En el extremo sur de Liechtenstein, sobre una colina rocosa que se levanta entre el pueblo de Balzers y el barrio de Mäls, se alza el castillo de Gutenberg (Burg Gutenberg), construido hacia el año 1200. A diferencia del castillo de Vaduz, que es residencia privada del príncipe, Gutenberg es un castillo público que se puede visitar y que funciona como espacio cultural. Perteneció durante siglos a la casa de Habsburgo, entre los siglos XIV y XIX, lo que lo distingue del resto del territorio, ligado a la casa de Liechtenstein.
Gutenberg es uno de los dos castillos medievales que se conservan en pie en el país, y domina desde su altura la entrada sur del valle, un punto de paso estratégico por donde pasaban los caminos hacia Suiza y los Grisones. Su posición explica por qué esta colina estuvo fortificada y habitada mucho antes de que existiera el castillo actual.
La silueta de Gutenberg sobre Balzers resume el carácter de esta región: la de los castillos y el sur, donde el paisaje del valle del Rin se estrecha y se encajona entre montañas, y donde cada elevación defendible fue aprovechada a lo largo de los siglos como puesto de control del principal corredor de comunicación de la zona.
La colina del castillo de Gutenberg es uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Liechtenstein. En sus laderas se han encontrado restos de asentamientos que se remontan al Neolítico y a la Edad del Bronce, así como objetos de época romana, prueba de que este promontorio fue un lugar habitado y sagrado miles de años antes de que se construyera la fortaleza medieval. Entre los hallazgos más célebres figura una estatuilla votiva de bronce de una figura femenina, de época prerromana.
El propio nombre de Balzers delata su antigüedad: aparece mencionado por primera vez en el año 842 como 'Palazoles', un nombre de origen latino que significaría 'pequeño palacio' o 'pequeña residencia', lo que sugiere que ya en la Alta Edad Media era un lugar de cierta importancia. Es uno de los topónimos documentados más antiguos del país.
Ese subsuelo cargado de historia hace de Balzers algo más que un pueblo con castillo: es una ventana a las capas más profundas del poblamiento de los Alpes centrales, desde los primeros agricultores neolíticos hasta los romanos que controlaron el valle del Rin, pasando por los pueblos que dejaron sus ofrendas en la colina de Gutenberg.
Su posición en la puerta sur del país puso a Balzers en el camino de los ejércitos. Durante la Guerra de la Segunda Coalición, en 1799, tropas francesas acamparon en Balzers durante unas tres semanas, y ese mismo octubre pasaron por la zona las fuerzas rusas del general Alexander Suvórov, en el marco de su célebre y penosa campaña alpina contra los franceses. Para un país sin ejército y declaradamente neutral, esos episodios son de los pocos en que las grandes guerras europeas tocaron físicamente su suelo.
El sur de Liechtenstein protagonizó también un curioso ajuste de fronteras ya en el siglo XX. En 1949, el principado cedió a Suiza el Ellhorn, una montaña de valor estratégico situada en el término de Balzers, en un intercambio territorial que dejó cierto malestar entre la población local, que veía cómo una parte de su paisaje pasaba a manos del vecino.
Hoy Balzers es un municipio próspero de algo más de 4.800 habitantes que conserva vivas sus tradiciones, como la rivalidad festiva entre los barrios de Balzers y Mäls o la hoguera primaveral del 'Funken'. Alberga además la sede de Oerlikon Balzers, una empresa de recubrimientos y tecnología de vacío, otra muestra de cómo la industria de alta tecnología echó raíces incluso en los pueblos del sur del principado.
Encaramado en la ladera de la montaña, por encima del valle del Rin, el pueblo de Triesenberg tiene un origen distinto al del resto de Liechtenstein. Fue fundado alrededor del año 1300 por los walser, un pueblo de colonos de habla alemana procedente del Valais, en Suiza, que en la Baja Edad Media migró por los Alpes buscando tierras altas que roturar. Los príncipes y señores de la época les concedían privilegios para que colonizaran zonas de montaña difíciles, que nadie más quería trabajar.
Los walser se especializaron en la vida de altura: la ganadería en pastos de montaña, la agricultura en terrazas empinadas y la explotación de un territorio que exigía un enorme esfuerzo. Triesenberg, documentado por primera vez en 1378 como 'Trisnerberg', es el municipio más extenso del país y agrupa numerosas aldeas dispersas por la montaña, incluida la de Malbun, la única estación de esquí del principado.
Lo que hace único a Triesenberg no es solo su origen, sino que esa identidad walser sobrevivió durante siete siglos. Frente a la Malta del valle, más abierta y cosmopolita, Triesenberg representa la Liechtenstein de la montaña: la de los colonos que domesticaron las alturas y que mantuvieron, generación tras generación, una manera propia de hablar y de vivir.
El rasgo más notable de Triesenberg es lingüístico. Mientras en el resto de Liechtenstein se habla un dialecto alemánico común al del valle del Rin, en Triesenberg se conserva un dialecto walser propio, heredado directamente de aquellos colonos del Valais y distinto del habla de los pueblos vecinos. Es un caso llamativo de diversidad lingüística dentro de un país minúsculo: en apenas unos kilómetros de distancia, la forma de hablar cambia de manera perceptible.
Ese dialecto no es una curiosidad del pasado, sino una lengua viva que la comunidad cultiva y promueve activamente como seña de identidad. En el pueblo funciona el Museo Walser (Walsermuseum), dedicado a la historia, la cultura, la vestimenta y la lengua de este pueblo de montaña, que documenta cómo era la vida de los colonos y cómo se mantuvo su herencia a lo largo de los siglos.
La pervivencia del dialecto y de las tradiciones walser convierte a Triesenberg en un pequeño enclave cultural dentro del principado, un recordatorio de que Liechtenstein, pese a su tamaño, no es un bloque uniforme, sino la suma de comunidades con orígenes distintos: los pueblos del valle, de raíz alemánica, y los walser de las alturas, llegados de otro rincón de los Alpes hace setecientos años.