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Historia de Necrópolis Vaticana (Scavi)

Un cementerio a las afueras de Roma (siglos I-IV)

En el siglo I, la colina vaticana no era el corazón del catolicismo, sino un rincón de las afueras de Roma, en la orilla derecha del Tíber, fuera del perímetro sagrado de la ciudad. La ley romana prohibía enterrar a los muertos dentro de los límites urbanos, de modo que los cementerios se alineaban a lo largo de los caminos que salían de Roma. En la ladera vaticana, junto al circo que habían construido Calígula y Nerón para las carreras de carros, se formó una necrópolis: una 'ciudad de los muertos' con calles de mausoleos familiares que fueron creciendo entre los siglos I y IV.

Estos mausoleos eran pequeñas construcciones de ladrillo, como casas, donde las familias depositaban las urnas con las cenizas de sus difuntos y, más tarde, cuando se impuso la inhumación, los sarcófagos. Se decoraban con estucos, pinturas, mosaicos e inscripciones con los nombres de los propietarios. La mayoría eran de familias paganas, con la iconografía de la religión romana, pero con el tiempo empezaron a aparecer también enterramientos cristianos, testimonio del lento avance de la nueva fe.

En ese mismo entorno, según la tradición cristiana, se produjo un hecho que cambiaría el destino de la colina: hacia el año 64-67, durante las persecuciones de Nerón que siguieron al gran incendio de Roma, el apóstol Pedro habría sido martirizado —crucificado, según el relato, cabeza abajo— en el circo vecino, y enterrado en una tumba humilde de esta necrópolis. Aquella sepultura modesta se convertiría, siglos después, en el centro de la mayor iglesia del mundo.

Wikipedia (ES) — «Necrópolis del Vaticano»: https://es.wikipWikipedia (ES) — «Tumba de San Pedro»: https://es.wikipedia.Ufficio Scavi (oficial): https://www.scavi.va/

La tumba de Pedro y el 'Trofeo de Gayo' (siglos I-II)

La tumba del apóstol Pedro no pasó desapercibida para los primeros cristianos de Roma. Aunque en tiempos de persecución la veneración era discreta, la memoria del lugar exacto se transmitió con cuidado de generación en generación. Hacia el año 160, sobre la sepultura se levantó un pequeño monumento conmemorativo, una especie de edículo con columnas apoyado en un muro (el llamado 'Muro rojo'). Ese monumento es conocido como el 'Trofeo de Gayo', porque un autor cristiano llamado Gayo, hacia el año 200, lo mencionó como la señal visible que marcaba dónde estaba enterrado Pedro, en el Vaticano.

Este dato es crucial: significa que ya a finales del siglo II existía un lugar concreto y reconocible que la comunidad cristiana de Roma identificaba con la tumba del apóstol, y que ese lugar es el mismo sobre el que se construiría todo lo demás. Alrededor del monumento, un muro cercano —el 'Muro de los grafitos'— se fue cubriendo de inscripciones dejadas por peregrinos, un testimonio conmovedor de la devoción popular a San Pedro siglos antes de que existiera cualquier gran basílica.

La continuidad de la veneración en ese punto exacto es lo que explica una de las decisiones más asombrosas de la historia de la arquitectura: cuando llegó el momento de construir una gran iglesia, se eligió deliberadamente este emplazamiento incómodo, en la ladera de una colina que hubo que rebajar y nivelar, solo para que el altar cayera justo sobre la tumba del apóstol. Ningún arquitecto habría elegido ese terreno por comodidad; se eligió por fe.

Wikipedia (ES) — «Tumba de San Pedro»: https://es.wikipedia.Wikipedia (EN) — «St. Peter's tomb»: https://en.wikipedWikipedia (ES) — «Necrópolis del Vaticano»: https://es.wikip

Constantino sepulta la necrópolis (siglo IV)

El giro decisivo llegó con Constantino, el primer emperador que protegió el cristianismo. Hacia el año 319-333, Constantino decidió levantar sobre la tumba de Pedro una gran basílica, la primera San Pedro. Para construir un edificio de semejante tamaño en la ladera de la colina, sus ingenieros tuvieron que emprender una obra colosal de nivelación: rebanaron parte de la colina por un lado y, por el otro, rellenaron y enterraron buena parte de la necrópolis, cubriendo con tierra y escombros las calles de mausoleos para crear una plataforma horizontal.

En esa operación, los constructores tuvieron un cuidado extraordinario en un punto: respetaron y conservaron el monumento sobre la tumba de Pedro, dejándolo justo bajo el altar de la nueva basílica. Es decir, sacrificaron y sepultaron todo el cementerio circundante, pero protegieron el corazón: la tumba del apóstol. Ese gesto, además de su valor simbólico, tuvo una consecuencia afortunada para la historia: al quedar enterrados, los mausoleos de la necrópolis se conservaron notablemente bien, a salvo del paso del tiempo, los saqueos y las reformas, como una cápsula del tiempo bajo la basílica.

Durante los siglos siguientes, la necrópolis permaneció olvidada bajo el suelo de la basílica de Constantino y, más tarde, bajo la nueva basílica renacentista y barroca que la sustituyó a partir del siglo XVI. Nadie recorría ya aquellas calles de tumbas; solo se sabía, por la tradición, que en algún lugar de las profundidades estaba el sepulcro del apóstol. Habría que esperar hasta el siglo XX para que la necrópolis volviera a ver la luz.

Wikipedia (ES) — «Necrópolis del Vaticano»: https://es.wikipWikipedia (ES) — «Antigua basílica de San Pedro»: https://esWikipedia (EN) — «St. Peter's tomb»: https://en.wikiped

Las excavaciones de Pío XII (1939-1950)

El redescubrimiento de la necrópolis empezó casi por casualidad. En 1939, al morir el papa Pío XI, se decidió enterrarlo en las Grutas Vaticanas, y durante las obras para preparar su tumba, bajo el suelo de la basílica, los operarios se toparon con antiguas estructuras romanas. El nuevo papa, Pío XII, autorizó entonces una excavación arqueológica sistemática bajo la basílica, un trabajo delicadísimo que se prolongó, en secreto y con enormes precauciones para no dañar los cimientos del templo, entre 1940 y 1949.

Las excavaciones sacaron a la luz la calle de mausoleos de la necrópolis romana, extraordinariamente conservada, y permitieron llegar hasta la zona de la tumba de Pedro, con el 'Trofeo de Gayo', el Muro rojo y el Muro de los grafitos. En 1950, en pleno Año Santo, Pío XII anunció que se había encontrado la tumba del apóstol, aunque con prudencia respecto a la identificación de los restos. La investigación continuó en las décadas siguientes, en especial de la mano de la arqueóloga y epigrafista Margherita Guarducci, que estudió los grafitos del muro e interpretó en uno de ellos la inscripción griega 'Pedro está aquí'.

Guarducci también relacionó con la tumba unos restos óseos —de un hombre de edad avanzada y complexión robusta, envueltos en un paño de púrpura y oro— hallados en un hueco del Muro de los grafitos. Sobre esa base, el papa Pablo VI anunció en 1968 que se habían identificado, con razonable probabilidad, los restos de San Pedro. La Iglesia sostiene esta identificación como muy probable, mientras que la investigación arqueológica mantiene, como es natural en un asunto de hace veinte siglos, un margen de cautela.

Wikipedia (ES) — «Necrópolis del Vaticano»: https://es.wikipWikipedia (ES) — «Tumba de San Pedro»: https://es.wikipedia.Wikipedia (EN) — «St. Peter's tomb»: https://en.wikiped

Los Scavi hoy: una visita al origen del cristianismo

Desde su redescubrimiento, la Necrópolis Vaticana se abre a un número muy reducido de visitantes, en visitas guiadas gestionadas por la Fabbrica di San Pietro a través del Ufficio Scavi. La razón del cupo tan limitado —unos 250 visitantes por día, en grupos pequeños— es la conservación: se trata de un yacimiento frágil, húmedo y delicado, bajo el peso de la mayor iglesia del mundo, donde el exceso de gente, el calor y la humedad del aliento humano pondrían en peligro los frescos, estucos e inscripciones de casi dos mil años.

Recorrer los Scavi es una experiencia distinta a cualquier otra del Vaticano. Mientras arriba, en la basílica, se acumulan las multitudes bajo la cúpula de Miguel Ángel y el baldaquino de Bernini, abajo, en penumbra y silencio, se camina por una calle de tumbas romanas que estuvo enterrada quince siglos, hasta llegar al punto que la tradición identifica con el sepulcro de Pedro. Ver cómo el altar papal, decenas de metros más arriba, cae exactamente sobre esa tumba, permite entender de golpe toda la lógica del Vaticano: una basílica colosal construida, capa sobre capa, sobre la sepultura de un pescador de Galilea.

La Necrópolis condensa así, en una hora de visita, veinte siglos de historia: del cementerio pagano de la Roma imperial al martirio de Pedro, de la basílica de Constantino a la excavación del siglo XX, y de la arqueología a la fe de millones de peregrinos. Es una de las visitas más difíciles de conseguir de Roma y, para muchos, una de las más profundas: la oportunidad de tocar, casi literalmente, los cimientos sobre los que se levantó el cristianismo.

Ufficio Scavi – Necrópolis Vaticana (oficial): https://www.sWikipedia (ES) — «Necrópolis del Vaticano»: https://es.wikipUNESCO — «Vatican City» (1984): https://whc.unesco.org/en/li

📚 Bibliografía

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