En lo alto de la montaña, a unos 1.600 metros de altitud y a menos de dos kilómetros de la frontera con Austria, se abre el valle de Malbun, la única estación de esquí de Liechtenstein. Administrativamente forma parte del municipio de Triesenberg, del que es un exclave situado más allá de la línea de cumbres, y es el gran destino de montaña del principado, tanto en invierno para esquiar como en verano para caminar.
La estación es de escala acorde al país: unas pocas remontadas y telesillas que suben por las laderas, pistas para todos los niveles y dos zonas de aprendizaje para los más chicos, pensadas para las familias. Desde las crestas más altas se ven a la vez Suiza y Austria, y el ambiente es el de un valle alpino recogido, muy distinto del bullicio de las grandes estaciones de los Alpes.
Malbun tuvo hasta un roce insólito con la historia militar: en 1968, cinco proyectiles de artillería suizos, disparados por error durante unas maniobras, cayeron sobre el valle y causaron algún daño menor. La anécdota, casi un chiste sobre la escala del país, no impidió que Malbun se consolidara como el corazón del turismo de montaña de Liechtenstein y el lugar donde el principado, sin costa ni grandes ciudades, ofrece su naturaleza alpina.
Antes de ser una estación de esquí, Malbun fue lo que eran todos estos valles de altura: un lugar de pastos de verano al que los ganaderos walser de Triesenberg subían el ganado en los meses cálidos, en el sistema tradicional de trashumancia alpina. Durante siglos, la montaña no fue un destino de ocio, sino un recurso económico duro y estacional, ligado a la ganadería y a la explotación de los pastos comunales.
El esquí y el turismo de invierno llegaron a los Alpes a lo largo del siglo XX y transformaron por completo el sentido de estos valles. Malbun se fue equipando con hoteles, remontes y pistas, y pasó de ser un rincón ganadero a convertirse en un centro de recreo. Hasta la familia principesca frecuentó la estación: los príncipes de Liechtenstein aprendieron a esquiar en estas laderas, lo que le dio a Malbun cierto prestigio.
Ese cambio refleja, a pequeña escala, la transformación económica de toda la montaña europea: paisajes que durante siglos apenas daban para sobrevivir se revalorizaron cuando el ocio y el turismo se volvieron industrias. En Liechtenstein, un país que hizo su fortuna con la industria y las finanzas del valle, Malbun aporta la otra pata de su economía moderna, la del turismo alpino.
Camino de Malbun, un poco más abajo, está la pequeña aldea de Steg, y junto a ella se abre el Valünatal (o valle del Valüna), un valle alpino más apacible y menos edificado que Malbun. Si Malbun es el centro del esquí alpino, Steg y el Valünatal son el reino del esquí de fondo, de las caminatas y de la calma de la alta montaña, con senderos que se internan entre praderas y bosques.
El valle conserva un carácter natural y tranquilo, con la arquitectura tradicional de las cabañas de montaña y los pastos que aún se usan para el ganado en verano. Es un paisaje típico del sistema de explotación alpina que practicaron los walser: aprovechar cada rincón de la montaña según la estación, subiendo y bajando el ganado y trabajando unos suelos difíciles.
Steg y el Valünatal representan la Liechtenstein más silenciosa, la que queda lejos de los bancos de Vaduz y de las fábricas de Schaan. Es el reverso natural de un país conocido sobre todo por su riqueza financiera: un lugar donde el principado vuelve a ser, simplemente, un puñado de valles alpinos entre montañas.
Aunque se lo conozca por su llanura del Rin, más de la mitad de Liechtenstein es montaña. La mayor parte del territorio está ocupada por los Alpes réticos, con cumbres que superan los 2.000 metros; el punto más alto del país es el Grauspitz, con 2.599 metros, en la frontera con Suiza. Es una geografía vertical, de valles encajonados y laderas empinadas, que durante siglos condicionó la vida de sus habitantes y los obligó a una economía de subsistencia.
Esa montaña fue, históricamente, tan importante como el valle. Los pastos de altura sostenían la ganadería, base de la alimentación y de la escasa economía de exportación —el queso, la manteca— del viejo principado agrícola. La organización de esos pastos comunales, las 'alpes' donde subía el ganado en verano, estructuró durante generaciones la vida de los pueblos de montaña como Triesenberg.
Hoy esas mismas montañas cumplen otra función. Con el país ya rico gracias a la industria y las finanzas, la alta montaña se ha vuelto sobre todo un espacio de naturaleza y turismo, atravesado por rutas de senderismo bien señalizadas —como el conocido sendero del príncipe, que recorre las cumbres— y protegido en buena parte como reserva natural. La montaña que antes daba de comer a duras penas es ahora uno de los grandes atractivos del principado.
El entorno de Malbun y el Valünatal concentra buena parte del patrimonio natural de Liechtenstein. Son valles de alta montaña donde sobreviven la flora y la fauna alpinas: rebecos, marmotas, aves rapaces y, en las praderas de altura, una gran variedad de flores de montaña que estallan en verano cuando se retira la nieve. Parte de este territorio está protegido como reserva natural, un esfuerzo notable en un país tan pequeño y tan densamente poblado en su franja llana.
La red de senderos convierte a la región en el gran destino de excursionismo del principado. Desde Malbun y Steg parten rutas que suben a los collados y a las cumbres fronterizas, con vistas que abarcan Liechtenstein, Suiza y Austria de una sola mirada. En invierno, esas mismas laderas se cubren de pistas de esquí alpino en Malbun y de recorridos de esquí de fondo en el Valünatal.
Esta cara natural es el complemento necesario del retrato del país. Liechtenstein no es solo castillos, bancos y fábricas: es también un fragmento de los Alpes con su naturaleza intacta, un lugar donde, a pocos minutos en auto de la capital y de sus rascacielos financieros, se puede caminar por praderas de altura en el más completo silencio. En esa combinación de riqueza extrema y montaña preservada está buena parte del encanto del principado.