Hanói es una de esas ciudades que golpean todos los sentidos a la vez. En el laberinto del Barrio Antiguo, las motos zumban en todas direcciones, los vendedores cargan sus balancines de bambú con frutas y flores, el humo de las brasas sube de los puestos de comida y el aroma del café con leche condensada se mezcla con el del pho hirviendo. Es caótica, ruidosa y abrumadora al principio, pero basta sentarse en un banquito de plástico en la vereda, con un té o una cerveza fría, para empezar a entenderla y a quererla.
Detrás de ese bullicio hay una ciudad milenaria. Hanói fue capital imperial con el nombre de Thang Long hace más de mil años, y todavía conserva su Ciudadela Imperial, sus pagodas, su Templo de la Literatura —la primera universidad de Vietnam— y decenas de lagos alrededor de los cuales late la vida cotidiana. A esa herencia se suma la huella del período colonial francés, visible en los bulevares arbolados, la Ópera y las villas amarillas del barrio francés, y la del siglo XX, marcado por la figura de Ho Chi Minh y por la guerra.
Esta guía recorre Hanói con mirada práctica y cálida: qué ver sin agotarse, cómo moverse por su tráfico legendario, dónde comer el mejor pho, bun cha o egg coffee, y cómo usar la ciudad de base para las grandes escapadas del norte —Halong, Ninh Binh, Sapa, Ha Giang—. Hanói premia al viajero paciente y curioso con algunos de los momentos más auténticos de todo Vietnam.
Hanói nació a orillas del río Rojo y su historia se remonta a más de mil años. En el año 1010, el emperador Ly Thai To, fundador de la dinastía Ly, trasladó aquí la capital y la bautizó Thang Long, 'el dragón que asciende', tras —según la leyenda— avistar un dragón elevándose sobre el río. Durante siglos fue el centro del poder de las dinastías Ly, Tran y Le, que levantaron la Ciudadela Imperial, el Templo de la Literatura y decenas de pagodas. En 1802 la nueva dinastía Nguyen trasladó la capital a Hue y la ciudad pasó a llamarse Ha Noi ('entre ríos') en 1831. A partir de 1883 Hanói cayó bajo dominio francés y se convirtió en capital de la Indochina francesa, que le dejó su trazado de bulevares, la Ópera y el barrio colonial. En 1945, desde la plaza Ba Dinh, Ho Chi Minh proclamó la independencia de Vietnam; siguieron la guerra de Indochina contra Francia y la larga guerra de Vietnam, durante la cual Hanói fue bombardeada por la aviación estadounidense. Capital de Vietnam del Norte y, desde la reunificación de 1976, capital de todo el país, hoy Hanói combina su alma milenaria con la energía de una metrópoli en plena transformación. La historia completa, con sus dragones, dinastías y guerras, está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓La cuna del pueblo vietnamita: el delta del río Rojo, la capital milenaria Thang Long-Hanói, las primeras capitales imperiales en Ninh Binh y las montañas de minorías étnicas de Sapa y Ha Giang.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
La historia de Hanói como capital tiene una fecha y una imagen fundacionales: el año 1010 y un dragón elevándose sobre el río. Aquel año, el emperador Ly Thai To, fundador de la dinastía Ly, decidió trasladar la capital de su reino desde Hoa Lu —una ciudadela rodeada de montañas en la actual Ninh Binh— a la orilla del río Rojo, donde antes había existido una fortaleza llamada Dai La. Según la tradición, al llegar al lugar el emperador vio un dragón dorado ascendiendo hacia el cielo, y tomó la visión como un presagio de prosperidad. Bautizó la nueva capital Thang Long, 'el dragón que asciende'.
Pero la zona ya tenía un largo pasado. El delta del río Rojo es una de las cunas de la civilización vietnamita, y por allí habían pasado los primeros reinos del Vietnam antiguo y, durante casi mil años (desde el siglo II a.C. hasta el X d.C.), la dominación china, que dejó una honda huella cultural, administrativa y religiosa —el confucianismo, la escritura, el budismo—. En el siglo VII, los chinos de la dinastía Tang habían fortificado el lugar con el nombre de Dai La. La independencia definitiva de Vietnam respecto de China llegó en el siglo X, y fue esa Vietnam ya soberana la que hizo de Thang Long su capital.
Bajo la dinastía Ly (1009-1225) y la posterior dinastía Tran, Thang Long floreció: se levantaron la Ciudadela Imperial, palacios, murallas y templos, y se fundaron instituciones que perduran hasta hoy, como el Templo de la Literatura (1070) y la primera universidad nacional del país, el Quoc Tu Giam (1076). La ciudad se organizó en dos partes: la ciudadela imperial, sede del poder, y el barrio comercial y artesanal que la rodeaba, germen del actual Barrio Antiguo de las calles gremiales.
Durante la Edad Media, Thang Long fue el centro de un Vietnam que tuvo que defender una y otra vez su independencia. En el siglo XIII, la dinastía Tran resistió tres invasiones del poderoso Imperio mongol de Kublai Kan, que ya había conquistado China. El general Tran Hung Dao se convirtió en héroe nacional al derrotar a los mongoles, sobre todo en la célebre batalla del río Bach Dang (1288), donde hundió la flota enemiga clavando estacas de hierro en el lecho del río. Todavía hoy se le rinde culto en templos de todo el país, incluido el templo Ngoc Son del lago Hoan Kiem.
A comienzos del siglo XV, tras un breve período de dominación de la dinastía china Ming, surgió otra de las grandes figuras de la historia vietnamita: Le Loi, que encabezó una guerra de liberación de diez años y expulsó a los chinos, fundando la dinastía Le en 1428. A él está ligada la leyenda que dio nombre al lago más famoso de la ciudad: se cuenta que Le Loi recibió de una tortuga divina una espada mágica con la que logró la victoria y que, terminada la guerra, mientras paseaba en barca por el lago, la tortuga emergió para reclamar la espada y devolverla al reino de las aguas. De ahí el nombre Hoan Kiem, 'la Espada Restituida'.
La dinastía Le (siglos XV-XVIII) fue una época de esplendor cultural y de consolidación del Estado confuciano, con Thang Long como corazón político e intelectual. Se ampliaron la ciudadela y las instituciones, se codificaron leyes célebres y se afianzó el sistema de exámenes imperiales, cuyos doctores dejaron su nombre grabado en las estelas de piedra del Templo de la Literatura. La ciudad vivía entre el poder de la corte y el bullicio de sus barrios de artesanos y comerciantes.
El paso del tiempo trajo un cambio de rango para la vieja capital. En 1802, tras décadas de guerras civiles y de la rebelión de los Tay Son, el señor Nguyen Anh unificó el país bajo su mando, se proclamó emperador con el nombre de Gia Long y fundó la dinastía Nguyen, la última de Vietnam. Gia Long decidió establecer su capital no en Thang Long, sino en Hue, en el centro del país, donde levantó una gran ciudadela imperial. Thang Long perdió así su condición de capital que había ostentado durante casi ocho siglos.
En 1831, el emperador Minh Mang reorganizó la administración del país y dio a la ciudad el nombre que conserva hasta hoy: Ha Noi, que significa 'entre ríos' o 'la ciudad rodeada por el río', en referencia a su posición junto al río Rojo. Aunque relegada políticamente, Hanói siguió siendo un importante centro comercial y cultural del norte, con su barrio de las calles gremiales en plena actividad.
Esa relativa tranquilidad terminó con la llegada de las potencias europeas. A lo largo del siglo XIX, Francia fue extendiendo su influencia sobre Indochina. En 1873 y de nuevo en 1882 las tropas francesas atacaron y tomaron la ciudadela de Hanói, en episodios en los que murieron sus defensores. En 1883, Vietnam quedó bajo protectorado francés, y poco después Hanói fue elegida capital de toda la Indochina francesa, lo que la colocó de nuevo, aunque bajo dominio extranjero, en el centro del poder de la región.
Durante más de siete décadas, Hanói fue la capital de la Indochina francesa, la vasta colonia que agrupaba el actual Vietnam, Laos y Camboya. Los franceses transformaron buena parte de la ciudad: al este y al sur del Barrio Antiguo trazaron un nuevo barrio de estilo europeo, con anchos bulevares arbolados, villas de estilo mediterráneo pintadas de amarillo ocre, edificios administrativos, mercados cubiertos y monumentos. De aquella época datan la Ópera de Hanói (1911), inspirada en la de París, la Catedral neogótica de San José, el gran hotel Metropole, el puente de hierro Long Bien sobre el río Rojo —proyectado por la empresa de Gustave Eiffel— y el trazado del que hoy sigue siendo el elegante 'barrio francés'.
Pero la modernización colonial convivió con la explotación y la represión. Los franceses construyeron la prisión de Hoa Lo para encerrar a los presos políticos y revolucionarios vietnamitas que se oponían al dominio colonial; sus celdas y su guillotina son hoy un museo. A comienzos del siglo XX, Hanói se convirtió en uno de los focos del creciente movimiento nacionalista e independentista vietnamita, que fue tomando forma en partidos, sociedades secretas y, con el tiempo, en el Partido Comunista de Indochina, fundado en 1930 bajo el impulso de Ho Chi Minh.
La Segunda Guerra Mundial precipitó los acontecimientos. Durante la ocupación japonesa, y en medio de una terrible hambruna que asoló el norte de Vietnam en 1945 y causó cientos de miles —quizás más de un millón— de muertos, el movimiento Viet Minh liderado por Ho Chi Minh ganó fuerza. Al terminar la guerra, con Japón derrotado y Francia aún debilitada, se abrió la oportunidad histórica que cambiaría el destino del país.
El 2 de septiembre de 1945, en la plaza Ba Dinh de Hanói, Ho Chi Minh leyó ante una multitud la Declaración de Independencia de la República Democrática de Vietnam, citando incluso la Declaración de Independencia estadounidense. Era el nacimiento de un Estado vietnamita moderno e independiente. Pero Francia no aceptó la pérdida de su colonia, y en 1946 estalló la Primera Guerra de Indochina, un conflicto que se prolongó hasta 1954. Ese año, la derrota francesa en la batalla de Dien Bien Phu, en el noroeste montañoso, selló el fin de la presencia colonial. Los Acuerdos de Ginebra dividieron temporalmente el país en dos por el paralelo 17: el Norte comunista, con capital en Hanói, y el Sur, con capital en Saigón.
Hanói se convirtió así en la capital de Vietnam del Norte y en el centro de mando durante la larga y devastadora Guerra de Vietnam (o Segunda Guerra de Indochina), que enfrentó al Norte —apoyado por la Unión Soviética y China— con el Sur y su aliado, Estados Unidos. Entre 1965 y 1972, la aviación estadounidense bombardeó repetidamente Hanói y sus alrededores. El episodio más intenso fue la operación 'Linebacker II' de diciembre de 1972, los llamados 'bombardeos de Navidad', en los que oleadas de bombarderos B-52 atacaron la ciudad durante casi dos semanas, causando destrucción y numerosas víctimas civiles, entre ellas las del barrio de Kham Thien. La población se refugiaba en pequeños búnkeres individuales excavados en las veredas.
Durante esos años, la prisión de Hoa Lo se usó para retener a los pilotos estadounidenses derribados, que la apodaron con ironía el 'Hanoi Hilton'. La guerra terminó en 1975 con la caída de Saigón y la victoria del Norte. En 1976, Vietnam se reunificó formalmente como República Socialista de Vietnam, y Hanói fue confirmada como capital de todo el país, un papel que había perdido en 1802 y que recuperaba tras 174 años.
Tras las décadas duras de la posguerra y de la economía centralizada, Vietnam adoptó en 1986 la política de reformas conocida como 'Doi Moi' ('renovación'), que abrió la economía al mercado y transformó al país. Hanói, como capital, fue uno de los grandes escenarios de ese cambio: en pocas décadas pasó de una ciudad gris y austera a una metrópoli en plena ebullición, con rascacielos, centros comerciales, una clase media creciente, un tráfico multitudinario de motos y, más recientemente, sus primeras líneas de metro.
En 2010, Hanói celebró por todo lo alto el milenario de su fundación como Thang Long, y ese mismo año la Unesco inscribió el sector central de la Ciudadela Imperial de Thang Long en la lista del Patrimonio Mundial, reconociendo su valor excepcional como sede continua del poder vietnamita durante trece siglos. Es uno de varios reconocimientos de la Unesco a la ciudad, junto con las estelas de doctores del Templo de la Literatura, inscritas en el Registro de la Memoria del Mundo.
Hoy Hanói es una de las capitales más fascinantes del Sudeste Asiático precisamente por esa convivencia de capas: el dragón imperial de Thang Long, la elegancia melancólica del barrio colonial francés, la memoria de las guerras del siglo XX y la energía trepidante de una ciudad que crece a toda velocidad. En el Barrio Antiguo, un templo milenario puede compartir manzana con un café de especialidad; en el lago Hoan Kiem, los ancianos hacen taichí al amanecer mientras los jóvenes se sacan selfies. Esa mezcla es, quizás, la mejor definición de Hanói: una ciudad de mil años que sigue, como su nombre fundacional, ascendiendo.