Antes de ser la ciudad balneario más famosa de Vietnam, Nha Trang fue tierra sagrada del reino de Champa. Esta franja de la costa formaba el principado de Kauthara, uno de los territorios que integraban el mundo cham, la civilización hinduista y marinera que dominó el centro y el sur del actual Vietnam durante más de mil años. Y aquí, sobre una colina junto a la desembocadura del río Cai, los cham levantaron uno de sus santuarios más importantes: el templo de Po Nagar.
El complejo de Po Nagar se construyó y amplió entre los siglos VII y XII, y estaba dedicado a Yan Po Nagar, la diosa madre protectora del país cham, una deidad local asimilada a la diosa hindú Bhagavati, esposa de Shiva. Las torres de ladrillo rojo, decoradas con relieves y erigidas con la enigmática técnica cham que apenas deja ver la argamasa, se alzaban como morada de la diosa y centro espiritual de Kauthara. Todavía hoy, más de mil años después, siguen siendo un lugar de culto vivo al que acuden tanto vietnamitas como los cham que aún habitan el sur del país.
Kauthara vivió los avatares del reino cham: su esplendor comercial, sus guerras con los vecinos jemeres y vietnamitas, sus templos y sus reyes. El nombre mismo de Nha Trang guarda memoria de ese pasado: deriva del cham 'Ya Trang', que significa algo así como 'el río de las cañas'. La ciudad moderna se levantó, siglos después, sobre esta herencia cham cuyo símbolo sigue dominando el paisaje desde su colina.
El destino de Kauthara, como el de todo el reino cham, quedó marcado por el avance imparable de los vietnamitas desde el norte. Durante siglos, el reino de Dai Viet fue expandiéndose hacia el sur en un proceso conocido como el 'Nam Tien', la 'marcha hacia el sur', a costa del territorio cham. Guerra tras guerra, la frontera se corría, y los cham perdían tierras, ciudades y templos.
El golpe decisivo llegó en 1471, cuando el emperador vietnamita Le Thanh Tong infligió a Champa una derrota devastadora, tomando su capital Vijaya y reduciendo el reino a una sombra de lo que había sido. A partir de entonces, los territorios cham del sur, entre ellos Kauthara, fueron pasando lentamente a control vietnamita. El proceso no fue inmediato ni sencillo, pero a lo largo de los siglos XVI y XVII la región quedó definitivamente incorporada al mundo vietnamita, gobernada por los señores Nguyen que dominaban el sur del país.
Fue en ese contexto cuando el nombre vietnamizado 'Nha Trang' —adaptado del cham 'Ya Trang'— empezó a aparecer en los documentos históricos, hacia finales del siglo XVII. Durante mucho tiempo, sin embargo, el lugar no fue más que una modesta aldea de pescadores a la orilla de una bahía hermosa pero remota. La gran ciudad que hoy conocemos todavía tardaría siglos en nacer, y lo haría de la mano de una potencia venida de muy lejos: Francia.
La transformación de Nha Trang de aldea de pescadores en ciudad empezó con la colonización francesa. Cuando Vietnam quedó integrado en la Indochina francesa, a partir de 1885, los franceses descubrieron el potencial de esta bahía de aguas cálidas y arena dorada, y empezaron a desarrollarla como estación balnearia, un lugar de descanso y baños de mar al estilo de las costas europeas. Nacía así la vocación turística que definiría a la ciudad hasta hoy.
Pero la figura que más marcó a Nha Trang en esta época no fue un gobernador ni un militar, sino un científico: Alexandre Yersin. Nacido en Suiza y formado en Francia como discípulo de Louis Pasteur, Yersin llegó a Indochina como médico y explorador, y quedó cautivado por Nha Trang, donde se instaló y vivió más de cincuenta años. En 1894 había logrado en Hong Kong uno de los grandes hitos de la medicina: el descubrimiento del bacilo causante de la peste, la temida enfermedad que asolaba Asia, un microbio que en su honor se llama hoy Yersinia pestis.
En 1895, Yersin fundó en Nha Trang una sucursal del Instituto Pasteur para estudiar las enfermedades tropicales y producir sueros y vacunas. Cuando la peste llegó a la propia Indochina en 1898 y golpeó la costa, él estaba al frente de la lucha desde su laboratorio. Pero Yersin fue mucho más que un bacteriólogo: introdujo el cultivo del árbol del caucho y del quino (del que se extrae la quinina contra la malaria) en la región, exploró las tierras altas —donde su descubrimiento del altiplano llevaría a la fundación de Da Lat—, y ayudó a la población local con una generosidad que lo hizo profundamente querido. Cuando murió en 1943, los vietnamitas lo lloraron como a uno de los suyos.
El siglo XX trajo a Nha Trang, como a todo Vietnam, décadas convulsas. Tras la ocupación japonesa durante la Segunda Guerra Mundial y la guerra de independencia contra Francia, que terminó en 1954 con la división del país, Nha Trang quedó en la República de Vietnam del Sur. Durante la guerra de Vietnam, su bahía y su costa tuvieron valor estratégico, y la cercana Cam Ranh —una de las mejores bahías naturales del mundo— se convirtió en una enorme base naval y aérea estadounidense.
Pese al conflicto, Nha Trang siguió siendo apreciada por su clima y sus playas, y ya se perfilaba como lugar de descanso. Tras la reunificación del país en 1975 y las difíciles décadas de posguerra, la ciudad atravesó tiempos de escasez como el resto de Vietnam. El gran cambio llegó con las reformas económicas de finales de los años ochenta (el 'Doi Moi'), que abrieron el país al turismo y a la inversión.
Desde los años noventa, y sobre todo en el siglo XXI, Nha Trang vivió una explosión turística: se levantaron hoteles y resorts a lo largo de la avenida costera, se desarrollaron las islas de la bahía, se construyó un gran parque de diversiones en la isla de Hon Tre conectado por un teleférico sobre el mar, y el aeropuerto de Cam Ranh se transformó en una terminal internacional que trae vuelos directos de media Asia y de Rusia. La aldea de pescadores que los cham llamaron Ya Trang es hoy la capital indiscutida del turismo de playa de Vietnam.
La Nha Trang de hoy es una ciudad de contrastes que resume, en pocos kilómetros, buena parte de la historia de Vietnam. Sobre su colina siguen en pie las torres cham de Po Nagar, testigos de mil años de culto a la diosa madre. En el centro, la catedral neogótica de piedra y el Instituto Pasteur recuerdan la huella francesa y la memoria del sabio Yersin. Y frente a todo ello se extiende la gran playa urbana, con sus rascacielos, sus resorts y su bahía salpicada de islas.
Esa bahía, precisamente, ha sido incluida entre las más bellas del mundo, y es el corazón del atractivo de la ciudad: un mar cálido y transparente, arrecifes de coral para bucear, islas verdes para explorar y una costa generosa en sol casi todo el año. A ello se suman los baños de barro termal, la vida nocturna, la gastronomía de marisco y una oferta turística que ha convertido a Nha Trang en uno de los destinos de playa más populares del sudeste asiático, muy frecuentado por viajeros de toda Asia.
Como todo destino de éxito, la ciudad enfrenta los desafíos del crecimiento acelerado: la presión sobre el medio ambiente marino, la masificación en temporada alta y la necesidad de proteger sus arrecifes y su patrimonio. Pero Nha Trang sigue ofreciendo esa combinación difícil de igualar: la de un balneario moderno y vibrante que guarda, en sus torres de ladrillo rojo y en el recuerdo de un médico generoso, capas de una historia mucho más profunda de lo que sugiere su fama de sol y playa.