Penang es, para muchos viajeros, el lugar favorito de Malasia, y no es difícil entender por qué. Su capital, George Town, es una ciudad-museo viva: un casco histórico de casas coloniales descascaradas, templos chinos con incienso, mezquitas, iglesias y clan houses, todo declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Pero lejos de ser una postal congelada, George Town rebosa vida: los muros están cubiertos de arte callejero, los cafés hipster conviven con talleres centenarios, y en cada esquina hay un puesto de comida que podría figurar entre los mejores del país. Es historia, mestizaje y sabor, todo junto.
Porque si algo define a Penang es la comida. Fruto de siglos de mezcla entre malayos, chinos e indios (y de la cocina peranakan o 'nyonya', hija de esa fusión), la street food de George Town es legendaria: char kway teow, laksa asam, nasi kandar, cendol, rojak, satay… un festín interminable y baratísimo que se disfruta en puestos callejeros, food courts y mercados nocturnos. Comer aquí, mesa tras mesa, es una de las grandes experiencias gastronómicas del sudeste asiático.
Esta guía ordena la visita con criterio práctico y cálido: qué ver en el casco histórico y en el resto de la isla, dónde están los mejores murales, cómo subir a Penang Hill, cuánto cuestan las entradas y, sobre todo, dónde y qué comer. Penang combina como pocos destinos la cultura, la historia y el placer de la mesa, y se recorre con una facilidad y una amabilidad que la hacen ideal tanto para el mochilero como para el viajero más tranquilo. Bienvenidos a la joya del estrecho de Malaca.
Penang entró en la historia moderna en 1786, cuando el capitán Francis Light, de la Compañía Británica de las Indias Orientales, tomó posesión de la isla —hasta entonces casi despoblada y en manos del sultán de Kedah— y fundó George Town, bautizada así en honor al rey Jorge III. Fue el primer asentamiento británico en el sudeste asiático y se convirtió en un puerto franco que atrajo a comerciantes de todo el mundo: chinos, indios, árabes, armenios, siameses, birmanos y europeos, que le dieron su carácter profundamente multicultural. Junto con Malaca y Singapur, formó los Establecimientos de los Estrechos (Straits Settlements) británicos. De aquella época de esplendor comercial quedan las mansiones de los magnates chinos, los templos, las clan houses, las mezquitas y las iglesias que hoy conforman el casco Patrimonio de la Humanidad. Tras la ocupación japonesa en la Segunda Guerra Mundial y la independencia de Malasia en 1957, Penang vivió décadas de reinvención, primero como polo industrial ('el Silicon Valley del Este') y, desde su declaración por la Unesco en 2008, como uno de los grandes destinos culturales y gastronómicos de Asia. La historia completa de la 'perla de Oriente' está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓La fachada histórica y económica de Malasia: la costa del estrecho por donde entraron todos los imperios, con Kuala Lumpur, Penang, Malaca y las tierras altas del estaño.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Antes de convertirse en el primer puesto británico del sudeste asiático, la isla de Penang era un territorio casi despoblado, cubierto de selva, en manos del sultanato malayo de Kedah. Los malayos la llamaban Pulau Pinang, 'la isla de la palmera de areca' (la nuez de betel), por las palmeras que crecían en ella, y ese sigue siendo su nombre oficial en malayo. Solo la habitaban algunos pescadores y un puñado de pobladores dispersos.
Durante siglos, el estrecho de Malaca —la vía marítima entre el océano Índico y el mar de la China Meridional— fue una de las rutas comerciales más importantes del mundo, por donde pasaban las especias, la seda y las mercancías entre Oriente y Occidente. Las potencias europeas se disputaban su control: primero los portugueses (que tomaron Malaca en 1511), luego los holandeses. En el siglo XVIII llegó el turno de los británicos, que buscaban una base naval y comercial en la región para su Compañía de las Indias Orientales, especialmente un puerto seguro para el comercio con China y para resguardar sus barcos durante el monzón.
El sultán de Kedah, presionado por sus enemigos (Siam y Birmania), buscaba a su vez un aliado militar poderoso. En ese cruce de intereses apareció Francis Light, un aventurero y comerciante británico que llevaba años operando en la región y hablaba malayo. Light negoció con el sultán la cesión de la isla a cambio de protección militar británica: un pacto que cambiaría para siempre el destino de Penang y sembraría, también, futuras disputas.
El 11 de agosto de 1786, Francis Light desembarcó en el extremo noreste de la isla de Penang y tomó posesión formal de ella en nombre de la Compañía Británica de las Indias Orientales y del rey Jorge III. Fundó un asentamiento al que llamó George Town, en honor al monarca, y a la isla la rebautizó 'Prince of Wales Island'. Fue el primer establecimiento británico en el sudeste asiático, adelantándose en décadas a Singapur.
Cuenta la tradición que, para animar a sus hombres a desbrozar la densa selva, Light cargó un cañón con monedas de plata y las disparó entre la maleza, para que los trabajadores las buscaran mientras despejaban el terreno. Sea cierto o no, la anécdota resume el espíritu emprendedor y algo pícaro de aquella fundación. Light hizo de George Town un puerto franco: un puerto libre de impuestos donde cualquiera podía comerciar. La medida fue un imán.
De todos los rincones del Índico y del mar de China empezaron a llegar comerciantes e inmigrantes: chinos del sur de China, indios (musulmanes tamiles, chettiars, sijs), árabes, armenios, persas, siameses, birmanos, bugis y europeos. Cada comunidad se instaló en su barrio, levantó sus templos, mezquitas e iglesias, y aportó su cocina, su lengua y sus costumbres. En pocas décadas, George Town se transformó en una de las ciudades más cosmopolitas de Asia, un crisol de culturas cuyo legado sigue siendo, hoy, su rasgo más característico. Sin embargo, los británicos nunca cumplieron del todo su promesa de protección militar al sultán de Kedah, lo que generó tensiones y hasta un intento fallido del sultán de recuperar la isla.
En 1826, Penang se unió a Malaca y a la recién fundada Singapur para formar los Establecimientos de los Estrechos (Straits Settlements), un territorio bajo administración británica que controlaba el comercio del estrecho de Malaca. Aunque Singapur pronto le robaría protagonismo como gran puerto de la región, Penang siguió prosperando durante todo el siglo XIX y comienzos del XX como centro comercial, sobre todo del estaño de la península y de productos como la pimienta, la nuez moscada y, más tarde, el caucho.
De esa prosperidad nacieron los magnates chinos de Penang, comerciantes que amasaron fortunas colosales y las plasmaron en mansiones espectaculares, templos y clan houses (sedes de asociaciones familiares y de origen que agrupaban a los inmigrantes de un mismo apellido o región de China). La más famosa es la Khoo Kongsi, un templo-clan de una riqueza ornamental deslumbrante. También surgió la comunidad peranakan o 'baba-nyonya', descendiente de los matrimonios entre inmigrantes chinos y mujeres malayas, con una cultura propia y única —una lengua, una vestimenta, una arquitectura y, sobre todo, una cocina (la nyonya)— que es una de las señas de identidad de Penang.
La ciudad se llenó de las shophouses de colores, con soportales y patios, que hoy forman su casco histórico. Junto a los clanes chinos convivían la comunidad india (con Little India y sus templos hindúes y mezquitas), la malaya, la eurasiática y hasta pequeñas comunidades armenia y judía. Esa convivencia de religiones y culturas, materializada en un urbanismo excepcionalmente bien conservado, sería justamente lo que, mucho después, llevaría a la Unesco a distinguir a George Town.
El siglo XX trajo pruebas duras a Penang. Durante la Segunda Guerra Mundial, tras la invasión japonesa de Malaca, George Town fue bombardeada por la aviación japonesa en diciembre de 1941, y los británicos evacuaron la isla precipitadamente, abandonando a la población a su suerte, lo que dañó gravemente el prestigio del Imperio. La isla quedó bajo ocupación japonesa entre 1941 y 1945, unos años de escasez, miedo y represión, especialmente violenta contra la comunidad china, blanco de las autoridades japonesas. Penang fue también base de submarinos del Eje en el Índico.
Tras la rendición japonesa, los británicos regresaron, pero el viejo orden colonial estaba herido de muerte. En los años siguientes creció el movimiento nacionalista que reclamaba la independencia, en paralelo a la 'Emergencia Malaya', el conflicto contra la guerrilla comunista. Finalmente, el 31 de agosto de 1957, la Federación Malaya —de la que Penang formaba parte— se independizó del Reino Unido. En 1963, la Federación se amplió con Singapur, Sabah y Sarawak para formar Malasia (Singapur se separaría en 1965).
Con la independencia, Penang perdió su viejo estatus de puerto franco (abolido en 1969), lo que provocó una crisis económica y una fuerte emigración. Pero la isla supo reinventarse: a partir de los años setenta apostó por la industria electrónica y tecnológica, atrayendo fábricas de multinacionales y ganándose el apodo de 'el Silicon Valley del Este'. La economía se recuperó, aunque a costa de que el casco histórico de George Town, congelado por una vieja ley de control de alquileres, quedara algo detenido en el tiempo… lo que, paradójicamente, ayudó a que se conservara tan bien.
El gran punto de inflexión de la Penang contemporánea llegó el 7 de julio de 2008, cuando George Town, junto con Malaca, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, en reconocimiento a su casco histórico multicultural, único testimonio vivo de las ciudades comerciales del estrecho de Malaca con su mezcla de influencias asiáticas y europeas. La distinción cambió la suerte de la ciudad.
El reconocimiento de la Unesco desató un renacimiento. Las viejas shophouses descascaradas empezaron a restaurarse y a convertirse en hoteles boutique, cafés, galerías y restaurantes; el turismo cultural y gastronómico creció con fuerza; y la ciudad se llenó de vida creativa. Un hito clave fue 2012, cuando el artista lituano Ernest Zacharevic pintó, para el George Town Festival, una serie de murales que integraban objetos reales (bicis, motos) con la pintura y que se volvieron virales en todo el mundo, iniciando la moda del arte callejero que hoy es uno de los grandes reclamos de la ciudad.
Hoy George Town es uno de los destinos más queridos del sudeste asiático: una ciudad histórica viva donde conviven los talleres y templos centenarios con los cafés hipster, donde en cada esquina hay un mural que fotografiar y un puesto de comida que probar. La cocina de Penang —fruto de aquel mestizaje de siglos— está considerada entre las mejores del mundo, y sus festivales, sus clan jetties, sus mansiones y su ambiente bohemio atraen a viajeros de todo el planeta. La vieja 'perla de Oriente' que fundó Francis Light en 1786 encontró, más de dos siglos después, una segunda juventud gracias precisamente a su pasado.