalmente ruso. Tras la anexión del Cáucaso oriental por el Imperio ruso en las primeras décadas del siglo XIX, la región quedó bajo administración zarista, y fue entonces cuando el valle empezó a ganar fama por otra cosa: su aire.

Los médicos rusos y armenios descubrieron que el clima de Dilijan —fresco, húmedo, protegido, cargado del aroma de los bosques— era beneficioso para enfermedades respiratorias y para la convalecencia. A eso se sumaron sus manantiales de agua mineral. Poco a poco, el lugar se convirtió en una estación climática y de reposo, con casas de descanso y visitantes que llegaban a 'tomar los aires'. Nacía el Dilijan balneario, una vocación que marcaría todo su siglo XX.

Ese perfil de pueblo-sanatorio, de sitio para curarse y descansar rodeado de naturaleza, es la segunda gran capa de su identidad, después de la monástica. Y sería la época soviética la que lo llevaría a su apogeo.

El Dilijan soviético: artistas, sanatorios y aguas minerales

Bajo la Armenia soviética (parte de la URSS desde 1920-1922), Dilijan vivió su época dorada como centro de reposo y de creación. El Estado construyó sanatorios, casas de descanso y complejos de vacaciones donde trabajadores, científicos y artistas de toda la Unión Soviética pasaban temporadas de recuperación. El pueblo obtuvo el estatus de ciudad en 1951 y su población creció al calor de esa industria del descanso y de la explotación de sus aguas minerales, embotelladas y famosas en toda la región.

Dilijan fue además un refugio de artistas. La Unión de Compositores de Armenia levantó allí una célebre 'Casa de la Creación', y por sus bosques pasaron músicos, escritores, pintores y cineastas que buscaban inspiración y tranquilidad. Esa aura cultural quedó grabada en la memoria del país: para varias generaciones de armenios y soviéticos, Dilijan era sinónimo de veraneo, aire puro, aguas curativas y creación artística. Incluso quedó inmortalizado en el cine soviético, en la comedia 'Mimino' (1977), cuyo personaje presume, con humor, de que el agua de Dilijan es la segunda mejor del mundo.

Con el colapso de la URSS en 1991, la crisis económica de la Armenia independiente golpeó duro: muchos sanatorios cerraron, la industria del reposo se desmoronó y el pueblo quedó algo dormido, con su bello casco viejo deteriorándose. Dilijan parecía condenado a vivir de la nostalgia. Pero el siglo XXI le tenía preparado un giro inesperado.

El renacer del siglo XXI: Tufenkian, el college y el turismo

El nuevo capítulo de Dilijan lo escribieron la restauración y la filantropía. A comienzos del siglo XXI, la fundación Tufenkian —del empresario y mecenas armenio-estadounidense James Tufenkian— restauró un tramo del casco antiguo, la calle Sharambeyan, devolviéndole sus casas de piedra y madera, sus talleres de artesanos y su aire de pueblo de otra época, y creó el Old Dilijan Complex con hospedaje y restaurantes. De golpe, el viejo balneario tenía otra vez un corazón visible y visitable.

El salto decisivo llegó en 2014 con la inauguración del UWC Dilijan College, financiado por los filántropos armenios Ruben Vardanyan y Veronika Zonabend como parte de la red mundial de United World Colleges. Cientos de estudiantes de decenas de países empezaron a cursar el Bachillerato Internacional conviviendo dos años en un campus moderno integrado en el bosque. La llegada de esa comunidad internacional transformó al pueblo: trajo inversión, cafés, eventos culturales y un aire cosmopolita impensado para un antiguo sanatorio de montaña. En paralelo, el Banco Central de Armenia instaló allí su centro de formación y conferencias, reforzando ese perfil de 'pueblo del conocimiento'.

Hoy Dilijan combina como pocos lugares del país sus distintas capas: los monasterios medievales entre los árboles, la memoria del balneario soviético y sus aguas minerales, el casco viejo restaurado, los senderos del Transcaucasian Trail que cruzan el parque nacional, y una vida internacional inesperada. Sigue siendo, ante todo, un lugar para respirar hondo: el rincón verde de un país de piedra, donde la historia se lee entre las hojas.

📚 Bibliografía

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