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Historia · Camboya

Historia de Capital y centro (Mekong)

Nom Pen, la capital de los cuatro brazos

Nom Pen (Phnom Penh) nació de la caída de Angkor. Cuando el centro del reino jemer se desplazó hacia el sureste, hacia el comercio fluvial y marítimo, el rey Ponhea Yat estableció aquí la capital hacia 1434, en un punto privilegiado: el Chaktomuk, el 'lugar de los cuatro rostros', donde se encuentran el Mekong, el Bassac y el peculiar Tonlé Sap, el río que cambia de sentido según la estación. La leyenda atribuye el nombre a doña Penh, una mujer que levantó un santuario sobre una colina —el Wat Phnom, la 'colina de Penh'— para guardar unas imágenes sagradas que el río le trajo.

La ciudad fue capital de forma intermitente durante siglos y se consolidó como tal bajo el protectorado francés, que la convirtió en la joya urbana de la Indochina: los franceses trazaron sus bulevares, levantaron el mercado central Art Déco, los edificios administrativos y las villas que le valieron el apodo de 'la perla de Asia'. El Palacio Real y la Pagoda de Plata, del período monárquico, siguen siendo su corazón simbólico.

Pero Nom Pen carga también con el episodio más terrible de la historia camboyana. El 17 de abril de 1975, los Jemeres Rojos ocuparon la ciudad y en cuestión de horas la vaciaron por completo, expulsando a la fuerza a sus casi dos millones de habitantes hacia el campo. Durante casi cuatro años, la capital quedó convertida en una ciudad fantasma. Cuando Vietnam la liberó en 1979, había que repoblarla desde cero.

https://en.wikipedia.org/wiki/Phnom_Penhhttps://www.britannica.com/place/Phnom-Penh

Tuol Sleng y Choeung Ek, la memoria del genocidio

Ningún lugar de Camboya explica mejor lo que fueron los Jemeres Rojos que dos sitios de Nom Pen. El primero es Tuol Sleng, una antigua escuela secundaria que el régimen convirtió en su principal centro de interrogatorio y tortura, la prisión secreta S-21. Por sus aulas transformadas en celdas pasaron alrededor de 15.000 personas —hombres, mujeres y niños—, forzadas a firmar confesiones falsas antes de ser eliminadas. Se salvaron apenas un puñado. Hoy es el Museo del Genocidio: se conservan las celdas, los instrumentos y, sobre todo, los miles de fotografías que los propios carceleros tomaron a cada víctima, una galería de rostros que mira al visitante.

El segundo es Choeung Ek, a unos 15 kilómetros de la ciudad, el más conocido de los muchos 'campos de la muerte' del país: el lugar donde se llevaba a ejecutar a los prisioneros de S-21. En sus fosas comunes se hallaron los restos de miles de personas. Un stupa memorial, una torre acristalada, guarda hoy más de cinco mil cráneos de las víctimas, ordenados como testimonio silencioso.

Estos memoriales no son una atracción más. Se visitan con respeto, en silencio, porque son a la vez tumba y prueba. Fueron centrales en el juicio del tribunal respaldado por la ONU, que condenó al jefe de S-21, 'Duch', por crímenes contra la humanidad. Para los camboyanos, y para quien los visita, son la garantía de que lo que pasó aquí no se niegue ni se olvide.

https://en.wikipedia.org/wiki/Tuol_Sleng_Genocide_Museumhttps://en.wikipedia.org/wiki/Choeung_Ek

El renacimiento de la capital

La Nom Pen que se visita hoy es una ciudad que se reinventó desde el vacío. Repoblada tras 1979 por quienes volvían del campo y por gente de otras provincias, pasó décadas difíciles de posguerra y penuria hasta que la paz de los años noventa y la apertura económica la relanzaron. En pocas décadas ha vivido un crecimiento vertiginoso, con torres, tráfico y una vida urbana que contrasta con el silencio de los años de los Jemeres Rojos.

En su trama conviven las capas de la historia camboyana: el Palacio Real y la Pagoda de Plata con su suelo de baldosas de plata maciza; el Museo Nacional, de estilo jemer, que guarda la mejor colección de escultura de Angkor; los edificios coloniales franceses y el mercado central; y la arquitectura del llamado 'nuevo jemer' de los años sesenta, la modernidad optimista de la era de Sihanouk, obra sobre todo del arquitecto Vann Molyvann.

El río sigue siendo el eje de la vida, como en 1434. El paseo del Sisowath Quay, sobre el Tonlé Sap, se llena al atardecer, y cada noviembre la ciudad celebra el Bon Om Touk, la fiesta del agua que festeja el momento en que el río Tonlé Sap invierte su curso, uno de los fenómenos hidrológicos más singulares del planeta y la base de la extraordinaria riqueza pesquera del país.

https://en.wikipedia.org/wiki/Phnom_Penhhttps://www.britannica.com/place/Phnom-Penh

Kratie y los delfines del Mekong

Aguas arriba de la capital, sobre la orilla del Mekong, Kratie es una tranquila ciudad de provincias que conserva un aire detenido en el tiempo, con sus casas coloniales francesas frente al río y sus atardeceres largos sobre el agua. Su fama, sin embargo, no está en la ciudad sino en lo que nada en el río: es el mejor lugar del país para avistar el delfín del Irrawaddy, un delfín de agua dulce de frente redondeada y aspecto sonriente que sobrevive en un tramo del Mekong entre Kratie y la frontera con Laos.

Estos delfines están en peligro crítico de extinción. Quedan solo unas pocas decenas en el río, amenazados durante años por las redes de pesca, la caza y los proyectos de represas. Para los camboyanos son un animal casi sagrado, protagonista de leyendas, y hoy el centro de un esfuerzo de conservación que busca protegerlos y que ha convertido su avistamiento en la principal fuente de ingresos de las aldeas ribereñas.

La región de Kratie, en el Mekong medio, fue también tierra profundamente golpeada por la guerra: fue una de las primeras zonas en caer bajo control de los Jemeres Rojos, ya a comienzos de los años setenta, por su posición estratégica junto al río y a las rutas de suministro. Hoy, ese pasado convive con un turismo pausado y ecológico, centrado en el río, la naturaleza y el ritmo lento de la vida a orillas del Mekong.

https://en.wikipedia.org/wiki/Kratiéhttps://en.wikipedia.org/wiki/Irrawaddy_dolphin

El Mekong, arteria de Camboya

Esta región central se organiza toda en torno al Mekong, el gran río que baja del Tíbet y atraviesa el país de norte a sur antes de desembocar en el mar por el delta vietnamita. Para Camboya, el Mekong y su hermano el Tonlé Sap no son un paisaje: son la base misma de la civilización. Fue el dominio del agua —crecidas, canales, pesca— lo que permitió a los jemeres alimentar a la población que construyó Angkor, y sigue siendo lo que da de comer a millones de camboyanos.

El fenómeno clave es el gran lago Tonlé Sap y su río homónimo, que cada año invierte su corriente: durante el monzón, el Mekong crece tanto que empuja el agua río arriba y hace que el lago se expanda hasta multiplicar su superficie, inundando bosques enteros que se vuelven un criadero de peces sin igual. Cuando las aguas bajan, dejan la tierra fertilizada y el pescado que sostiene la dieta nacional. Es uno de los sistemas fluviales más productivos del mundo.

Por eso el destino de esta región está tan ligado al del río. Las grandes represas construidas aguas arriba, en China y Laos, y el cambio climático amenazan hoy ese ciclo milenario, con consecuencias directas para la pesca y la agricultura camboyanas. Recorrer el Mekong central —de Nom Pen a Kratie— es viajar por la arteria que ha dado vida al país desde antes de Angkor y de la que depende su futuro.

https://en.wikipedia.org/wiki/Tonlé_Saphttps://en.wikipedia.org/wiki/Mekong

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📚 Bibliografía

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