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Historia · Filipinas

Historia de Palawan

Las cuevas de Tabón, la cuna de la civilización filipina

Palawan, la larga isla que se estira hacia Borneo entre el mar de China Meridional y el de Sulú, guarda las huellas humanas más antiguas del país. En las cuevas de Tabón, en el municipio de Quezon, los arqueólogos hallaron restos humanos de unos 47.000 años —el llamado 'Hombre de Tabón'—, junto con herramientas de piedra, cerámica y vasijas funerarias. Por esa antigüedad, a Palawan se la conoce como la 'cuna de la civilización filipina'.

Aquellos primeros habitantes llegaron probablemente por tierra, en épocas glaciales en que el nivel del mar era más bajo y Palawan estaba casi conectada con Borneo; de hecho, la fauna de la isla —con especies emparentadas con las de Borneo— es distinta de la del resto de Filipinas, y por eso los biólogos la consideran una región aparte. Sobre ese poblamiento remoto se asentaron después los pueblos indígenas que aún viven en la isla: los tagbanua, los pala'wan y los batak, guardianes de tradiciones de tallado, tejido y rituales ligados a la naturaleza.

Uno de los hallazgos más preciosos de Tabón es el 'jarrón de Manunggul', una vasija funeraria de unos 2.800 años cuya tapa representa a dos figuras navegando en una barca hacia el más allá: una imagen que resume, en barro, la relación de estos pueblos con el mar y con la muerte, y que hoy es un ícono del patrimonio nacional. Palawan es, en cierto sentido, el subsuelo profundo de la historia filipina.

https://en.wikipedia.org/wiki/Tabon_Caveshttps://en.wikipedia.org/wiki/Tabon_Manhttps://en.wikipedia.org/wiki/Palawan

Frontera entre sultanatos y España

Durante siglos, Palawan fue una tierra de frontera disputada. El norte y buena parte de la costa quedaron dentro de la órbita del Sultanato de Sulú, cuya influencia musulmana llegaba desde el archipiélago del mismo nombre; el comercio, las incursiones y los lazos de vasallaje ligaban a Palawan con Sulú y con Borneo. España, en cambio, tardó mucho en afianzarse en la isla, larga, boscosa, escasamente poblada y lejana del centro colonial de Manila.

Los españoles fundaron misiones y presidios en la costa este para vigilar la ruta y contener las incursiones, pero su dominio fue siempre débil y periférico. La propia geografía de Palawan —una cadena montañosa que recorre la isla, selvas densas, costas de manglares— la volvía difícil de controlar y mantuvo a muchos de sus pueblos indígenas al margen del sistema colonial hasta tiempos recientes.

Bajo el dominio estadounidense y luego en la república independiente, Palawan siguió siendo una tierra de frontera, ahora hacia adentro: un destino de migración desde otras islas superpobladas, con colonos que llegaban a abrir tierras nuevas. Esa condición de última frontera explica que Palawan conserve todavía enormes extensiones de selva y de mar prácticamente vírgenes, y que sea hoy una de las provincias con mayor biodiversidad y mayor proporción de áreas protegidas del país. La historia la dejó al margen; la naturaleza se lo agradeció.

https://en.wikipedia.org/wiki/Palawanhttps://en.wikipedia.org/wiki/Sultanate_of_Suluhttps://www.britannica.com/place/Palawan

Puerto Princesa y el río subterráneo

Puerto Princesa, capital de la provincia, fue fundada como asentamiento español a fines del siglo XIX, en 1872, con la idea de reforzar la presencia colonial en una isla escurridiza. Su nombre honra a una princesa de la corona española. Con el tiempo se convirtió en la puerta de entrada de Palawan y en su principal ciudad, hoy una de las más extensas del mundo por superficie municipal, porque abarca una enorme franja de selva y costa.

Su tesoro natural es el río subterráneo, dentro del Parque Nacional del Río Subterráneo de Puerto Princesa: uno de los ríos navegables bajo tierra más largos del mundo, que corre por una espectacular cueva de estalactitas y estalagmitas antes de desembocar directamente en el mar. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999 y, más tarde, elegido una de las Nuevas Siete Maravillas de la Naturaleza, lo que lo convirtió en el gran imán turístico de la isla.

Puerto Princesa también carga con la memoria de la guerra. En diciembre de 1944, en el tramo final de la ocupación japonesa, ocurrió allí una de las atrocidades más recordadas del conflicto en Filipinas: la masacre de prisioneros de guerra estadounidenses, quemados y asesinados por sus captores ante el temor de un desembarco aliado. Solo un puñado logró sobrevivir. Ese episodio sombrío convive hoy con la imagen apacible de una ciudad que se presenta como modelo de turismo ecológico y limpieza urbana.

https://en.wikipedia.org/wiki/Puerto_Princesahttps://whc.unesco.org/en/list/652/https://en.wikipedia.org/wiki/Palawan_massacre

Coron, los pecios de la guerra y los tagbanua

En el norte de Palawan, entre las islas Calamian, Coron combina dos historias muy distintas bajo el mismo mar turquesa. La primera es la de sus habitantes originarios, los tagbanua de Coron, que mantienen un dominio ancestral sobre la isla y sus lagos sagrados. El más famoso, el lago Kayangan, y las aguas cristalinas de sus calas están gestionados por la propia comunidad tagbanua, que obtuvo el reconocimiento legal de su territorio ancestral, tierra y agua: un caso pionero de derechos indígenas sobre un área de gran valor turístico.

La segunda historia está bajo el agua. En septiembre de 1944, durante la campaña de liberación, la aviación estadounidense localizó y atacó una flota japonesa fondeada en la bahía de Coron, y hundió alrededor de una veintena de barcos —petroleros y naves auxiliares— en pocas horas. Aquellos pecios, hoy cubiertos de coral y vida marina, convirtieron a Coron en uno de los mejores destinos de buceo entre restos de la Segunda Guerra Mundial del planeta. Bucear entre esos cascos es recorrer, literalmente, un cementerio submarino de la guerra en el Pacífico.

Así, en Coron conviven la memoria de un conflicto planetario y la de un pueblo que resistió y logró conservar su tierra. El paisaje kárstico de la isla de Coron —farallones de piedra caliza que se hunden en el mar— completa un rincón donde la historia natural, la indígena y la militar se superponen bajo la superficie del agua.

https://en.wikipedia.org/wiki/Coron,_Palawanhttps://en.wikipedia.org/wiki/Tagbanwa_peoplehttps://en.wikipedia.org/wiki/Coron_Island

El Nido y la última frontera natural

En el extremo noroeste de la isla, El Nido custodia uno de los paisajes marinos más deslumbrantes del mundo: el archipiélago de Bacuit, un laberinto de acantilados de piedra caliza, lagunas escondidas de agua color esmeralda y decenas de islotes. El nombre viene de los nidos de las salanganas, unas aves cuyos nidos comestibles se recolectaban en las cuevas de los farallones para venderlos al mercado chino, un comercio antiguo que conecta a este rincón remoto con las viejas rutas asiáticas.

Durante casi toda su historia, El Nido fue un puñado de aldeas de pescadores aisladas, de difícil acceso, sostenidas por el mar. Su transformación es reciente: recién en las últimas décadas del siglo XX, con la llegada del turismo, pasó de ser un secreto de mochileros y buzos a un destino de fama mundial. Buena parte de su entorno está protegido dentro de un área de recursos gestionados, en un intento de equilibrar el crecimiento turístico con la conservación de sus arrecifes y sus bosques.

El Nido resume el dilema del Palawan actual. La provincia entera es célebre como 'la última frontera' de Filipinas por su naturaleza casi intacta, pero ese mismo atractivo la expone a la presión del turismo masivo, la construcción descontrolada y la contaminación. La historia de Palawan fue la de una tierra que quedó al margen y por eso conservó su riqueza natural; su futuro depende de si logra protegerla ahora que el mundo entero quiere verla.

https://en.wikipedia.org/wiki/El_Nido,_Palawanhttps://en.wikipedia.org/wiki/Bacuit_Archipelagohttps://www.britannica.com/place/Palawan

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📚 Bibliografía

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