El sureste de la península fue el corazón del reino de Silla, y su capital, Gyeongju, fue durante casi mil años —desde su fundación tradicional en el 57 a. C. hasta el fin de la Silla Unificada en 935— una de las grandes ciudades del mundo antiguo. Hoy se la llama 'el museo sin muros', porque en cada colina hay un túmulo real, en cada campo una pagoda o una piedra tallada. Los grandes montículos que guardaban las tumbas de los reyes de Silla, con sus tesoros de coronas de oro, siguen dominando el centro de la ciudad.
De la época dorada del budismo de Silla son sus dos joyas, ambas Patrimonio de la Humanidad y ubicadas a las afueras de la ciudad: el templo de Bulguksa, construido en el siglo VIII sobre terrazas de piedra, y la gruta de Seokguram, una cámara artificial en la montaña que alberga una imponente estatua de Buda de granito, orientada al mar por donde sale el sol. También se conserva Cheomseongdae, un observatorio astronómico del siglo VII, considerado uno de los más antiguos que sobreviven en el mundo. Gyeongju es, para los coreanos, el equivalente a lo que Atenas o Roma representan en Occidente.
Busan, la segunda ciudad de Corea del Sur, es su gran puerta al mar y su principal puerto. Bajo el dominio japonés se desarrolló como el gran puerto comercial con Japón, y esa condición marítima marca toda su historia. Pero su momento decisivo llegó en 1950. Cuando el ejército norcoreano ocupó casi toda la península en las primeras semanas de la Guerra de Corea, Busan quedó como uno de los últimos reductos: alrededor de la ciudad se sostuvo el 'perímetro de Pusan', la línea defensiva que impidió la caída total del sur.
El gobierno declaró a Busan capital provisional el 18 de agosto de 1950, y lo fue durante 1.023 días, casi toda la guerra. La ciudad se llenó de desplazados que huían del norte y del frente: se calcula que a comienzos de 1951 había medio millón de refugiados hacinados en laderas y quebradas. De aquella marea humana nacieron barrios enteros trepados por los cerros, como el hoy fotogénico pueblo de Gamcheon, levantado por refugiados. En 1963, Busan se separó de la provincia de Gyeongsang del Sur para convertirse en la primera ciudad de administración directa del país. Su puerto sigue siendo uno de los más activos del mundo.
Si Gyeongju es la capital espiritual budista, Andong es la del confucianismo. Se la conoce como 'la cuna de la cultura espiritual coreana' porque en el norte de Gyeongsang, durante la dinastía Joseon, floreció el neoconfucianismo con eruditos de la talla de Yi Hwang (Toegye), uno de los pensadores más influyentes de la historia coreana, cuyo retrato figura en el billete de mil wones. Su academia, el Dosan Seowon, es uno de los seowon —las escuelas confucianas privadas— inscritos por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.
El símbolo de Andong es la aldea folclórica de Hahoe, un pueblo de clan de casas tradicionales encajado en un meandro del río, también Patrimonio de la Humanidad, donde durante siglos vivió la familia noble Ryu y donde todavía se conservan la arquitectura, los ritos y las célebres danzas de máscaras (talchum), que se burlaban con humor de los monjes y los aristócratas. La región mantiene una identidad profundamente tradicional, con sus ritos ancestrales y su gastronomía propia, como el pescado salado y curado típico de la zona.
La región de Gyeongsang, llamada tradicionalmente Yeongnam, fue el gran motor del despegue económico de Corea del Sur. Aquí se levantaron algunas de las mayores plantas industriales del país: la siderúrgica de Pohang (POSCO), fundada en 1968 y hoy una de las mayores acereras del mundo; los astilleros y las fábricas automotrices de Ulsan, corazón del grupo Hyundai; y complejos petroquímicos y de maquinaria que hicieron de esta franja del sureste el eje de la industria pesada coreana.
No es casualidad: buena parte de los líderes del período desarrollista provenían de aquí, empezando por el presidente Park Chung-hee, nacido cerca de Daegu, y varios de sus sucesores. Yeongnam se consolidó como bastión de la política conservadora, en contraste con el suroeste de Jeolla, más ligado a la oposición y al progresismo; esa vieja rivalidad regional todavía se nota en los mapas electorales. Daegu, la cuarta ciudad del país, famosa por su mercado tradicional de hierbas medicinales, y el resto de la región conservan además un dialecto propio, el de Gyeongsang, inconfundible por su entonación fuerte y sus acentos marcados.
En la costa sur, mirando al laberinto de islas del estrecho de Corea, Tongyeong tiene una historia íntimamente ligada al mar y a la guerra Imjin. La ciudad debe su nombre y su origen al cuartel general de la marina de las tres provincias del sur (el 'Tongjeyeong'), establecido aquí a comienzos del siglo XVII, después de que estas aguas fueran escenario de las grandes victorias navales de Corea contra los japoneses. Cerca de aquí, en el estrecho de Hallyeo, el almirante Yi Sun-sin libró varias de las batallas que salvaron al país.
Hoy Tongyeong es la base para navegar por el parque marino de Hallyeohaesang, un archipiélago de islas, calas y aguas tranquilas que es uno de los paisajes costeros más celebrados de Corea. La ciudad conserva su vocación pesquera y marinera, con mercados de mariscos frescos, y una fuerte tradición artesanal y musical: fue cuna del compositor Isang Yun, una de las grandes figuras de la música contemporánea coreana. El mar, que en el siglo XVI fue campo de batalla, es hoy su mayor atractivo.