Mucho antes de que existiera algo llamado Vietnam, en el delta del río Rojo floreció una de las grandes culturas de la Edad del Bronce del Sudeste Asiático: la cultura Dong Son, que se desarrolló aproximadamente entre el 1000 a. C. y el cambio de era. Sus artesanos fundían con la técnica de la cera perdida unos tambores de bronce monumentales —algunos de casi un metro de alto y hasta cien kilos— decorados con escenas de barcos, guerreros con tocados de plumas y un sol en el centro. El primero de esos tambores se halló en 1924 a orillas del río Ma, en la aldea de Dong Son, provincia de Thanh Hoa, y dio nombre a toda la cultura. Esos tambores son hoy un emblema nacional y aparecen hasta en el pasaporte vietnamita.
La historiografía tradicional vietnamita enlaza esa cultura con los reinos fundacionales de Van Lang y Au Lac. Según la leyenda, la dinastía Hong Bang y sus reyes Hung gobernaron Van Lang desde tiempos remotos —la cronología legendaria llega a remontarlo al 2879 a. C.—, una genealogía mítica que hace descender a los vietnamitas del dragón Lac Long Quan y del hada Au Co. Conviene ser claro: eso es tradición y mito fundacional, no historia documentada.
Lo que sí se sostiene mejor es el reino de Au Lac, que An Duong Vuong habría fundado hacia el 257 a. C. tras absorber Van Lang, con capital en la ciudadela espiralada de Co Loa, cerca de la actual Hanói, cuyos restos todavía se pueden visitar. En el 179 a. C., el reino cayó bajo Trieu Da (Zhao Tuo), señor de Nanyue, un Estado a caballo entre el sur de China y el norte de Vietnam. Poco después empezaría el capítulo más largo y decisivo de toda la historia vietnamita.
En el año 111 a. C., el emperador Wu de la dinastía Han conquistó Nanyue e incorporó el norte de Vietnam al imperio chino como un puñado de comandancias fronterizas. Empezaba lo que los vietnamitas llaman Bac thuoc, la 'dependencia del Norte': cerca de mil años, con intervalos de autonomía, en los que el delta del río Rojo fue gobernado desde China. Fue una época de sinización profunda —llegaron la escritura china, el confucianismo, el budismo mahayana, la burocracia, el arado de hierro y el búfalo— pero también de resistencia tenaz.
El símbolo de esa resistencia son las hermanas Trung. En el año 40 d. C., Trung Trac —cuyo marido, un jefe local, había sido ejecutado por los chinos— y su hermana Trung Nhi encabezaron una rebelión que, según la tradición, llegó a controlar unas 65 plazas y proclamó a Trung Trac reina. La independencia duró poco: en el año 42 el emperador Han envió al veterano general Ma Yuan, que aplastó la revuelta hacia el 43. Las hermanas murieron —la versión heroica dice que se arrojaron a un río antes que rendirse— y son veneradas hasta hoy como heroínas nacionales. Un siglo después, hacia el 248, otra mujer, Ba Trieu, protagonizó una rebelión parecida.
El fin de la dominación llegó recién en el siglo X, aprovechando el colapso de la dinastía Tang. En el año 938, el general Ngo Quyen derrotó a la flota de los Han del Sur en la batalla del río Bach Dang: clavó estacas de madera con punta de hierro en el lecho del río, ocultas por la marea alta, atrajo a los barcos enemigos con embarcaciones ligeras y, al bajar la marea, la flota china quedó empalada y destruida. Ngo Quyen se proclamó rey en 939 con capital en Co Loa. Después de casi un milenio, el norte de Vietnam era independiente.
La independencia recién conquistada fue al principio inestable. Tras la muerte de Ngo Quyen, el país se fragmentó en el caos de los 'doce señores de la guerra'. Fue Dinh Bo Linh quien los sometió y en 968 fundó el primer Estado imperial vietnamita, Dai Co Viet, con capital en Hoa Lu, en un valle de picos calizos de la actual provincia de Ninh Binh. La breve dinastía Dinh y la Primera dinastía Le que la siguió consolidaron un reino que ya rechazaba con las armas los intentos chinos de reconquista.
El salto decisivo llegó en 1010, cuando Ly Thai To, fundador de la dinastía Ly, trasladó la capital de la encerrada Hoa Lu a la orilla del río Rojo. Según la leyenda, al llegar vio un dragón dorado elevarse desde la ciudadela y llamó a la nueva capital Thang Long, 'el dragón que asciende'. Es la ciudad que hoy conocemos como Hanói. Allí levantó la Ciudadela Imperial de Thang Long, sede de la corte vietnamita durante casi ocho siglos y hoy Patrimonio de la Humanidad.
Bajo los Ly (1009-1225), Dai Viet —así pasó a llamarse el país desde 1054— se organizó como un Estado confuciano y budista a la vez: se fundó el Templo de la Literatura, la primera universidad del país; se estableció un sistema de exámenes al estilo chino para reclutar funcionarios; y el budismo se volvió casi religión de Estado. El general Ly Thuong Kiet rechazó una invasión de la dinastía Song y se le atribuye un poema que suele considerarse la primera declaración de independencia vietnamita. La joven nación tenía ya capital, instituciones y una identidad propia.
En 1225, mediante un matrimonio arreglado, el poder pasó de la agotada dinastía Ly a la familia Tran, cuando la niña emperatriz Ly Chieu Hoang abdicó en favor de su esposo, Tran Canh. La dinastía Tran (1225-1400) gobernaría durante casi dos siglos y protagonizaría la gesta militar más celebrada de la Edad Media vietnamita.
En el apogeo de su poder, el imperio mongol de Kublai Khan intentó tres veces someter a Dai Viet: en 1258, 1285 y 1287-1288. Las tres fracasaron. El artífice de la resistencia fue el príncipe Tran Hung Dao, supremo comandante de los ejércitos, que combinó la guerra de guerrillas, el repliegue estratégico —incluso abandonando la capital Thang Long— y el conocimiento del terreno. En 1288 repitió, ampliada, la vieja treta de Bach Dang: sembró de nuevo el río de estacas con punta de hierro y atrajo a la enorme flota mongola con la marea, que al retirarse dejó los barcos atrapados y a merced de las flechas incendiarias vietnamitas. La derrota mongola fue total.
Más allá de las batallas, el período Tran consolidó la cultura nacional. Se difundió el chu nom, un sistema de escritura para transcribir el vietnamita hablado; floreció el budismo zen con la escuela Truc Lam, fundada por el propio emperador Tran Nhan Tong, que abdicó para hacerse monje; y se escribieron las primeras crónicas históricas. Cuando la dinastía se debilitó, un ministro llamado Ho Quy Ly usurpó el trono en 1400, lo que dio a la China de los Ming el pretexto para invadir y ocupar el país en 1407, reabriendo por veinte años la herida de la dominación extranjera.
La ocupación Ming duró de 1407 a 1427 y fue especialmente dura: los chinos intentaron borrar la cultura local, quemaron libros y se llevaron a artesanos y letrados. La liberación vino de la mano de Le Loi, un terrateniente de Lam Son que durante diez años sostuvo una guerra de guerrillas hasta expulsar a los Ming en 1428. Ese año subió al trono como Le Thai To y fundó la dinastía Le posterior, la más larga de la historia vietnamita (1428-1789). Bajo su sucesor más brillante, Le Thanh Tong (reinó 1460-1497), Dai Viet vivió una edad de oro: un código legal propio (el código Hong Duc, notable por reconocer ciertos derechos a las mujeres), reformas administrativas y un fuerte impulso confuciano.
Fue también el momento culminante del Nam tien, la 'marcha hacia el sur': la expansión secular del pueblo vietnamita por la estrecha costa central y, más tarde, hacia el delta del Mekong. Esa expansión chocó de frente con Champa, un conjunto de principados hindúes y luego musulmanes que desde el siglo II dominaba el centro y el sur de la actual Vietnam, con una rica cultura marinera y monumentos como el santuario de My Son. En 1471, Le Thanh Tong tomó y arrasó Vijaya, la capital cham, en una campaña con decenas de miles de muertos y prisioneros. Champa quedó reducida a un pequeño enclave en torno a Panduranga (la actual Phan Rang) y no desaparecería formalmente hasta 1832.
El avance hacia el sur se organizaba con las colonias militares llamadas don dien: soldados y campesinos sin tierra ocupaban un territorio nuevo, lo desmontaban, plantaban arroz, fundaban una aldea y la defendían como milicia. Así, generación tras generación, la geografía vietnamita se estiró hasta alcanzar el Mekong. Ese sur ganado a otros pueblos —chams y jemeres— explica buena parte de las tensiones y la diversidad del país actual.
La grandeza de los Le se agotó pronto. Desde el siglo XVI, el poder real quedó en manos de familias de señores que gobernaban en nombre de unos emperadores convertidos en figuras decorativas. El país terminó partido en dos: los señores Trinh dominaban el norte desde Hanói y los señores Nguyen, el sur desde la región de Hue, separados por una línea de fortificaciones cerca del actual paralelo 17. Durante casi dos siglos, Vietnam vivió de hecho dividido.
El equilibrio saltó por los aires con la rebelión de los Tay Son, iniciada en 1771 por tres hermanos campesinos. En pocos años barrieron a los Nguyen y a los Trinh, y su líder militar, Nguyen Hue, se coronó emperador con el nombre de Quang Trung. En 1789 aplastó en la batalla de Ngoc Hoi-Dong Da a un ejército de la dinastía china Qing que había invadido el norte, una victoria que la memoria nacional celebra cada Año Nuevo. Pero Quang Trung murió joven, en 1792, y su régimen se desmoronó.
De ese vacío emergió Nguyen Anh, único superviviente importante de los viejos señores Nguyen, que con apoyo de mercenarios y del misionero francés Pigneau de Behaine reconquistó el país de sur a norte. En 1802 se coronó en Hue como emperador Gia Long y fundó la dinastía Nguyen, la última de Vietnam. Por primera vez un solo soberano gobernaba desde la frontera con China hasta la punta del Mekong, y adoptó para el país el nombre de Viet Nam. Los Nguyen hicieron de Hue una capital imperial confuciana y levantaron la gran Ciudadela, pero su política de aislamiento y de persecución del cristianismo le daría a Francia el pretexto que buscaba.
La colonización empezó con un pretexto religioso. Alegando la persecución de misioneros y conversos católicos, una expedición franco-española atacó el puerto de Tourane (la actual Da Nang) en 1858 y luego Saigón. En 1862, el emperador se vio forzado a ceder a Francia las provincias del sur, que se convirtieron en la colonia de Cochinchina. A partir de ahí el avance fue implacable: tras el Tratado de Patenotre de 1884, Vietnam quedó partido en tres —la colonia de Cochinchina en el sur y los protectorados de Annam (centro) y Tonkín (norte)— y en 1887 todo se integró en la Unión Indochina, junto con Camboya y, más tarde, Laos.
La dinastía Nguyen sobrevivió como monarquía vasalla, vaciada de poder real. Francia gobernó Indochina como una empresa de extracción: monopolios estatales del opio, el alcohol y la sal; grandes plantaciones de caucho, té y café donde los trabajadores vietnamitas eran sometidos a condiciones brutales; minas de carbón en el norte; y un impuesto de capitación que empujó a muchos campesinos a la miseria y a la servidumbre por deudas. Al mismo tiempo, los franceses construyeron ferrocarriles, puentes, faros, el bulevar de Saigón y Hanói, y difundieron el quoc ngu, la escritura del vietnamita con alfabeto latino que hoy es la oficial.
La dominación generó desde temprano una resistencia que fue mutando. Del movimiento tradicionalista Can Vuong, que en los años 1880 pedía defender al emperador, se pasó a nuevas corrientes: reformistas influidos por Japón, nacionalistas modernos como el VNQDD —cuyo alzamiento de Yen Bai en 1930 fue aplastado— y, sobre todo, el comunismo. En 1930, un joven revolucionario que había recorrido Francia, la URSS y China fundó el Partido Comunista de Indochina. Se hacía llamar, entre muchos alias, Ho Chi Minh.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la Francia de Vichy dejó que la Japón imperial ocupara de hecho Indochina desde 1940, manteniendo a la administración colonial francesa como fachada. En ese contexto, Ho Chi Minh regresó al país y en 1941 fundó, en la cueva de Pac Bo, cerca de la frontera china, la Liga para la Independencia de Vietnam, el Viet Minh, un frente nacionalista de dominio comunista dedicado a combatir a japoneses y franceses.
El final de la guerra abrió una ventana. En marzo de 1945, Japón derrocó a la administración francesa y proclamó una independencia nominal bajo el emperador Bao Dai; ese mismo año, una hambruna atroz —agravada por la política de acopio de arroz japonesa y francesa y por las inundaciones— mató en el norte a entre uno y dos millones de personas, según las estimaciones. Cuando Japón capituló en agosto de 1945, el Viet Minh, que ya controlaba buena parte del campo, lanzó la Revolución de Agosto y tomó el poder casi sin resistencia. Bao Dai abdicó el 25 de agosto.
El 2 de septiembre de 1945, ante una multitud en la plaza Ba Dinh de Hanói, Ho Chi Minh proclamó la independencia y la Democrática República de Vietnam, abriendo su discurso con una cita de la Declaración de Independencia de Estados Unidos. Pero las potencias aliadas habían decidido otra cosa: tropas británicas ocuparon el sur y devolvieron el control a Francia, mientras fuerzas chinas entraban por el norte. Francia no aceptaba perder su colonia. El choque era inevitable.
El enfrentamiento estalló a fines de 1946 y se conoce como la Primera Guerra de Indochina. Durante ocho años, el Viet Minh libró una guerra de guerrillas y luego de posiciones contra el ejército francés. El desenlace llegó en 1954 en el valle de Dien Bien Phu, donde el general Vo Nguyen Giap cercó y aniquiló a una guarnición francesa atrincherada, en una derrota que quebró la voluntad de París. Los Acuerdos de Ginebra de julio de 1954 pusieron fin a la guerra y dividieron 'provisionalmente' el país por el paralelo 17, a la espera de unas elecciones de reunificación previstas para 1956 que nunca se celebraron. Se estima que la Primera Guerra de Indochina dejó entre 400.000 y más de 800.000 muertos, en su mayoría combatientes, además de un elevado número de víctimas civiles.
De esa división nacieron dos Estados: al norte, la República Democrática de Vietnam de Ho Chi Minh; al sur, la República de Vietnam, apoyada por Estados Unidos. El conflicto entre ambos, con la insurgencia comunista del Frente Nacional de Liberación (el Vietcong) en el sur, escaló hasta convertirse en la Guerra de Vietnam. Estados Unidos pasó de enviar asesores a desplegar más de medio millón de soldados a mediados de los años sesenta y a bombardear el norte de forma masiva. La guerra se extendió a Laos y Camboya y se volvió el conflicto más divisivo de la Guerra Fría.
El costo humano fue inmenso y sus cifras están discutidas. Las estimaciones del total de muertos vietnamitas durante la guerra —civiles y combatientes de ambos bandos— van de alrededor de 1,3 millones hasta más de 3 millones; el gobierno vietnamita habla de unos 3 millones, de los cuales cerca de 2 millones serían civiles. A ellos se suman unos 58.000 estadounidenses y cientos de miles de laosianos y camboyanos. Un capítulo aparte es el agente naranja: entre 1961 y 1971, Estados Unidos roció alrededor de 75 millones de litros de herbicidas defoliantes sobre el sur para eliminar la selva que cubría a la guerrilla. Vietnam sostiene que unos 3 millones de personas sufrieron sus efectos y que provocó cientos de miles de muertes y malformaciones congénitas a lo largo de generaciones; las cifras exactas y la relación causal precisa siguen siendo objeto de estudio y de disputa científica y política. La contaminación por dioxina de suelos y personas es, en todo caso, un daño real que persiste hasta hoy.
El desgaste de la guerra, las protestas dentro y fuera de Estados Unidos y la ofensiva del Tet de 1968 empujaron a Washington a negociar su salida. Los Acuerdos de París de 1973 permitieron la retirada de las tropas estadounidenses, pero la guerra entre norte y sur continuó. En la primavera de 1975, el ejército norvietnamita lanzó una ofensiva final que arrolló al sur. El 30 de abril de 1975, sus tanques entraron en Saigón mientras helicópteros evacuaban a los últimos estadounidenses y a miles de survietnamitas desde la embajada. La caída de Saigón puso fin a la guerra.
El 2 de julio de 1976, el país se unificó formalmente como la República Socialista de Vietnam, con capital en Hanói; Saigón fue rebautizada Ciudad Ho Chi Minh. Pero la paz no trajo prosperidad. La colectivización forzada, los campos de 'reeducación' donde fueron internados cientos de miles de vinculados al antiguo régimen del sur, y una economía en ruinas provocaron un éxodo dramático: entre fines de los años setenta y los ochenta, más de un millón de personas huyeron por mar —los llamados boat people—, muchas de ellas de la minoría chino-vietnamita, en travesías donde miles murieron ahogados o a manos de piratas.
Encima, Vietnam se vio arrastrado a nuevas guerras. A fines de 1978 invadió la Camboya de los Jemeres Rojos —cuyo régimen había cometido un genocidio y hostigaba la frontera— y derrocó a Pol Pot, iniciando una ocupación de diez años. En respuesta, en febrero de 1979 China lanzó una invasión 'punitiva' del norte de Vietnam; la guerra duró apenas un mes, con China retirándose en marzo, pero fue muy sangrienta: se estima que cada bando tuvo alrededor de 30.000 muertos, aunque las cifras son inciertas y muy discutidas. El país, agotado y aislado, se hundía en una crisis profunda.
En diciembre de 1986, en su Sexto Congreso, el Partido Comunista de Vietnam reconoció el fracaso de la economía planificada y lanzó el Doi Moi, que significa 'renovación'. Casi al mismo tiempo que la perestroika soviética, pero con un rumbo distinto, Vietnam desmanteló la colectivización agraria, permitió la empresa privada, abrió el país a la inversión extranjera y se volcó a la exportación, todo ello manteniendo el monopolio político del Partido. El modelo, bautizado 'economía de mercado de orientación socialista', se parece al camino chino.
Los resultados fueron espectaculares. De un país al borde de la hambruna, Vietnam pasó a ser uno de los grandes exportadores mundiales de arroz, café, textiles y, más tarde, electrónica, con tasas de crecimiento que rondaron el 6 o 7 por ciento anual durante décadas. La pobreza extrema, que afectaba a la mayoría de la población en los años ochenta, se redujo a una pequeña fracción. Se normalizaron las relaciones con China en 1991 y con Estados Unidos en 1995, y el país ingresó en la ASEAN y en la Organización Mundial del Comercio.
El Vietnam actual tiene alrededor de 100 millones de habitantes, más de la mitad menores de 35 años, y una economía volcada a la industria y a las cadenas globales de producción. Sigue siendo un Estado de partido único, con controles estrictos sobre la prensa y la disidencia, y arrastra tensiones no resueltas: la disputa con China por las islas del mar del Sur, la corrupción, la desigualdad entre el campo y las pujantes Hanói y Ciudad Ho Chi Minh, y las heridas todavía abiertas de la guerra. Pero pocas naciones han recorrido en una vida humana un arco tan extremo: de los tambores de bronce a la fábrica del mundo, pasando por mil años de dominación china, la colonia francesa y una de las guerras más devastadoras del siglo XX.