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Historia · Camboya

Historia de Noreste (montañas y selva)

El otro Camboya de las tierras altas

El noreste de Camboya —las provincias de Mondulkiri y Ratanakiri— es una tierra que apenas se parece al país de las llanuras arroceras y los templos. Aquí, cerca de las fronteras con Laos y Vietnam, el paisaje se vuelve de colinas onduladas, mesetas volcánicas, selva densa y cascadas. Fue durante siglos una región marginal para el poder jemer del valle, más ligada culturalmente a las montañas del interior de Indochina que a la corte de Angkor o de Nom Pen.

Su diferencia es sobre todo humana. Estas tierras altas son el hogar de la mayoría de los pueblos indígenas de Camboya, las etnias montañesas (los llamados Khmer Loeu, 'jemeres de arriba') que no son de origen jemer y que conservan lenguas, creencias animistas y modos de vida propios, muy distintos de los del Camboya budista de la llanura.

Durante buena parte de la historia, esta lejanía las mantuvo relativamente al margen. Pero en el siglo XX la región pagó cara su posición fronteriza: por aquí pasaba parte de la ruta de suministro comunista durante la guerra de Vietnam, la zona fue bombardeada, y fue además uno de los primeros bastiones de los Jemeres Rojos, que reclutaron entre las poblaciones montañesas. Hoy, esa condición apartada es lo que atrae a los viajeros que buscan la Camboya más natural y menos transitada.

https://en.wikipedia.org/wiki/Ratanakiri_provincehttps://en.wikipedia.org/wiki/Mondulkiri_province

Mondulkiri, los elefantes y el pueblo bunong

Mondulkiri es la provincia menos poblada de Camboya: un enorme territorio de colinas verdes, praderas de altura, bosques y cascadas, con un clima más fresco que el del resto del país. Su capital, Sen Monorom, es apenas un pueblo tranquilo que sirve de base para explorar la región.

El pueblo mayoritario aquí no es el jemer, sino el bunong (también escrito phnong), el grupo indígena más numeroso de las tierras altas camboyanas. Los bunong han vivido tradicionalmente de la agricultura de roza, la caza y una relación muy estrecha con el elefante: durante generaciones capturaron y domesticaron elefantes para el trabajo, y en su cultura animista el bosque y los espíritus tienen un papel central. Su lengua pertenece a la familia mon-jemer pero es distinta del camboyano, y su religión tradicional no es el budismo sino el culto a los espíritus de la naturaleza.

En las últimas décadas, Mondulkiri se ha vuelto conocida por un turismo distinto: los santuarios éticos de elefantes, donde en lugar de montarlos se los observa y acompaña en semilibertad, un modelo que busca a la vez proteger a los animales y dar sustento a las comunidades bunong. La otra cara del presente es la presión sobre sus bosques —la deforestación y las plantaciones han avanzado con fuerza sobre las tierras ancestrales de estos pueblos—, uno de los grandes conflictos ambientales del país.

https://en.wikipedia.org/wiki/Mondulkiri_provincehttps://en.wikipedia.org/wiki/Bunong_people

Ratanakiri, selva, volcanes y lagos de cráter

En el extremo nororiental del país, tocando Laos y Vietnam, Ratanakiri es una de las regiones más remotas y salvajes de Camboya. Su nombre significa 'montaña de piedras preciosas', en referencia a los depósitos de gemas —zafiros, circones— que se han extraído de su suelo volcánico. Es tierra de selva espesa, ríos, cataratas y antiguos volcanes.

Su joya natural es el lago Yeak Laom, un lago casi perfectamente circular alojado en el cráter de un volcán extinguido, de aguas transparentes y rodeado de bosque, considerado sagrado por las comunidades indígenas locales. Como Mondulkiri, Ratanakiri es hogar de varios pueblos montañeses —tampuan, jarai, kreung, brao y otros— que conservan lenguas propias, aldeas tradicionales, cementerios con esculturas de madera y una cosmovisión animista muy alejada del Camboya budista de las llanuras.

La historia reciente de Ratanakiri está marcada por la guerra. Su posición fronteriza la convirtió en corredor de la ruta Ho Chi Minh y en blanco de bombardeos, y fue precisamente en esta zona apartada donde los cuadros de los Jemeres Rojos, incluido Pol Pot, se ocultaron y organizaron su movimiento en los años sesenta, reclutando entre las poblaciones indígenas. Aquella lejanía que sirvió de refugio a la guerrilla es hoy la que atrae a viajeros en busca de naturaleza y culturas ancestrales.

https://en.wikipedia.org/wiki/Ratanakiri_provincehttps://en.wikipedia.org/wiki/Yeak_Laom

Banlung, la base de la aventura

Banlung es la capital de la provincia de Ratanakiri y el punto de partida obligado para explorar el noreste. Es una ciudad de frontera, polvorienta en la estación seca y roja por la tierra volcánica de sus caminos, que creció sobre todo en la segunda mitad del siglo XX como centro administrativo y comercial de una región hasta entonces casi sin urbanizar. De hecho, la capital provincial se trasladó a Banlung en los años setenta desde la antigua Lumphat, muy dañada por los bombardeos de la guerra.

Desde Banlung se organizan las excursiones a los grandes atractivos de la zona: el lago cratérico de Yeak Laom, a pocos kilómetros; las cascadas de Katieng, Ka Chanh y Chaa Ong; las plantaciones de caucho, herencia de la época colonial francesa que introdujo este cultivo en la región; y las aldeas de los pueblos indígenas del interior.

La ciudad refleja las dos caras del noreste actual. Por un lado, es la puerta a un turismo de naturaleza y cultura en auge. Por el otro, es el centro desde el que se organiza la explotación económica de la provincia —la tala, el caucho, las plantaciones industriales—, que presiona sobre los bosques y las tierras de las comunidades indígenas. En Banlung se cruzan, como en pocas partes, la Camboya que quiere conservar y la que quiere explotar sus últimas fronteras verdes.

https://en.wikipedia.org/wiki/Banlunghttps://en.wikipedia.org/wiki/Ratanakiri_province

Los pueblos indígenas y la última frontera verde

Lo que une a toda esta región es que representa la Camboya no jemer, la de los pueblos originarios de las montañas. Se calcula que las minorías indígenas del país suman en torno a un par de cientos de miles de personas, concentradas sobre todo en Mondulkiri y Ratanakiri, y comprenden una veintena de grupos distintos —bunong, tampuan, jarai, kreung, brao, kachok y otros—, cada uno con su lengua y sus tradiciones. La mayoría practica religiones animistas, cultiva de forma rotativa y mantiene una relación de propiedad comunal, no individual, con la tierra y el bosque.

Esa diferencia es también la raíz de su vulnerabilidad. Las tierras ancestrales de estos pueblos han sido objeto en las últimas décadas de concesiones económicas para plantaciones de caucho, anacardo y otros cultivos, así como de tala legal e ilegal, lo que ha provocado conflictos, desplazamientos y una acelerada pérdida de bosque en una de las regiones antes más intactas del Sudeste Asiático.

Para el viajero, el noreste ofrece por eso una experiencia única en Camboya: no la de los grandes monumentos, sino la de un mundo de selva, cascadas y culturas ancestrales que sobreviven al margen del relato nacional jemer. Recorrerlo con respeto —apoyando el turismo comunitario, entendiendo que se visita el hogar de otros— es asomarse a la parte más diversa y frágil del país.

https://en.wikipedia.org/wiki/Indigenous_peoples_in_Cambodiahttps://en.wikipedia.org/wiki/Bunong_people

📍 Destinos de Noreste (montañas y selva)

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📚 Bibliografía

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