La ciudad de Las Tunas, fundada como Victoria de Las Tunas en torno a la parroquia de San Jerónimo hacia fines del siglo XVIII, tomó su nombre de la tuna, un cactus abundante en la comarca. Elevada a villa en 1848 y a ciudad en 1853, se ganó el sobrenombre de 'Balcón del Oriente cubano' por su posición estratégica en la entrada de la región oriental de la isla, como umbral y puerta de paso entre el centro y el oriente de Cuba.
Esa condición de frontera geográfica marcó su destino histórico. Situada en el punto donde la isla comienza a estrecharse hacia el oriente montañoso, Las Tunas fue durante siglos un cruce obligado de caminos ganaderos y, más tarde, de ferrocarriles y carreteras, un mirador natural desde el que se asoma la región cuna de las gestas independentistas cubanas.
De llanuras extensas y economía tradicionalmente pastoril, la comarca conservó un carácter rural y campesino que sigue definiendo su identidad y su ritmo pausado.
Durante las guerras de independencia, Las Tunas fue escenario de algunos de los episodios más dramáticos y heroicos de la lucha mambisa, protagonizados por su hijo más ilustre, el general Vicente García González (1833-1886), uno de los grandes jefes militares de la Guerra de los Diez Años. El 26 de septiembre de 1876, para impedir que la ciudad cayera de nuevo en manos españolas, García ordenó incendiarla, pronunciando la frase que hoy figura en el escudo de la ciudad: 'Tunas, con dolor de mi alma te incendio, pero te prefiero ver reducida a cenizas antes que esclava'.
Aquella táctica de tierra quemada destruyó buena parte de la arquitectura colonial, pero se convirtió en símbolo del sacrificio y la determinación del pueblo tunero. Años después, ya en la guerra de 1895, las tropas mambisas —esta vez al mando del general Calixto García— volvieron a tomar la ciudad en un célebre asalto en agosto de 1897, en el que se emplearon los primeros cañones fabricados por los propios insurrectos.
Esa historia de fuego y rebeldía dejó a Las Tunas un patrimonio histórico menos monumental que el de otras villas coloniales, pero una memoria patriótica intensísima, encarnada en la figura de Vicente García, cuya casa natal es hoy museo.
Las Tunas es conocida hoy como la 'Capital de la Escultura' de Cuba, por la extraordinaria cantidad de obras que adornan sus calles, plazas, parques y espacios públicos y por los eventos escultóricos nacionales e internacionales que acoge con regularidad. Desde grandes piezas monumentales hasta esculturas de pequeño formato, la ciudad se ha convertido en una suerte de museo al aire libre único en el país.
Esta identidad artística, relativamente reciente, le dio a la ciudad —cuyo casco antiguo había sido arrasado por el fuego en 1876— un nuevo rostro y una singularidad que la distingue en el mapa cultural cubano. Ferias, bienales y encuentros de escultores han poblado la urbe de figuras de piedra, madera y metal, muchas de ellas inspiradas en la naturaleza, la historia y las tradiciones locales.
Así, de las cenizas de la ciudad incendiada por Vicente García surgió, con el tiempo, una capital del arte escultórico que reivindica con orgullo su nueva vocación creativa.
Las Tunas es también la capital cubana de la cultura campesina y del canto improvisado. La provincia rinde culto al poeta popular Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, 'El Cucalambé', nacido en la comarca en el siglo XIX, considerado el máximo cultivador de la décima —la estrofa de diez versos— y del romancero guajiro. El Cucalambé dibujó en sus versos la vida y el paisaje rural de la finca El Cornito, en las afueras de la ciudad, donde transcurrió parte de su vida.
En su honor se celebra cada año, a fines de junio y comienzos de julio, la Jornada Cucalambeana, la mayor fiesta de la décima y del punto guajiro de Cuba, que reúne en El Cornito a poetas repentistas, campesinos y artistas de todo el país. El punto guajiro, el canto improvisado de raíz campesina, fue declarado por la Unesco Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2017, y Las Tunas es uno de sus grandes santuarios.
Esa tradición del verso improvisado, de la guitarra, el tres y el laúd, hace de la provincia un corazón vivo de la identidad campesina cubana, la del guajiro y su décima.
Con una economía basada históricamente en la ganadería, la caña de azúcar y la agricultura, Las Tunas conserva el carácter de una provincia rural y auténtica, de llanuras extensas y ritmo pausado, fiel a su papel de umbral entre el centro y el oriente de la isla. Sus sabanas sostienen una importante actividad pecuaria, y sus campos, cañaverales y centrales azucareros que marcaron el desarrollo del siglo XX.
En la costa norte, el municipio de Puerto Padre —conocido como la 'Villa Azul' por su bahía— fue uno de los grandes puertos azucareros del oriente cubano, con centrales como el Chaparra y el Delicias, entre los mayores de Cuba a comienzos del siglo XX, levantados por capital estadounidense. Puerto Padre conserva su fortaleza colonial, el Fuerte de la Loma, y una fuerte identidad marinera y azucarera.
En su litoral norte, Las Tunas guarda playas poco explotadas y de gran belleza, como Playa Covarrubias, de arena blanca, aguas cristalinas y arrecifes de coral cercanos, uno de los tramos costeros más limpios y tranquilos del oriente cubano y sede de algunos hoteles todo incluido lejos de las grandes aglomeraciones. La ausencia de masificación es precisamente uno de sus mayores encantos.
Esta combinación de historia patriótica, cultura campesina, arte escultórico y naturaleza costera define a una provincia todavía poco conocida por el gran turismo internacional pero profundamente cubana en su esencia. Las Tunas, la puerta del oriente, invita a descubrir una Cuba rural y auténtica, la del guajiro, la décima, el ganado y las playas solitarias, muy distinta de la de los grandes destinos masivos.